Por: Carolina Bustamante
Jefe de prensa y comunicaciones
Lo que comenzó hace cinco años como un proyecto enfocado en prácticas y pasantías evolucionó hacia un modelo integral de empleabilidad e inserción laboral que hoy ha acompañado a más de 4.000 estudiantes, trabaja con más de 2.050 empresas y fortalece nuevas herramientas para apoyar a estudiantes y egresados a lo largo de su trayectoria profesional.
Una conversación con Catalina Gómez Ramírez, coordinadora del área de Empleabilidad e Inserción Laboral de la Universidad del Rosario (DEPE) permitió conocer los avances, desafíos y apuestas de una estrategia que busca cerrar la brecha entre la formación académica y las oportunidades profesionales, acompañando a los estudiantes desde el primer semestre y más allá de la graduación.
Hace cinco años nació esta coordinación. ¿Cómo ha evolucionado desde entonces?
Cuando nació, nuestro principal objetivo era centralizar y acompañar la gestión de prácticas y pasantías. Existía una nueva normativa del Ministerio de Trabajo y la Universidad necesitaba garantizar procesos organizados y con seguimiento.
Sin embargo, rápidamente entendimos que el reto era mucho más grande. No podíamos limitarnos únicamente a prácticas y pasantías. Teníamos que impactar a estudiantes desde primer semestre y acompañarlos incluso después de graduarse.
Esa evolución nos permitió pasar de un enfoque administrativo a uno estratégico, centrado en el desarrollo profesional de toda la comunidad Rosarista.
Desde entonces hemos acompañado a cerca de 4.000 estudiantes, construido una red de más de 2.050 empresas activas y fortalecido una oferta permanente de actividades de empleabilidad para estudiantes, egresados y posgraduados.
¿Por qué hablar hoy de empleabilidad es tan importante para una universidad?
Porque el contexto cambió. Muchos jóvenes ya no eligen una universidad únicamente por su prestigio o por la calidad de sus programas. También quieren saber qué oportunidades tendrán cuando se gradúen y, sin duda, la realidad actual es desafiante.
En Colombia, obtener un título profesional no siempre garantiza una inserción laboral rápida. Por eso las universidades tienen la responsabilidad de ayudar a sus estudiantes a desarrollar competencias, construir redes de contacto y prepararse para un mercado cada vez más exigente. Sabemos que fortalecer la empleabilidad impacta directamente la vida de nuestros egresados y contribuye a reducir las brechas de acceso al trabajo.
Catalina, detrás de este crecimiento hay una estructura que ustedes han venido consolidando durante años. Si hoy tuviera que explicarle a un estudiante o a una familia cómo funciona esta apuesta por la empleabilidad, ¿cuáles son los pilares que la sostienen?
El primer eje busca fortalecer las habilidades que hoy demanda el mercado laboral. Lo hacemos a través del desarrollo de competencias para la empleabilidad mediante bootcamps, talleres y charlas con expertos, donde estudiantes y egresados fortalecen capacidades altamente valoradas por las organizaciones, como liderazgo, comunicación, pensamiento estratégico, inteligencia artificial y consultoría.
Y hay datos especialmente relevantes:
Solo en el último semestre se realizaron 27 actividades de empleabilidad, con la participación de cerca de 1.600 personas y le adiciono algo importante: el 70% de quienes se han inscrito, participaron activamente y esto es un resultado muy valioso si se tiene en cuenta que estas actividades son voluntarias.
Catalina, desarrollar habilidades es fundamental, pero muchas veces los estudiantes tienen talento y no saben cómo mostrarlo. ¿Qué pasa cuando llega el momento de enfrentarse a una hoja de vida, una entrevista o una búsqueda laboral real?
Ese es uno de los desafíos más comunes y nuestro segundo eje de trabajo. Nos encontramos con estudiantes muy preparados académicamente, pero que necesitan orientación para traducir todo ese conocimiento en un perfil atractivo para el mercado laboral. Por eso hemos fortalecido el acompañamiento personalizado para que puedan reconocer su potencial y aprender a comunicarlo de manera efectiva.
Con el desarrollo de carrera y orientación profesional la Universidad ofrece asesorías especializadas para fortalecer hojas de vida, perfiles profesionales y procesos de búsqueda de empleo.
Los estudiantes reciben acompañamiento para construir hojas de vida alineadas con las necesidades reales del mercado, mientras que los egresados cuentan con asesoría especializada para procesos de transición o crecimiento profesional. La clave ha sido diseñar nuestras hojas de vida con apoyo de expertos en selección para que respondan a lo que realmente están buscando las organizaciones.
