Cada generación de médicas rosaristas hereda algo más que conocimientos clínicos, pues recibe una tradición construida con rigor, liderazgo y sensibilidad social. Hoy exaltamos a quienes han ampliado fronteras, modernizado prácticas y puesto la dignidad humana en el centro del cuidado.
Una de ellas es Ana Isabel Gómez, médica rosarista, pediatra, magíster en Bioética y doctora en Ciencias Jurídicas. A lo largo de su carrera ha liderado procesos de humanización de la salud, transformado currículos, dirigido programas académicos y contribuido a la modernización de los sistemas de atención, impulsando incluso el primer modelo de historia clínica electrónica del país.
Hoy hace historia como la primera mujer rectora en más de 370 años de la Universidad del Rosario, consolidando una visión académica donde la ciencia y el humanismo dialogan permanentemente.
Pero el camino comenzó mucho antes
En 1970, cuando la presencia femenina en las aulas de Medicina aún era excepcional, Ivonne Tayeh Díaz-Granados y Silvia Casabianca Zuleta se convirtieron en las primeras médicas graduadas del Rosario. Ivonne fue de las primeras radiólogas de Bogotá y Silvia hoy lidera iniciativas de compasión y bienestar en universidades de Estados Unidos. Con su determinación, abrieron la puerta por la que hoy caminan cientos de mujeres.
A esa historia se suman egresadas cuya labor ha tenido impacto internacional:
María Dolores Morcillo, médica forense, egresada de Medicina en 1995, reconocida por su trabajo en identificación humana y justicia transicional. Ha acompañado investigaciones sobre desaparición y violencia y ha participado en misiones humanitarias con la Cruz Roja en distintos países.
María Fernanda Perdomo, egresada en 2003, médica e investigadora en virología clínica, con doctorado en el Karolinska Institutet y formación en Finlandia, Canadá y Estados Unidos (Harvard). Lidera estudios sobre virus, inmunidad y salud global, aportando desde la ciencia al conocimiento de las enfermedades infecciosas.
Carolina Sandoval García, egresada en 2004, neurocirujana pediátrica formada en Estados Unidos y profesora de la Universidad de Minnesota, especializada en cirugías cerebrales complejas en niños y adolescentes, integrando investigación, docencia y atención clínica para transformar vidas desde el quirófano.
Sus historias dialogan con el presente de la Universidad, donde nuevas generaciones asumen roles de liderazgo académico y representación estudiantil, reafirmando que la medicina también se construye desde la participación, la ética y el trabajo colectivo.
Hoy celebramos su legado y agradecemos su ejemplo. Gracias por romper paradigmas, por transformar la ciencia con propósito y por demostrar que el conocimiento, cuando se ejerce con humanidad, también es una forma de amor.
Porque en la Universidad del Rosario seguimos acompañando a cada mujer médica hasta donde sus sueños la quieran llevar.
8M: Género, conocimiento y transformación social
En el marco del 8 de marzo, la Universidad del Rosario invita a estudiantes de último año de colegios a participar en un encuentro académico y experiencial que busca sensibilizar sobre la importancia de incorporar la perspectiva de género en la comprensión de las profesiones y en la construcción de trayectorias académicas comprometidas con la equidad y la transformación social.
Durante la jornada, profesoras, profesores y estudiantes de distintas facultades presentarán investigaciones y prácticas desarrolladas en la universidad, como la medición de brechas de género, clínicas jurídicas, semilleros de investigación, estudios sobre justicia transicional, bioética y programas de trabajo comunitario con enfoque interseccional.
El evento combina exposiciones breves con actividades interactivas que promueven la participación activa, el cuestionamiento de creencias previas y la reflexión vocacional, permitiendo a los asistentes acercarse a las disciplinas desde una perspectiva crítica, ética y socialmente responsable.
Asimismo, los estudiantes de colegio podrán presentar investigaciones propias y explorar cómo sus intereses académicos se articulan con las líneas de trabajo que actualmente se desarrollan en la Universidad del Rosario.
