La Pola en capilla. Esbozo de una cronología por establecer
Habiendo establecido una base sólida para la capilla de Policarpa Salavarrieta en el Colegio del Rosario, discutimos una ligera afirmación histórica.
En 1917, el estudiante Juan Francisco Franco Quijano[1] publicó en la Revista del Rosario dos documentos del Archivo Histórico, más una glosa histórica de su cosecha[2]. A más de un siglo de distancia, no hallamos tales documentos en la colección documental del Archivo; el primero, en cambio, está copiado tal cual en bibliografía secundaria. La glosa, por su parte, es errada y ha inducido a error a modernos divulgadores históricos.
El documento publicado dice así:
Gobn. Militar y Polit.co
He acordado que los reos de infidencia presos en la cárcel, se trasladen hoy mismo a ese Colegio del Rosario: y por tanto lo tendrá Vmd. expedito con las llaves de las puertas principales y aposentos, franqueándolas al Mayor de la plaza D. Rafael Córdova, a quien encargo el cumplim.to de mi providencia.
Dios gde. a Vmd. ms. as.
Santafé, En.o 25 de 1817
El Gb.or
JUAN SÁMANO
S.or Ret.r del Colegio del Rosario D. Domingo Burgos. [3]
La glosa consiste en decir quiénes fueron esos reos: Policarpa Salavarrieta y sus ocho compañeros de suplicio, el catorce de noviembre de 1817. Así presentadas las cosas, podría deducirse que el grupo pasó once meses recluido en el Rosario. El hecho es controvertible, si se intenta establecer la cronología de dos víctimas: Policarpa Salavarrieta y Alejo Sabaraín.

Dos rebeldes en el Rosario: Policarpa y López. José María Espinosa. La Pola en capilla (detalle), ca. 1857; óleo sobre lienzo, Concejo de Guaduas, reg. 233.
Del Tambo al patíbulo.
Hemos planteado una cuestión cronológica y, por lo tanto, pretendemos aclararla siguiendo los pasos de dos personajes: una civil y un militar. Junto con ellos, otro militar y revolucionario, testigo de los últimos momentos de Policarpa: José Hilario López[4]. Él y Alejo Sabaraín combatieron por la revolución en la Cuchilla de El Tambo (29-6-1816). Ambos caen presos de los realistas y entran en Bogotá por el mes de septiembre.
López fue llevado al Rosario, la cárcel “de mal agüero”, porque conducía invariablemente al patíbulo. Con ocasión del cumpleaños de Fernando VII (14 de octubre), se le conmutó el presidio por el servicio de soldado, por tiempo ilimitado. Como estaba herido, López pidió la baja para ir a curarse al hospital del convento de Las Aguas y luego al de San Fernando. Mientras López pasó al batallón Numancia, Sabaraín cayó al presidio correccional (cerca de la calle Honda, en San Victorino).
El 24 de enero de 1817 se promulgó un indulto a los rebeldes de América, aplicado en Santafé a fines de junio[5]. Tenemos, pues, a Sabaraín libre a mediados de 1817 y a López sirviendo forzosamente para los realistas. Parece que en esta época los dos se relacionan con Policarpa Salavarrieta y su grupo. Las guerrillas obtenían triunfos en los Llanos y los que militaban forzosamente en el Ejército deseaban desertar (caso de López). En algún momento, Sabaraín cae preso de nuevo. En esta coyuntura apareció Policarpa Salavarrieta: con su colaboración, se fugaron los desertores, a comienzos de septiembre, pero pronto se produjo su captura. Los fugitivos fueron capturados por los lados de Gachalá o Medina (oriente cundinamarqués).
Sabaraín estuvo confinado en los calabozos del Tambo[6] (San Bartolomé) y finalmente en el Rosario.
Tenemos, hasta aquí, la posibilidad de establecer la relación Salavarrieta-Sabaraín para la segunda mitad de 1817. López, por su parte, vuelve a su puesto de soldado y por esos días comienza a frecuentar la casa de Policarpa. A pesar de esta relación, no fue denunciado. Sabaraín fue sometido a consejo de guerra y ejecutado junto con Policarpa.
1817 en Bogotá.