Tener un buen perfil es importante, pero las oportunidades no siempre llegan solas. ¿Cómo logra la Universidad acercar a los estudiantes y egresados a las organizaciones y al mercado laboral?
Entendimos que la empleabilidad también se construye creando relaciones. Por eso en nuestro tercer eje trabajamos permanentemente en la conexión con empresas, entidades y organizaciones que nos permiten acercar a nuestros estudiantes a escenarios reales, conocer qué está buscando el mercado y generar oportunidades de conexión directa.
Sabemos que as oportunidades laborales también nacen del relacionamiento y esto lo apoyamos con desayunos empresariales, charlas corporativas, jornadas de networking, Open Days y la Feria Mundo Laboral, uno de los espacios más importantes de conexión entre estudiantes y empresas.
Actualmente, la institución mantiene relaciones activas con más de 2.050 organizaciones, generando oportunidades permanentes para la comunidad Rosarista.
Y en ese proceso de conexión, las prácticas siguen siendo una de las experiencias más valiosas para muchos estudiantes. ¿Qué papel cumplen hoy dentro de este modelo?
Siguen siendo uno de nuestros pilares más importantes y nuestro cuarto eje de trabajo. Muchas veces representan el primer acercamiento al mundo laboral y, en numerosos casos, terminan convirtiéndose en oportunidades de vinculación. Por eso nuestro trabajo no se limita a gestionar documentos; buscamos que cada práctica sea una experiencia de aprendizaje y crecimiento profesional.
Cada semestre gestionamos cerca de 2.000 oportunidades de práctica, permitiendo que cientos de estudiantes tengan una experiencia temprana en el mundo laboral.
En promedio, entre 630 y 680 estudiantes realizan prácticas cada año, mientras que más de 270 experiencias internacionales han sido acompañadas desde la creación de la coordinación. Lo más valioso es que, en muchos casos, esas prácticas terminan convirtiéndose en empleo. Cuando una empresa nos dice que quiere extender una práctica, nuestra respuesta suele ser: “¿Y por qué no contratar al estudiante?”.
Después de cinco años de evolución, da la impresión de que el siguiente reto ya no es solamente acompañar prácticas o desarrollar actividades de empleabilidad. ¿Cuál es el gran salto que viene para la Universidad del Rosario?
Hoy estamos pensando en algo mucho más ambicioso: un modelo integral que acompañe a estudiantes y egresados durante toda su trayectoria académica y profesional. Esa visión es la que nos está llevando a fortalecer nuestras herramientas, incorporar analítica de datos y construir una experiencia mucho más personalizada.
Nuestro quinto y último eje es la innovación institucional. Por eso, la Universidad se encuentra en proceso de migración de UR Jobs hacia Simplicity, una plataforma que permitirá integrar en un solo ecosistema toda la trayectoria académica y profesional de estudiantes y egresados.
La herramienta ofrecerá seguimiento personalizado, analítica de datos, recomendaciones de formación, oportunidades laborales y acompañamiento permanente. Más que una actualización tecnológica, este cambio representa una nueva forma de acompañar a estudiantes y egresados durante toda su trayectoria académica y profesional.
¿Qué más viene para el futuro?
Trabajamos actualmente en la construcción de un modelo integral de empleabilidad y egreso efectivo que incluirá mesas sectoriales con empresas, fortalecimiento curricular, nuevas rutas de orientación profesional y una escuela de competencias transversales.
Entre las habilidades priorizadas están la solución de problemas complejos, la inteligencia emocional, la comunicación efectiva, la analítica de datos, la inteligencia artificial aplicada y el pensamiento crítico. La meta es escuchar permanentemente al mercado laboral para preparar mejor a los profesionales que el país necesita y seguir fortaleciendo el posicionamiento de los egresados Rosaristas en distintos sectores y organizaciones.
¿Qué le diría a quienes creen que la responsabilidad de una universidad termina el día en que entrega un diploma?
Hoy eso ya no es suficiente. Las universidades están llamadas a hacer mucho más que formar buenos profesionales. También deben ayudarles a desarrollar competencias, construir redes, identificar oportunidades y enfrentar con confianza los desafíos de un mercado laboral cada vez más exigente y cambiante.
A los jóvenes les diría que elegir una universidad también implica preguntarse quién los acompañará después del aula. Porque construir una carrera ya no depende únicamente del talento o de un título profesional; requiere orientación, preparación y conexiones con el mundo real. Esa es precisamente la apuesta que la Universidad del Rosario ha venido fortaleciendo durante los últimos cinco años: ayudar a que más estudiantes y egresados conviertan sus proyectos de vida en oportunidades reales.
