Las ecorregiones críticas suman más de 372.000 km², un área comparable con países como Japón o Noruega. La deforestación y los incendios podrían agravar la crisis de agua, agricultura y desastres climáticos en el país.
Un nuevo estudio publicado en Journal of Biogeography, una de las revistas científicas más reconocidas en el campo de la biogeografía, identificó las regiones de América tropical donde el cambio climático, la deforestación y los incendios convergen con mayor intensidad. Los resultados son contundentes: de los siete ecosistemas forestales más amenazados de toda la región neotropical, la mayoría se encuentran en Colombia.
¿Qué hizo el estudio?
Un equipo internacional de investigadores, liderado por Andrés González-González y Juan Fernández-Manjarrés (Universidad Paris-Saclay/CNRS), y con la participación de Benjamin Quesada y Nicola Clerici, de nuestra universidad, analizó 60 años de datos climáticos y más de dos décadas de registros satelitales sobre pérdida forestal en 150 ecorregiones boscosas de América Central y del Sur.
El estudio evaluó de forma simultánea tres presiones:
- La variabilidad climática asociada a los fenómenos de El Niño y La Niña.
- Las tasas de deforestación.
- La pérdida de bosques por incendios.
Al combinar estos tres factores, los investigadores identificaron qué ecorregiones están expuestas a estos impactos al mismo tiempo, lo que los científicos denominan “exposición compuesta”.
Colombia: el país más vulnerable
De los siete ecosistemas con mayores niveles de exposición acumulada, cinco se ubican principalmente en territorio colombiano:
- Los bosques húmedos del Catatumbo y Magdalena-Urabá.
- Los bosques montanos de la Cordillera Oriental y del valle del Magdalena.
- Los bosques secos del Patía.
Las otras dos ecorregiones —los bosques secos de Apure-Villavicencio y de Maracaibo— también incluyen zonas de Colombia y Venezuela.
En conjunto, estas siete ecorregiones cubren más de 372.000 km², un territorio comparable al de países como Japón o Noruega.
El estudio destaca que el Catatumbo es particularmente crítico: además de la triple presión climática y ambiental, enfrenta décadas de conflicto armado y abandono institucional, lo que agrava su fragilidad ecológica.
“Lo que revela este estudio es que varias ecorregiones en Colombia están expuestas a múltiples presiones climáticas y ambientales de manera simultánea; esto cambia completamente la escala del problema y obliga a priorizar estos territorios en las agendas de adaptación y conservación”, señala Benjamín Quesada, climatólogo, profesor y director del programa de Ciencias del Sistema Tierra de nuestra universidad, y coautor del estudio.
¿Qué significa esto para el país?
Colombia es uno de los países con mayor biodiversidad del planeta. Sus glaciares, páramos, selvas y bosques secos no solo albergan miles de especies únicas, sino que también regulan el agua que abastece a las ciudades, alimenta ríos y sostiene la agricultura.
El estudio advierte que el fenómeno de El Niño, cuyo regreso se espera entre junio y agosto de 2026, no actúa de forma aislada: cuando se combina con la deforestación y los incendios, puede desencadenar efectos en cadena que reducen la capacidad de recuperación de estos ecosistemas.
Los páramos y glaciares colombianos también aparecen como zonas de alta exposición climática en el análisis. La Sierra Nevada de Santa Marta, por ejemplo, registró uno de los índices de exposición térmica más altos del continente, comparable con el de las áreas más afectadas de la Amazonia.
“Aunque no es el escenario más probable por ahora, un fenómeno de El Niño muy fuerte a finales de 2026 traería consecuencias graves para el agua, la agricultura y la ocurrencia de desastres climáticos en Colombia; se sumaría a la presión creciente del cambio climático y de los incendios forestales”, advierte Benjamin Quesada.
¿Qué tan probable es un “súper El Niño” este año?
Según el último reporte de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA):
- El planeta está saliendo de La Niña y entrará en una fase neutral.
- Entre mayo y julio de 2026, lo más probable es que se mantenga esta estabilidad climática.
- Entre junio y agosto de 2026, hay más de un 60% de probabilidad de que se desarrolle el fenómeno de El Niño.
Para finales de 2026, El Niño seguiría activo, con probabilidades similares (25%) de que sea moderado, fuerte o muy fuerte. Un “súper El Niño” no es, por ahora, el escenario más probable.
Los autores subrayan que estos resultados deben traducirse en acción. Las ecorregiones identificadas deberían priorizarse en las agendas de conservación, adaptación climática y ordenamiento territorial, integrando la reducción de la deforestación, la prevención de incendios y el fortalecimiento institucional en los territorios más vulnerables.