Más difícil de precisar que la cronología de Sabaraín, pues no hay batallas ni indultos, el último año de Policarpa Salavarrieta debe proponerse por testimonios:
Andrea Ricaurte, quien acogió a la muchacha en Bogotá, dejó dicho en sus memorias:
“Era el año de 1817. Un día recibí cartas de mis compadres Ambrosio Almeyda y José Ignacio Rodriguez; el primero se hallaba en Tocaima enfermo, y el segundo en la Mesa. Su contenido era recomendándome a Policarpa Salavarrieta para que la tuviera en casa, que venía de Guaduas donde la perseguían”[7].
En el mismo sentido, José Caicedo Rojas:
“En sustancia me refería D. Camilo que la Pola había venido el año de 17 de la villa de Guaduas, donde era perseguida, tal vez por conocer sus opiniones, recomendada por un patriota a una señora de Bogotá en cuya casa se alojó”[8].

Aviso al público: restablecimiento del Colegio Real Mayor de Nuestra Señora del Rosario.Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Facultad de Ciencias y Educación. Centro de Documentación en Ciencias Sociales. [9]
No podemos fijar, entonces, la fecha de llegada de Policarpa a Bogotá; pero no habría razón para apresarla a fines de enero de 1817, supuesto que estaba recién llegada y que, como desconocida, pudo operar libremente en la ciudad, al menos por medio año. Ya vimos que su actividad rebelde ocurrió precisamente en la segunda mitad de dicho año.
La guerra va inclinándose en favor de los rebeldes, según anota José María Caballero en su Diario, año 1817:
“Agosto. La gente de los llanos les está metiendo los curcuños y anda un run-run algo sabroso, algo creo y algo no, pero como sea cierto no les arriesgo las ganancias. Quien sabe si de un tiro cae todo el bolo”.
Policarpa estaba trabajando en el plan de deserción de soldados patriotas, con destino al grupo rebelde de los Llanos. Otro plan contemplaba una sublevación en la ciudad, cuando los rebeldes del Casanare trasmontaran la cordillera. El gobernador Sámano estaba al tanto de semejantes proyectos, cuando así respondió a la Audiencia:
“Santafé, agosto 23 de 1817. Apenas se está haciendo la averiguación del tumulto y conmoción que se meditaba para apoderarse de los cuarteles”.
Con activa participación de nuestra personaje, se producen dos fugas de rebeldes: un grupo de Antonio Arredondo y otro en que iba Sabaraín. Esta época de septiembre-octubre, con fugas y capturas, debió de haber hecho muy evidente la posición de Policarpa en la causa rebelde. A primero de noviembre, Morillo informa al ministro de Guerra:
“[Partes de Sámano], por los cuales se enterará Vuestra Excelencia del estado en que se halla aquella capital y las convulsiones que procuran suscitar los espíritus inquietos que sordamente fomentan la insurrección para trastornar el orden y seducir a los mismos soldados. El General Sámano tiene ya arrestados algunos individuos, a quienes está procesando, asegurándome que serán castigados ejemplarmente los que resulten reos, a pesar de la reclamación que de ellos ha hecho la Audiencia para seguirles causa”[10].
Tampoco es clara la cronología de la captura. Una de las pocas afirmaciones al respecto pertenece a Andrea Ricaurte, en cuya casa fue capturada la rebelde: “Como al mes de haberla aprehendido fusilaron a Policarpa”[11].
pero pudo ser una serie rápida de acontecimientos: captura y prisión[12]; conseja de guerra, el diez de noviembre; sentencia y capilla, el trece; ejecución, el catorce. Sobre el trance final de Policarpa hay más testimonios:
“El día 13 de noviembre de 1817 pusieron en capilla en las aulas del colegio de Nuestro Señora del Rosario, a los cabos Antonio Galeano, José Manuel Díaz, Joaquín Suárez y soldados Jacobo Marufu, Jose María Arcos, y paisanos Manuel Díaz, Francisco Arellano, Alejo Sarabaín y la muchacha Manuela Pola Salavarrieta, y el día 14, a las 12 del día, los pasaron por las armas por las espaldas, y enterrados en el campo santo y la Pola en la iglesia de San Agustín”.
“Ya están tocando a agonía las campanas y ya está hecha la calle desde el Colegio del Rosario hasta la plaza”.
