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La Summa de Antonino (Joyas de la Biblioteca Antigua del Rosario, VIII)

Antonio Pierozzi, florentino de unos 15 años, ingresó en 1405 a la orden dominicana, en el monasterio de Fiesole, de estricta observancia, siendo su primer candidato. Lo acompañaron al noviciado Fra Angelico y Fra Bartolommeo, que habían de ser grandes artistas. Prior del convento de San Marcos de esa ciudad, fue elevado a la sede arzobispal el 13 de marzo de 1446. Por su decidida acción para atender la plaga de 1448 y el terremoto de 1453, se ganó la estimación de sus feligreses, quienes comenzaron a llamarlo por el diminutivo.

A Roma, de la mano de Francis Wey

Francisco Wey (1812-82) fue un polígrafo francés, natural de Besançon.
Sale de su pueblo a París, donde frecuenta el teatro y comienza a escribir, si bien sobre tiempos pasados, con total desconocimiento del presente. En la capital, se pone bajo la dirección intelectual de un paisano, Carlos Nodier, quien le recomienda entrar en la École des Chartes (1834-7). Dicho instituto estaba empeñado en levantar los archivos paleográficos de la nación, descuidados luego de la Revolución. Conoce a Hugo, con quien comparte la pasión medievalista.

De Cambridge a Marmato: un humanista minero

Cuando don José Eusebio Caro partió al exilio (1850), su familia quedó bajo la tutela de su suegro, don Miguel Tobar. El joven Miguel Antonio no tuvo una educación regular, en una época de constantes cambios de planes de estudio, entrada y salida de los jesuitas, etc. De su abuelo dependió la contratación de institutores particulares, entre quienes estuvo Samuel Start Bond. Caro, de dieciocho años, decide retomar sus lecciones de Inglés con Bond; pero será por breve espacio, pues el profesor se traslada a Antioquia en 1862.

De galenos florentinos (Joyas de la Biblioteca Antigua del Rosario, VII)

El 16 de septiembre de 1327 moría en la hoguera el primer académico ajusticiado por la Inquisición. Cecco d’Ascoli ya se había enfrentado al Santo Oficio, reo de librepensador, pero había arreglado la cosa con multas, rezos, y trasladándose a Florencia, donde tendría que habérselas con la familia de los Garbos, linaje de médicos locales –al menos tres generaciones. Ya vimos cómo terminó.

Por medio de la cual la nación se vincula a la celebración de los setenta (70) años de existencia de la Universidad de Caldas y se autoriza en su homenaje la financiación del centro cultural universitario en sus etapas ll y lll

Se exaltan las virtudes de los directivos, profesores, estudiantes y egresados de la Universidad de Caldas y se autorizan presupuesto para el centro cultural de la universidad.

Las cenizas y el sentido: ecos de Propercio

Quevedo y Borges.

Tratando de explicarse el hecho de que Quevedo no haya alcanzado la gloria, Borges avanza las siguientes hipótesis: su obra no tiene aristas sentimentales que explotar, su biografía no presenta anécdotas patéticas o que se presten a la hipérbole. Además, Quevedo no creó un personaje paradigmático que se haya ganado un lugar en la imaginación de los hombres (un Lazarillo, digamos). No solo no lo logró, sino que su imagen tiende a ser caricaturesca.

De Virgilio a Borges, en un hilo

“Si has oído el llamado del Oriente, no oirás otra cosa”. Kipling.
Ese llamado ha resonado en oídos occidentales los últimos veinticinco siglos, por lo menos. En efecto, ya Heródoto en la inauguración de la Historia nos trae noticias de Oriente. Pero esta vez no nos remontamos tan atrás, sino que nos quedamos con el gran poeta de Roma, específicamente en sus Geórgicas, todo a propósito de una mención de Borges al Mantuano en una poesía de tema oriental.
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