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Por Carolina Bustamante
Jefe de prensa de la Universidad del Rosario
Con más de 50 cursos activos, un modelo propio de competencias digitales y una estrategia institucional de inteligencia artificial, la Universidad está redefiniendo la docencia universitaria y preparando a su comunidad académica para un escenario que ya cambió y seguirá cambiando.
Al frente de este proceso está Cielo Mancera, directora de la Dirección de Educación Digital, quien explica cómo la Universidad está formando a sus docentes, impactando el aprendizaje de los estudiantes y enfrentando, sin evasivas, los desafíos que trae la inteligencia artificial para la academia.
P: La educación universitaria está cambiando a una velocidad inédita. Hoy, hablar de docencia sin tecnología o de aprendizaje sin inteligencia artificial parece impensable. En ese contexto, ¿cómo se preparó la Universidad del Rosario para este nuevo escenario?
R: Desde la Universidad entendimos hace tiempo que la tecnología no es un accesorio. Es un componente estructural de la transformación pedagógica.
Por eso, la Dirección de Educación Digital tiene como objetivo central promover el uso pedagógico, innovador y responsable de las tecnologías, no solo para fortalecer la práctica docente, sino también para abrir nuevos modelos de formación, especialmente en modalidad virtual. Esto implica acompañar a profesores y estudiantes en un cambio profundo de cómo se enseña y cómo se aprende.
P: Para quienes no conocen esta oferta, ¿cómo funciona la formación en educación digital dentro de la Universidad? ¿Son cursos, módulos, rutas?
R: Todo parte de algo clave: nuestro Modelo de Competencias Digitales, desarrollado por la Universidad del Rosario junto con el Centro de Recursos para el Aprendizaje y la Investigación, CRAI.
Este modelo define cuáles son las competencias que consideramos esenciales, sus dimensiones y los niveles de madurez que esperamos que alcancen nuestros profesores. A partir de ahí no solo diagnosticamos en qué nivel está cada docente, sino que ofrecemos rutas claras de formación para que puedan avanzar. No es un modelo que se queda en el diagnóstico, sino que orienta todo el proceso formativo.
P: Es decir, el profesor sabe dónde está y hacia dónde puede avanzar.
R: Exactamente. El modelo identifica niveles básicos y avanzados y, con base en eso, diseñamos la malla de cursos.
Hay formación desde la Dirección de Educación Digital y desde el CRAI, en modalidades presenciales, virtuales y con acompañamiento directo de nuestros equipos. Los docentes pueden formarse en diseño de ambientes virtuales de aprendizaje, evaluación con tecnología, comunicación y colaboración digital, uso de bibliografía y repositorios, citación responsable, huella digital y uso ético de la información.
P: Algo que llama la atención es la duración de los cursos. Parecen pensados para que realmente se puedan tomar.
R: Esa es la idea. Tenemos cursos de 6, 12 y 24 horas, además de otros formatos más flexibles. Buscamos que los profesores puedan tomar varios cursos a lo largo del año, de acuerdo con sus necesidades reales.
Hoy contamos con más de 50 cursos activos en la malla de la Dirección de Educación Digital, disponibles de manera permanente. Además, estas formaciones hacen parte del desarrollo profesoral de la Universidad, lo que fortalece directamente la trayectoria académica de los docentes.
P: ¿Esto responde a lo que hoy exige el entorno? Los estudiantes, e incluso la sociedad, piden otra forma de enseñar.
R: Totalmente. Desde la Vicerrectoría Académica, junto con el Centro de Enseñanza y Aprendizaje, trabajamos en múltiples líneas de formación docente: pedagogía, investigación, aulas emocionalmente seguras y, por supuesto, competencias digitales.
Todo tiene un propósito claro: mejorar los resultados de aprendizaje de los estudiantes. Cuando fortalecemos a los profesores, el impacto es directo. Los estudiantes aprenden mejor, son más autónomos, más críticos y usan la tecnología de manera consciente dentro de su disciplina.