José Hilario López apenas pudo zafarse del pelotón de fusilamiento:
“Preparado todo, se pusieron en movimiento las víctimas y sus sacrificadores. La Pola rompía la procesión con dos sacerdotes a los lados. A mí me había tocado la segunda fila de la escolta que debía fusilar a esta singular mujer; es decir, que yo no debía ser de los ejecutores, para cuyo logro no fue poco lo que trabajé, en la situación en que me hallaba de que se descubriese mi excusa y se atribuyera a ésta algún mal designio que pudiera comprometerme seriamente. Sin entrar en estos detalles, que serían largos y poco importantes, sólo diré que después de muchas dificultades que tuve que vencer para librarme de tan terrible encargo, logré ser excluido a pretexto de que mi fusil no estaba muy corriente, apoyando este argumento con el regalo de cuatro reales que hice al cabo de mi escuadra, que era el discípulo de quien he hablado en otra parte, el cual se ofreció a tirar en mi lugar, y así lo cumplió”.
Queda registro de la ejecución en una queja de la Real Audiencia por el abuso del gobernador Sámano en la práctica de los consejos de guerra, mezclando paisanos (civiles) con militares:
“En la ciudad de Santafé, a 14 de noviembre de mil ochocientos diez y siete, (...) habiéndose notado en la mañana de este día, al frente de las casas del tribunal, en la plaza mayor, colocadas dos horcas y nueve banquillos, donde a las once del propio día fueron ejecutados ocho hombres y una mujer, por disposición de la jurisdicción militar, sin precedente aviso, ni aun noticia de esta Real Audiencia (...)”.
Los cuerpos fueron socorridos por religiosos de la iglesia de la Veracruz, en cuyo archivo quedó registrado:
“Costo de los nueve alcabuceados. Por 4 pesos y seis reales entregados al sacristán Jaimes por lo siguiente, cuatro pesos cuatro reales para que pagase a los peones que cargaron y enterraron a los nueve que se pasaron por las armas y dos reales al muñidor. Noviembre 14 de 1817”.

Pedro Alcántara Quijano. Salida de la Pola hacia el patíbulo, 1944; óleo sobre lienzo, Casa Museo 20 de Julio, inv. 13.12.486.
Capilla en el Colegio del Rosario.
Sabemos que el claustro del Rosario fue usado como prisión por Pablo Morillo, en 1816[13]. A principios de 1817, época del documento que propició esta exposición, continuaba el uso abusivo de la edificación. En mayo, sin embargo, el rector Domingo Tomás de Burgos obtuvo la devolución del edificio y sus rentas[14]. El veinticinco de dicho mes, el alguacil mayor reportaba haber trasladado los presos a la Real Cárcel de Corte. En junio, la Gaceta de Santafé anunciaba reanudación de labores literarias en el Colegio para octubre próximo[15].
Con esta cronología del Rosario, volvemos al segundo documento publicado por Franco Quijano:
Con fecha 21 del corriente he tenido a bien proveer a conseq.a del oficio de V. de 17 del mismo, sobre el efecto que produxo en los jóvenes de ese Colegio el acontecimiento de haber franqueado las piezas de las Aulas p.a poner en ellas nueve reos en capilla lo sig.te:
Téngase presente p.a lo sucesivo la exposición del Rector del Colegio del Rosario, contestándose.
Al efecto pues lo digo a V. p.a su intelig.a.
Dios gde. a V. ms. as. Santafé 24 de nove. de 1817.
JUAN SÁMANO.
Sr. D. D. Domingo Tomás de Burgos, Rector del Colegio Mor. de N.a S.a del Rosario.
La queja de la comunidad rosarista por la capilla de los nueve reos muestra que el hecho se consideraba extraordinario y abusivo, no un uso que viniera dándose por casi un año[16].
Los documentos de Franco Quijano llamaron la atención, como era natural, y fueron citados por Eduardo Posada, en 1929. Observa el historiador, sin embargo, lo mismo que venimos señalando: “No parece que esta comunicación se refiera a Policarpa y compañeros, pues en enero no habían sido aún apresados”[17].
Lo más detallado sobre el tema está en el sexto volumen, tomo primero, de la Historia extensa de Colombia, cuyo título es precisamente La reconquista española, a cargo de Oswaldo Díaz Díaz (Bogotá: Lerner, 1964). Para el tema específico de Policarpa, el historiador cita extensamente las Memorias, de José Hilario López, y el testimonio de Andrea Ricaurte.
Del mismo autor, en el sesquicentenario del fusilamiento de la prócer, Discurso del doctor Oswaldo Díaz Díaz, secretario de la Academia Colombiana de Historia, en la plaza de Bolívar, Boletín de Historia y Antigüedades, 55(639-41), 123-31.
Coda.
