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¿Puede el cerebro enamorarse a distancia?

¿Puede el cerebro enamorarse a distancia?
Las relaciones amorosas ya no siempre comienzan con una conversación frente a frente. Hoy, un mensaje, una videollamada o una aplicación pueden ser el punto de partida de vínculos que llegan a ser profundamente significativos. ¿Puede el cerebro generar apego sin contacto físico? El neurólogo Leonardo Palacios explica qué dice la neurociencia sobre las relaciones virtuales y por qué, aunque la tecnología transforma la manera de conocernos, la presencia sigue siendo fundamental para consolidar el vínculo.

Por Leonardo Palacios, Profesor de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud; y Geraldine Imbett, Gestora de Comunicaciones.

Durante siglos, las personas han buscado distintas maneras de construir relaciones. Antes fueron las cartas; hoy son las redes sociales, las aplicaciones de citas y las plataformas digitales las que permiten que personas separadas por cientos o miles de kilómetros establezcan vínculos afectivos.

Aunque la forma de comunicarnos ha cambiado, la necesidad de conectar con otros permanece intacta.

 

"Los seres humanos somos extremadamente sociales y nos encanta vincularnos unos con otros para diferentes tipos de actividades que pueden ser estrictamente de amistad, para hablar de diferentes temas y, por ahí, vienen también vínculos afectivos y amorosos", explica el doctor Leonardo Palacios, neurólogo y profesor de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad del Rosario.

 
Del romance por cartas a las relaciones digitales

La idea de enamorarse sin compartir un mismo espacio no nació con internet. Mucho antes de los teléfonos inteligentes existían los romances epistolares, relaciones que crecían únicamente a través del intercambio de cartas.

Hoy ese fenómeno ocurre a una velocidad muy distinta gracias a la tecnología.

 

"Eso ha cambiado muchísimo, desde los amores epistolares, a través de cartas de personas que estaban muy lejos y se enamoraban, hasta hoy, gracias a la tecnología y muy específicamente a través de las redes y de algunas plataformas especialmente diseñadas para que unas personas se puedan conocer", señala el especialista.

 
El cerebro sí puede generar apego en una relación virtual

Desde la neurociencia, el cerebro puede desarrollar vínculos emocionales incluso cuando la relación ocurre únicamente en entornos digitales.

Durante las interacciones virtuales se activan circuitos relacionados con la recompensa y la motivación, como el sistema dopaminérgico, así como la oxitocina, una sustancia asociada con el apego y la construcción del vínculo. Esto explica por qué una persona puede sentirse acompañada, ilusionada o profundamente conectada con alguien a quien nunca ha visto en persona.

 

"Esos vínculos pueden llegar a ser tremendamente intensos. Hay personas que pueden llegar a enamorarse profundamente de otra persona con la que nunca han estado sentados frente a frente. Su vínculo es estrictamente virtual", afirma Palacios.

 

Por ello, el experto insiste en que las relaciones virtuales no son emocionalmente neutras, ya que el cerebro responde a esas experiencias y construye vínculos reales.

La tecnología acerca, pero también puede generar distancia

¿Las relaciones virtuales acercan o alejan a las personas? Para el neurólogo, ambas afirmaciones son válidas.

Las plataformas digitales permiten que personas que nunca se habrían conocido establezcan una relación. Sin embargo, cuando el vínculo permanece exclusivamente en la pantalla, aparecen limitaciones propias de la ausencia de contacto físico.

 

"Podríamos preguntarnos si eso nos acerca o nos aleja, y yo creo que las dos son ciertas. Nos acerca porque de otra manera nunca antes se habrían podido conocer, pero nos aleja porque no están frente a frente, porque no están mirando hacia los ojos, porque no pueden llegar a tocarse las manos o a llegar más allá en una relación", explica.

 

La evidencia científica muestra que el contacto presencial fortalece la liberación de oxitocina y activa mecanismos neurológicos relacionados con la confianza, la cercanía y el bienestar emocional que difícilmente pueden reemplazarse de manera permanente mediante una pantalla.

Cuando la relación permanece solo en lo virtual

Aunque las herramientas digitales facilitan el inicio de nuevas relaciones, mantener un vínculo exclusivamente virtual también puede generar dificultades emocionales.

Cuando existe comunicación, pero no presencia; cuando hay interacción, pero no encuentro, el cerebro puede desarrollar apego sin que la relación logre consolidarse plenamente. En esos casos pueden aparecer frustración, ansiedad, sensación de vacío o soledad.

Comprender estos procesos permite utilizar la tecnología de forma más consciente, reconociendo tanto sus posibilidades como sus límites para la construcción de relaciones humanas.

La presencia sigue siendo insustituible

Para el doctor Leonardo Palacios, la tecnología representa una oportunidad extraordinaria para conectar personas y ampliar las posibilidades de encuentro. Sin embargo, considera que, especialmente en las relaciones afectivas y amorosas, el contacto físico continúa siendo un componente esencial.

 

"Estoy absolutamente convencido de que, en particular en las relaciones afectivas y amorosas, es absolutamente indispensable consolidarlas como hemos sido siempre los seres humanos: a través del contacto físico, a través de la mirada, de tocarnos las manos, del abrazo y del beso ".

 

Lejos de plantear una oposición entre tecnología y relaciones humanas, el especialista propone entenderlas como herramientas complementarias.

 

"Viva la tecnología, vivan los seres humanos conectándonos por las vías que siempre hemos utilizado y por todas las nuevas que vienen y las que han de llegar", concluye.