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Migración en Colombia: el reto de la integración

Migración en Colombia: el reto de la integración

Por:Juan Manuel Sarasua Suárez

Foto:Fotos 123 RF  https://doi.org/10.12804/dvcn_10336.37646_num6

"Gracias, señor, por estas puertas abiertas. Que nunca se cierren, por favor, bajo ninguna circunstancia.”
 

“Gracias, señor, por estas puertas abiertas. Que nunca se cierren, por favor, bajo ninguna circunstancia.” Así terminaba el 22 de octubre de 1982 el discurso de Gabriel García Márquez tras recibir la Orden del Águila Azteca en la Ciudad de México, una distinción creada para homenajear a los extranjeros que han desarrollado acciones prominentes en favor de la comunidad mexicana o de la humanidad en general. García Márquez agradecía así al país que lo recibió tantas veces en el trascurso de su vida, en diferentes circunstancias y siempre con los brazos abiertos.

El Gobierno colombiano ha abierto una de esas puertas con la creación del Estatuto de Protección Temporal para Migrantes Venezolanos (ETPV), que permitirá ofrecer amparo legal a los migrantes, acceso a derechos y una oportunidad para planear un futuro personal. La decisión ha sido calificada de generosa por gobiernos y asociaciones internacionales, pues es el primer gran paso para permitir la integración de esta población en el tejido social, político, cultural y económico del Colombia. Pero, más importante aún es el primer paso para permitir que los migrantes venezolanos puedan disfrutar y ejercer sus derechos.

La integración de la población migrante es el siguiente gran reto que debemos enfrentar todos los colombianos, pues su éxito no solo depende de las autoridades locales. Según datos del Estudio de Percepción Frente a los Migrantes en Colombia, realizado por la Universidad del Rosario, la Fundación Konrad Adenauer y El Tiempo, el 62 por ciento de los migrantes venezolanos que se encuentran en Colombia quieren quedarse en el país y alrededor del 50 por ciento ya ha comenzado a tramitar el Estatuto.

En esta edición de Divulgación Científica tenemos dos artículos que abordan el fenómeno desde perspectivas muy diferentes, pero complementarias y necesarias, para entender la huella que dejan los migrantes y lo decisivo que es la forma como los recibimos e integramos. La investigación de la profesora de la Facultad de Economía Julia Seithner nos contará sobre el impacto que genera la migración en sus países de origen. Por su parte, la investigación coordinada por la directora del Grupo de Investigación en Derechos Humanos de la Facultad de Jurisprudencia, María Teresa Palacios, describe una serie de buenas prácticas realizadas en diversos países latinoamericanos, que nos puede ayudar a prepararnos tanto para la recepción como para el manejo y la integración de los migrantes.

Cabe advertir que la crisis humanitaria del país vecino está muy lejos de terminar. El 72 por ciento de los encuestados manifiesta que no quiere regresar a Venezuela y a pesar de la reapertura de las fronteras y del respiro económico que Venezuela está viviendo este año, no hay razones para pensar que la situación económica y social del país vaya a cambiar en el futuro próximo. Son miles de venezolanos los que continúan saliendo de su país y muchos más quienes permanecen aún en tránsito hacia su lugar de destino. No podemos eludir esta realidad y debemos apoyar todos los esfuerzos para la gestión y la integración.

En su discurso ante las autoridades mexicanas, García Márquez señaló, desde el respeto, lo obvio: que él no puede representar a nadie y que no es un inmigrante que se pueda llamar típico. No puede serlo él ni tampoco el pequeño porcentaje de migrantes del mundo entero que ha encontrado esas puertas abiertas, pues son millones los que aún las encuentran cerradas a cal y canto. Pero su ruego sí es un denominador común a todos. Muchos siguen caminando, resistiendo y muy seguramente rezando para encontrar esos brazos abiertos que les permitan vivir con dignidad.

 

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