En 1974, Emiliano Zuleta y su conjunto presentaron el elepé Río seco. El tercer corte del lado A es el paseo La Polaca, de Silvio Durango. La musa del paseo vallenato fue Policarpa Hernández, la Polaca, presentada en una cuarteta de heptasílabos, de rima consonante abba:
Polaca de mi alma,
linda cereteñita,
como eres tan bonita
me haces perder la calma.
De repente, en medio de una historia de amor no correspondido, la anécdota personal se asocia con la nacional, en un coro final:
Eres Policarpa, flor de primavera,
oye por tu amor yo vivo entusiasmado.
Y dicho el nombre, falta un paso para identificarlas:
Tu nombre es Policarpa,
la mujer guerrillera,
que murió por la Patria,
envuelta en la bandera.
Policarpa con la bandera, convertida en mujer estandarte, fue un tipo creado para la conmemoración del primer centenario de la Independencia. Iconográficamente, se popularizó en la imagen de una etiqueta de cerveza: La Pola.
Fuentes.
En 1917, el estudiante Juan Francisco Franco Quijano[1] publicó en la Revista del Rosario dos documentos del Archivo Histórico, más una glosa histórica de su cosecha[2]. A más de un siglo de distancia, no hallamos tales documentos en la colección documental del Archivo; el primero, en cambio, está copiado tal cual en bibliografía secundaria. La glosa, por su parte, es errada y ha inducido a error a modernos divulgadores históricos.
El documento publicado dice así:
Gobn. Militar y Polit.co
He acordado que los reos de infidencia presos en la cárcel, se trasladen hoy mismo a ese Colegio del Rosario: y por tanto lo tendrá Vmd. expedito con las llaves de las puertas principales y aposentos, franqueándolas al Mayor de la plaza D. Rafael Córdova, a quien encargo el cumplim.to de mi providencia.
Dios gde. a Vmd. ms. as.
Santafé, En.o 25 de 1817
El Gb.or
JUAN SÁMANO
S.or Ret.r del Colegio del Rosario D. Domingo Burgos. [3]
La glosa consiste en decir quiénes fueron esos reos: Policarpa Salavarrieta y sus ocho compañeros de suplicio, el catorce de noviembre de 1817. Así presentadas las cosas, podría deducirse que el grupo pasó once meses recluido en el Rosario. El hecho es controvertible, si se intenta establecer la cronología de dos víctimas: Policarpa Salavarrieta y Alejo Sabaraín.
Dos rebeldes en el Rosario: Policarpa y López. José María Espinosa. La Pola en capilla (detalle), ca. 1857; óleo sobre lienzo, Concejo de Guaduas, reg. 233.
Del Tambo al patíbulo.
Hemos planteado una cuestión cronológica y, por lo tanto, pretendemos aclararla siguiendo los pasos de dos personajes: una civil y un militar. Junto con ellos, otro militar y revolucionario, testigo de los últimos momentos de Policarpa: José Hilario López[4]. Él y Alejo Sabaraín combatieron por la revolución en la Cuchilla de El Tambo (29-6-1816). Ambos caen presos de los realistas y entran en Bogotá por el mes de septiembre.
López fue llevado al Rosario, la cárcel “de mal agüero”, porque conducía invariablemente al patíbulo. Con ocasión del cumpleaños de Fernando VII (14 de octubre), se le conmutó el presidio por el servicio de soldado, por tiempo ilimitado. Como estaba herido, López pidió la baja para ir a curarse al hospital del convento de Las Aguas y luego al de San Fernando. Mientras López pasó al batallón Numancia, Sabaraín cayó al presidio correccional (cerca de la calle Honda, en San Victorino).
El 24 de enero de 1817 se promulgó un indulto a los rebeldes de América, aplicado en Santafé a fines de junio[5]. Tenemos, pues, a Sabaraín libre a mediados de 1817 y a López sirviendo forzosamente para los realistas. Parece que en esta época los dos se relacionan con Policarpa Salavarrieta y su grupo. Las guerrillas obtenían triunfos en los Llanos y los que militaban forzosamente en el Ejército deseaban desertar (caso de López). En algún momento, Sabaraín cae preso de nuevo. En esta coyuntura apareció Policarpa Salavarrieta: con su colaboración, se fugaron los desertores, a comienzos de septiembre, pero pronto se produjo su captura. Los fugitivos fueron capturados por los lados de Gachalá o Medina (oriente cundinamarqués).
Sabaraín estuvo confinado en los calabozos del Tambo[6] (San Bartolomé) y finalmente en el Rosario.
