Pasar al contenido principal

¿Qué efectos tiene dejar de nombrar a las niñas?

que-efectos-tiene-dejar-de-nombrar-a-las-ninas
La semana pasada, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf) indicó a sus equipos de comunicaciones dejar de usar la palabra “niña” en sus contenidos institucionales. En su lugar, se hablará de “niñez” o de “niños y adolescentes”, en línea con lo establecido por la Real Académica de la Lengua Española respecto a género y masculinos genéricos. Esto, más allá de ser una elección meramente gramatical, tiene consecuencias reales sobre estereotipos y actitudes sexistas y asimismo afecta aspiraciones de los niños y las niñas.

Redactado por: 
Luisa Fernanda García Saavedra, psicóloga de la Universidad del Rosario, y Sergio Barbosa, profesor de Psicología de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad del Rosario.

Es por esto que una institución dedicada a la protección integral de los derechos de la niñez, la adolescencia y las familias, según reza su propia misión institucional, debería seguir nombrando de forma explícita y consistente a las niñas, sin invisibilizarlas por medio del uso de masculinos genéricos que, si bien son gramaticalmente aceptados, las afectan negativamente. 

Empezaremos por decir que, en español, al igual que en otras lenguas latinas como el francés, el masculino tiene dos funciones, ya que nombra específicamente a los hombres y, al mismo tiempo, se usa como forma genérica para referirse a grupos donde hay hombres, mujeres y personas no binarias. Este supuesto uso “genérico” del masculino, que la RAE denomina “no marcado”, puede ser el reflejo de una organización social donde lo masculino funciona como la medida universal de todo. Así, la decisión de revertir la comunicación institucional hacia el uso de masculinos genéricos no parece una casualidad gramatical, sino la señalización continua y el reforzamiento de la idea de que lo masculino es el punto de referencia universal por defecto. El resultado práctico es que “lo humano” se asume masculino, salvo que se demuestre lo contrario.

Aunque sea gramaticalmente correcto usar el masculino genérico para referirse a un grupo que no está compuesto exclusivamente por hombres, su doble función, genérica y específica, produce una ambigüedad. Piense, por ejemplo, en una niña que tuvo que preguntarse si, cuando le decían “feliz día del niño”, ese mensaje también estaba dirigido a ella o solamente a sus compañeros hombres. Piense ahora en una campaña de prevención del maltrato infantil que se dirige a “los niños”. Una niña que escucha ese mensaje, y reconozca en las situaciones descritas experiencias que también le suceden a ella, puede preguntarse si la campaña también la incluye o si eso que se describe solo es maltrato cuando es hacia niños de sexo masculino. Esa duda puede parecer pequeña, pero muestra cómo la ambigüedad en el uso del lenguaje se ve en la vida real. Si bien hasta este punto podríamos decir que la única implicación del masculino genérico es la probabilidad de cometer un error de clasificación, su uso tiene otras consecuencias prácticas y reales.

Una revisión reciente de 41 estudios experimentales tiene dos conclusiones relevantes, por un lado, en la literatura científica se muestra que usar formas de lenguaje inclusivo, como los desdoblamientos (ej: “niñas y niños”), no perjudica la comprensión, el tiempo de lectura ni la calidad del texto. En promedio, las personas leen con la misma velocidad y entienden igual textos con desdoblamiento del lenguaje, por ejemplo, diciendo “los y las estudiantes”, que textos que usan masculinos genéricos, por ejemplo, diciendo “los estudiantes”. Es decir, el argumento de muchxs detractorxs del lenguaje inclusivo, según el cual estas formas “complican” o “afean” la comunicación, no se sostiene con los datos. 

Por otro lado, estas estrategias de lenguaje sí producen efectos positivos medibles y son precisamente estos efectos los que resultan relevantes cuando hablamos de mensajes en contextos en los que ser incluidx en el mensaje puede marcar la diferencia.

