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La soledad estaría ligada con deterioro cognitivo en adultos mayores, según investigación Rosarista

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El doctor Luis Carlos Venegas, coordinador del Doctorado en Investigación Clínica y director del Instituto Rosarista para el Estudio del Envejecimiento y la Longevidad (IREEL) de la Universidad del Rosario, explica los hallazgos de un estudio internacional que analizó la relación entre soledad y memoria en población mayor europea.

La soledad se ha convertido en una de las principales preocupaciones contemporáneas en salud mental y envejecimiento. Aunque durante años fue entendida únicamente como una experiencia emocional, hoy la evidencia científica comienza a mostrar cómo también podría relacionarse con procesos cognitivos y con el deterioro de la memoria en adultos mayores.

Precisamente, esta investigación, publicada en la revista científica Aging & Mental Health analizó las trayectorias de memoria en personas mayores con sensación de soledad en Europa, utilizando datos de SHARE (Survey of Health, Aging and Retirement in Europe), una de las bases de datos más importantes sobre envejecimiento a nivel mundial.

El estudio alcanzó una importante repercusión internacional. De acuerdo con el reporte de impacto mediático, obtuvo un Altmetric Attention Score de 573, posicionándose entre las publicaciones científicas con mayor impacto de 2026 dentro de la editorial Taylor & Francis. Además, tuvo cobertura en más de 307 medios internacionales como The Independent, El País, Clarín y New York Post.

Sobre los hallazgos, implicaciones y desafíos que deja esta investigación, conversamos con el doctor Luis Carlos Venegas, coordinador del Doctorado en Investigación Clínica y director del Instituto Rosarista para el Estudio del Envejecimiento y la Longevidad (IREEL) de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad del Rosario.

¿Por qué investigar la relación entre la soledad y la memoria en adultos mayores?

“Aunque había datos de estudios que mostraban cómo la sensación de soledad pudiese afectar la cognición, no existían suficientes datos de seguimiento a largo plazo. Además, la mayoría de investigaciones previas se habían enfocado en el aislamiento social, que es una evaluación objetiva centrada en el tamaño y calidad de los vínculos sociales, y no en la sensación de soledad, que es una percepción subjetiva”.

¿Por qué decidieron utilizar la base de datos SHARE para este análisis?

“SHARE es el estudio de envejecimiento en Europa y recoge datos de más de 20 países europeos desde 2004, con seguimiento cada dos años. Nosotros utilizamos información desde 2012, que fue el momento en el que se comenzó a evaluar la soledad. Esto la convierte en una de las bases de datos más extensas y completas del mundo. Además, es de acceso libre y Europa tiene una diversidad cultural y social muy interesante para explorar”.

El estudio encontró diferencias importantes entre personas con y sin sensación de soledad. ¿Cuál fue el hallazgo más relevante?

“El hallazgo más importante fue que la sensación de soledad afectaba la memoria al inicio del estudio; sin embargo, no modificaba la velocidad a la que la memoria declinaba con el tiempo. Esto quiere decir que la soledad puede relacionarse con una mala memoria, la cual permanecería baja durante muchos años”.

¿La soledad afecta de la misma manera a hombres y mujeres?

“Según nuestros resultados, parece que la soledad afecta más la memoria de los hombres que la de las mujeres al inicio del estudio. Sin embargo, en ninguno de los dos grupos encontramos un mayor deterioro a lo largo del tiempo”.

Uno de los hallazgos también habla de diferencias entre regiones europeas. ¿Qué encontraron?

“Curiosamente, encontramos que, en países del sur de Europa, como España e Italia, existían diferencias importantes en la memoria entre personas con y sin sensación de soledad. Además, esta fue la región que registró la mayor prevalencia de sensación de soledad”.

En muchas ocasiones se confunde soledad con aislamiento social. ¿Cuál es la diferencia?

“El aislamiento social se refiere a qué tan extensa y de qué calidad es mi red social. Tiene en cuenta aspectos como participación comunitaria, actividades sociales, hobbies y vínculos. La soledad, en cambio, es una percepción subjetiva sobre la red de apoyo y cómo la persona se siente respecto a ella. Una persona puede tener redes sociales fuertes y aun así sentirse sola”.

¿Qué implicaciones tienen estos resultados para las políticas públicas?

“Creemos que el principal aporte es poner sobre la mesa la necesidad de incluir la evaluación de la soledad dentro de la valoración integral de las personas mayores. Esto suele no indagarse y es algo que todos los profesionales de la salud deberían considerar”.

¿Es posible prevenir el deterioro cognitivo asociado a la soledad?

“Uno de los factores más importantes es mantener redes sociales sólidas. Las relaciones sociales fuertes son una de las herramientas que tenemos para prevenir deterioro cognitivo y demencia. Además, cuando una persona comienza a sentirse sola, no debemos asumirlo como algo normal del envejecimiento; es necesario buscar acompañamiento profesional”.

Después de la pandemia, la conversación sobre salud mental y envejecimiento tomó más fuerza. ¿Cómo impactó esto la investigación científica?

“Sin duda la pandemia mostró la importancia de la salud mental en la salud cognitiva y física de las personas mayores. Aspectos como aislamiento social, trastornos afectivos y deterioro cognitivo cobraron mucha más relevancia durante este periodo”.

¿Qué nuevos caminos abre esta investigación?

“Queremos estudiar otras poblaciones. Uno de los aprendizajes más importantes es que la soledad puede comportarse de manera diferente según la sociedad y la cultura. Además, queremos explorar cómo se relaciona con otras funciones cognitivas como la velocidad de procesamiento y las funciones ejecutivas”.

En un país como Colombia, ¿qué tan urgente es abordar este tema?

“Muy urgente. Aunque todavía no tenemos suficientes datos sobre soledad en Colombia, creemos que puede tener un comportamiento particular debido a nuestras dinámicas familiares y culturales. El problema es que, si no medimos la soledad, no entendemos realmente su impacto”.

Finalmente, ¿qué aprendizajes deja este estudio para el contexto colombiano?

“El principal aprendizaje es que debemos pensar y preguntar por la soledad en todas las personas mayores. Si no la evaluamos, no podremos intervenir. También necesitamos profesionales formados en salud mental y envejecimiento que puedan acompañar adecuadamente a esta población”.

Más allá de sus hallazgos científicos, esta investigación abre una conversación urgente sobre envejecimiento, salud mental y bienestar emocional, en un contexto donde la población mundial envejece aceleradamente y donde fenómenos como la soledad comienzan a ser entendidos como desafíos de salud pública global.

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