Tenemos, hasta aquí, la posibilidad de establecer la relación Salavarrieta-Sabaraín para la segunda mitad de 1817. López, por su parte, vuelve a su puesto de soldado y por esos días comienza a frecuentar la casa de Policarpa. A pesar de esta relación, no fue denunciado. Sabaraín fue sometido a consejo de guerra y ejecutado junto con Policarpa.
1817 en Bogotá.
Más difícil de precisar que la cronología de Sabaraín, pues no hay batallas ni indultos, el último año de Policarpa Salavarrieta debe proponerse por testimonios:
Andrea Ricaurte, quien acogió a la muchacha en Bogotá, dejó dicho en sus memorias:
“Era el año de 1817. Un día recibí cartas de mis compadres Ambrosio Almeyda y José Ignacio Rodriguez; el primero se hallaba en Tocaima enfermo, y el segundo en la Mesa. Su contenido era recomendándome a Policarpa Salavarrieta para que la tuviera en casa, que venía de Guaduas donde la perseguían”[7].
En el mismo sentido, José Caicedo Rojas:
“En sustancia me refería D. Camilo que la Pola había venido el año de 17 de la villa de Guaduas, donde era perseguida, tal vez por conocer sus opiniones, recomendada por un patriota a una señora de Bogotá en cuya casa se alojó”[8].
Aviso al público: restablecimiento del Colegio Real Mayor de Nuestra Señora del Rosario.Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Facultad de Ciencias y Educación. Centro de Documentación en Ciencias Sociales. [9]
No podemos fijar, entonces, la fecha de llegada de Policarpa a Bogotá; pero no habría razón para apresarla a fines de enero de 1817, supuesto que estaba recién llegada y que, como desconocida, pudo operar libremente en la ciudad, al menos por medio año. Ya vimos que su actividad rebelde ocurrió precisamente en la segunda mitad de dicho año.
La guerra va inclinándose en favor de los rebeldes, según anota José María Caballero en su Diario, año 1817:
“Agosto. La gente de los llanos les está metiendo los curcuños y anda un run-run algo sabroso, algo creo y algo no, pero como sea cierto no les arriesgo las ganancias. Quien sabe si de un tiro cae todo el bolo”.
Policarpa estaba trabajando en el plan de deserción de soldados patriotas, con destino al grupo rebelde de los Llanos. Otro plan contemplaba una sublevación en la ciudad, cuando los rebeldes del Casanare trasmontaran la cordillera. El gobernador Sámano estaba al tanto de semejantes proyectos, cuando así respondió a la Audiencia:
“Santafé, agosto 23 de 1817. Apenas se está haciendo la averiguación del tumulto y conmoción que se meditaba para apoderarse de los cuarteles”.
Con activa participación de nuestra personaje, se producen dos fugas de rebeldes: un grupo de Antonio Arredondo y otro en que iba Sabaraín. Esta época de septiembre-octubre, con fugas y capturas, debió de haber hecho muy evidente la posición de Policarpa en la causa rebelde. A primero de noviembre, Morillo informa al ministro de Guerra:
“[Partes de Sámano], por los cuales se enterará Vuestra Excelencia del estado en que se halla aquella capital y las convulsiones que procuran suscitar los espíritus inquietos que sordamente fomentan la insurrección para trastornar el orden y seducir a los mismos soldados. El General Sámano tiene ya arrestados algunos individuos, a quienes está procesando, asegurándome que serán castigados ejemplarmente los que resulten reos, a pesar de la reclamación que de ellos ha hecho la Audiencia para seguirles causa”[10].
Tampoco es clara la cronología de la captura. Una de las pocas afirmaciones al respecto pertenece a Andrea Ricaurte, en cuya casa fue capturada la rebelde: “Como al mes de haberla aprehendido fusilaron a Policarpa”[11].
pero pudo ser una serie rápida de acontecimientos: captura y prisión[12]; conseja de guerra, el diez de noviembre; sentencia y capilla, el trece; ejecución, el catorce. Sobre el trance final de Policarpa hay más testimonios:
“El día 13 de noviembre de 1817 pusieron en capilla en las aulas del colegio de Nuestro Señora del Rosario, a los cabos Antonio Galeano, José Manuel Díaz, Joaquín Suárez y soldados Jacobo Marufu, Jose María Arcos, y paisanos Manuel Díaz, Francisco Arellano, Alejo Sarabaín y la muchacha Manuela Pola Salavarrieta, y el día 14, a las 12 del día, los pasaron por las armas por las espaldas, y enterrados en el campo santo y la Pola en la iglesia de San Agustín”.
