El acto contó con la presencia del Cardenal Luis José Rueda Aparicio, Arzobispo de Bogotá, Primado de Colombia y Rector Honorario del Claustro, la rectora, Ana Isabel Gómez; los consiliarios; directivos académicos y administrativos; familiares y padrinos de los colegiales; y miembros de la comunidad rosarista.
Juramento y consagración, un compromiso que trasciende el tiempo
Uno de los momentos más significativos fue la toma de juramento, en la que los nuevos colegiales prometieron respetar la Constitución Política de Colombia, guardar las Constituciones del Colegio Mayor y cumplir fielmente los deberes que conlleva su nueva condición.
Tras ello, recibieron el diploma en latín que acredita su designación y, acompañados por sus padrinos y madrinas, la imposición de la Cruz de Calatrava, símbolo histórico de la Colegiatura, de manos del señor cardenal Luis José Rueda Aparicio.
En su intervención, la rectora Ana Isabel Gómez destacó el profundo significado de este acto y la responsabilidad que asumen quienes han sido elegidos:
“Que esta ceremonia reciba el nombre de ‘consagración’ tiene un profundo mensaje; porque ustedes se presentan ante un claustro que espera su dedicación a una misión superior, que demanda de ustedes la dedicación de su tiempo y saber a una causa importantísima como lo es nuestra Universidad. Es una transformación del ser, de la identidad, y los exhorta a guardar el respeto y defensa de este Claustro para toda la vida”.
Asimismo, recordó que la Colegiatura es una figura que representa el espíritu de nuestro nova et vetera, al preservar las tradiciones del Rosario mientras se proyecta hacia el futuro:
“La figura de la Colegiatura está inmersa en otra idea fundacional e identitaria: el nova et vetera. Nuestro presente nos invita a pensar una universidad que conserve su identidad y principios fundacionales, pero que también se proyecte hacia las transformaciones requeridas dado el contexto actual”.
La rectora también subrayó el carácter ético y humanista de esta distinción, invitando a los colegiales a ejercer su rol con humildad, independencia y compromiso con el bien común, recordándoles que ser colegial es una condición que los acompañará a lo largo de toda la vida.
Una tradición viva al servicio de la Universidad y del país
Durante la ceremonia, el colegial Juan Salvador Vargas, ofreció unas palabras en representación de la Colegiatura, resaltando el honor y la responsabilidad de continuar una tradición que, desde 1653, reconoce a estudiantes llamados a servir a la Universidad y a la sociedad desde el conocimiento, la ética y el liderazgo.
Los nuevos colegiales consagrados son:
- Antonio Gutiérrez Arango
- Danna Camila Pazmiño Bautista
- Gabriela Gómez Restrepo
- Isabella Sierra Jiménez
- Juan Felipe Guzmán Bernal
- María Alejandra Bejarano Guevara
- Maria Paula Patiño Rattiva
- Mariana Manjarrés Galvis
- Mateo Rojas Socarrás
- Samuel Andrés Montoya Parada
- Sara Rodríguez Toro
- Sofía Vera Cárdenas
Ellos se suman a Cristina Echeverri Rozo, Juan Salvador Vargas Díaz y Natalia Carrillo Bustamante, quienes continúan en ejercicio, para conformar la Colegiatura de quince estudiantes, de acuerdo con lo establecido en las Constituciones del Colegio Mayor.
La Colegiatura, perspectiva estudiantil en la gobernanza rosarista
Desde su fundación, la Colegiatura ha sido una institución central en la vida del Rosario. Sus integrantes participan en la elección del rector y de los consiliarios, aportan la perspectiva estudiantil en espacios de deliberación académica y contribuyen a la construcción del proyecto institucional.
Como lo expresó la rectora durante la ceremonia, los nuevos colegiales son herederos de una tradición centenaria y, al mismo tiempo, protagonistas del futuro del Claustro:
“Hoy se presentan ante este Claustro como herederos de esa misión. Con su virtud, amor por el Rosario y por el bien de toda la comunidad, protegerán la perdurabilidad de nuestra institución a la par que los cambios requeridos en el modelo de nuestra gobernanza se den”.
Con esta consagración, la Universidad del Rosario reafirma su vocación histórica de formar ciudadanos comprometidos con el conocimiento, la ética y el servicio, y de reconocer en sus estudiantes a los protagonistas de su presente y de su porvenir.