P: Hablemos de uno de los temas que más preguntas genera hoy: la inteligencia artificial. ¿Cómo entra la IA en esta apuesta de educación digital?
R: La inteligencia artificial es innegable. Por eso, a finales del año pasado lanzamos la estrategia institucional “IA en acción”, que ofrece orientaciones claras para profesores y estudiantes sobre el uso responsable, ético y pedagógico de la IA.
No se trata de prohibirla ni de temerle, sino de entender cómo puede potenciar los procesos de enseñanza y aprendizaje.
P: ¿Qué incluye esa estrategia?
R: Incluye orientaciones visibles para toda la comunidad, una malla de formación específica en inteligencia artificial y cursos diseñados para la práctica docente.
Lanzamos un primer curso de 10 horas para profesores y vienen cuatro más que se activarán progresivamente. Allí abordamos el uso de herramientas de IA, el diseño de agentes, la evaluación con IA, la personalización del aprendizaje y la creación de contenidos. Además, el sitio web de “IA en acción” busca convertirse en un espacio vivo para compartir buenas prácticas entre profesores.
P: Existe mucho temor alrededor del uso de la inteligencia artificial, incluso cierta criminalización. ¿Cómo enfrentan eso desde la Universidad?
R: Naturalizando su uso. Hoy existen herramientas que hacen casi imposible detectar si algo fue producido con IA, así que el debate no puede quedarse en el plagio.
La pregunta de fondo es otra: ¿cómo estamos evaluando?, ¿cómo estamos enseñando? Apostamos por un uso crítico y transparente. Que el estudiante cite la IA, que explique cómo la utilizó y que el profesor oriente su uso dentro del aula. La IA debe ser una herramienta, no un fin, y eso se logra con acompañamiento, no con sanción.
P: Colombia aún tiene vacíos en política pública sobre inteligencia artificial. ¿Eso representa un reto para la academia?
R: Sin duda, pero también una gran responsabilidad. Desde la academia podemos nutrir esa discusión.
Por eso nuestras orientaciones no se quedan en decir “úsela éticamente”, sino que explican cómo hacerlo: cómo citarla, cómo documentar su uso, cómo integrarla sin que suplante el pensamiento crítico. La Universidad tiene un rol clave en formar profesionales que sepan usar la IA de manera consciente, porque así es como se está moviendo el mundo laboral.
P: Todo este proceso también implica retos internos. ¿Cuáles identifican hacia 2026?
R: Hay retos tecnológicos importantes, como la inversión en infraestructura y licencias especializadas. Hemos avanzado en la apropiación de la IA, pero el siguiente paso es fortalecer el acceso institucional a herramientas más avanzadas.
Y hay otro reto igual de importante: el cultural. La cultura no se genera por decreto. Se construye en el día a día, acompañando a profesores y estudiantes, orientando su uso en el aula e integrándola de manera natural en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Por eso nuestra estrategia de educación digital y de inteligencia artificial no es un proyecto aislado, sino una apuesta viva y en permanente evolución.
P: Para cerrar, si un lector tuviera que quedarse con una sola idea de esta conversación, ¿cuál sería?
R: Que la educación digital y la inteligencia artificial en la Universidad del Rosario no son proyectos aislados ni coyunturales. Son una apuesta estratégica y en constante evolución.
No solo diagnosticamos competencias: ofrecemos rutas claras de formación. Apostamos por una educación digital crítica, ética y transformadora, donde la tecnología y la inteligencia artificial están al servicio del aprendizaje y no al revés. Formar a nuestros docentes y estudiantes en estas competencias es preparar a la Universidad para un mundo que ya cambió y para los escenarios que se están configurando.
Para mayor información consulte este enlace https://campusvirtualur.urosario.edu.co/direccion-de-educacion-digital
Tu aprendizaje estará guiado por un equipo docente de excelencia. Todos nuestros profesores cuentan con la formación idónea, experiencia internacional y participan activamente en proyectos de investigación que conectan al programa con universidades y centros de investigación de todo el mundo.
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