“Ya están tocando a agonía las campanas y ya está hecha la calle desde el Colegio del Rosario hasta la plaza”.
José Hilario López apenas pudo zafarse del pelotón de fusilamiento:
“Preparado todo, se pusieron en movimiento las víctimas y sus sacrificadores. La Pola rompía la procesión con dos sacerdotes a los lados. A mí me había tocado la segunda fila de la escolta que debía fusilar a esta singular mujer; es decir, que yo no debía ser de los ejecutores, para cuyo logro no fue poco lo que trabajé, en la situación en que me hallaba de que se descubriese mi excusa y se atribuyera a ésta algún mal designio que pudiera comprometerme seriamente. Sin entrar en estos detalles, que serían largos y poco importantes, sólo diré que después de muchas dificultades que tuve que vencer para librarme de tan terrible encargo, logré ser excluido a pretexto de que mi fusil no estaba muy corriente, apoyando este argumento con el regalo de cuatro reales que hice al cabo de mi escuadra, que era el discípulo de quien he hablado en otra parte, el cual se ofreció a tirar en mi lugar, y así lo cumplió”.
Queda registro de la ejecución en una queja de la Real Audiencia por el abuso del gobernador Sámano en la práctica de los consejos de guerra, mezclando paisanos (civiles) con militares:
“En la ciudad de Santafé, a 14 de noviembre de mil ochocientos diez y siete, (...) habiéndose notado en la mañana de este día, al frente de las casas del tribunal, en la plaza mayor, colocadas dos horcas y nueve banquillos, donde a las once del propio día fueron ejecutados ocho hombres y una mujer, por disposición de la jurisdicción militar, sin precedente aviso, ni aun noticia de esta Real Audiencia (...)”.
Los cuerpos fueron socorridos por religiosos de la iglesia de la Veracruz, en cuyo archivo quedó registrado:
“Costo de los nueve alcabuceados. Por 4 pesos y seis reales entregados al sacristán Jaimes por lo siguiente, cuatro pesos cuatro reales para que pagase a los peones que cargaron y enterraron a los nueve que se pasaron por las armas y dos reales al muñidor. Noviembre 14 de 1817”.
Pedro Alcántara Quijano. Salida de la Pola hacia el patíbulo, 1944; óleo sobre lienzo, Casa Museo 20 de Julio, inv. 13.12.486.
Capilla en el Colegio del Rosario.
Sabemos que el claustro del Rosario fue usado como prisión por Pablo Morillo, en 1816[13]. A principios de 1817, época del documento que propició esta exposición, continuaba el uso abusivo de la edificación. En mayo, sin embargo, el rector Domingo Tomás de Burgos obtuvo la devolución del edificio y sus rentas[14]. El veinticinco de dicho mes, el alguacil mayor reportaba haber trasladado los presos a la Real Cárcel de Corte. En junio, la Gaceta de Santafé anunciaba reanudación de labores literarias en el Colegio para octubre próximo[15].
Con esta cronología del Rosario, volvemos al segundo documento publicado por Franco Quijano:
Con fecha 21 del corriente he tenido a bien proveer a conseq.a del oficio de V. de 17 del mismo, sobre el efecto que produxo en los jóvenes de ese Colegio el acontecimiento de haber franqueado las piezas de las Aulas p.a poner en ellas nueve reos en capilla lo sig.te:
Téngase presente p.a lo sucesivo la exposición del Rector del Colegio del Rosario, contestándose.
Al efecto pues lo digo a V. p.a su intelig.a.
Dios gde. a V. ms. as. Santafé 24 de nove. de 1817.
JUAN SÁMANO.
Sr. D. D. Domingo Tomás de Burgos, Rector del Colegio Mor. de N.a S.a del Rosario.
La queja de la comunidad rosarista por la capilla de los nueve reos muestra que el hecho se consideraba extraordinario y abusivo, no un uso que viniera dándose por casi un año[16].
Los documentos de Franco Quijano llamaron la atención, como era natural, y fueron citados por Eduardo Posada, en 1929. Observa el historiador, sin embargo, lo mismo que venimos señalando: “No parece que esta comunicación se refiera a Policarpa y compañeros, pues en enero no habían sido aún apresados”[17].
Fuentes