Uno de hallazgos más contundentes tiene que ver con la representación y autopercepción de las niñas. Un estudio de 2025 con población infantil encontró que las niñas que leían historias con uso de desdoblamientos (“las y los policías” en vez de solo “los policías”) no solo imaginaron más mujeres en esas historias, es decir que se favorecieron representaciones de mujeres y hombres más equilibradas, sino que también mostraron mayor confianza en su propia capacidad frente a distintas ocupaciones, particularmente en las tradicionalmente masculinas. Por ejemplo, niñas que leían una historia sobre “los y las bomberas” se sentían más confiadas en su capacidad en ser bomberas que niñas que leían la misma historia sobre “los bomberos”. Un detalle importante, estos desdoblamientos no afectaban a los niños. Es decir, los niños hombres estaban igualmente confiados en ser bomberos independientemente del uso o no de desdoblamientos en las historias que leían. Es decir: nombrar explícitamente a las niñas no es un gesto simbólico que solo afecta cómo se ve el texto, sino que cambia cómo las niñas se imaginan el mundo y lo que creen de sí mismas y, particularmente, lo que creen que pueden hacer en un futuro, sin que esto afecte a los niños de sexo masculino.

El segundo hallazgo tiene que ver con cómo se percibe a otras personas. Un estudio encontró que, cuando una oferta laboral se escribía en masculino genérico (por ejemplo “se programador”), las candidatas mujeres eran evaluadas como menos aptas para cargos de alto nivel que los candidatos hombres. Cuando la misma oferta usaba desdoblamientos (ej. “se busca programador o programadora”), esa diferencia desaparecía. El lenguaje que usamos para describir oportunidades no es neutro y podría afectar a quién imaginamos capaz de ocuparlas.

A esto se suma la evidencia reciente sobre representación mental que muestra que, frente a un texto en masculino genérico, las personas tienden a imaginar predominantemente hombres. Por ejemplo, al hablar de “los atletas de la delegación olímpica” las personas se imaginan un grupo de atletas compuesto mayoritariamente de hombres. En cambio, otras formas de lenguaje como los desdoblamientos (“los y las atletas de la delegación olímpica”) producen representaciones más equilibradas entre géneros y las personas se imaginan un grupo de atletas relativamente igualitario en cuanto a género. En otras palabras, cuando el lenguaje no nombra explícitamente a las niñas, ellas son menos visibles y representadas en la imagen mental que nos hacemos de “la niñez”.

Si la misión de una entidad como el Icbf es proteger a las niñas y niños y adolescentes, entonces dejar de nombrarlas no es un ajuste de estilo neutro, tiene un costo en su representación, motivación y percepción de sí mismas y de personas adultas que puedan ayudarlas. 

Cómo seguir nombrando: algunas estrategias 

La buena noticia es que nombrar de forma inclusiva en español no requiere fórmulas forzadas ni recursos que compliquen la lectura. La evidencia respalda alternativas simples y ya probadas:

  • Usar desdoblamientos cuando el contexto lo amerite (“niñas y niños”, “las mujeres y los hombres”), especialmente en temas de género, violencia o derechos específicos de un grupo, máxime si se trata de un tema, como el abuso sexual, que afecta más fuertemente a las mujeres que a los hombres. 
  • Reservar los colectivos neutros para contextos genuinamente generales donde la distinción de género no es relevante. “Niñez” o “infancia” son útiles cuando se habla de la población infantil en abstracto, pero no deberían reemplazar sistemáticamente la mención explícita cuando el tema concierne específicamente a las niñas. Para el caso del Icbf, las niñas son víctimas a riesgos que son menos frecuentes en sus compañeros por lo que nombrarlas específica y explícitamente es de vital importancia
  • No usar la “simplificación del lenguaje” como excusa. Fechas y marcos como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y la Niña existen porque nombrar explícitamente visibiliza violencias específicas; diluirlos en categorías genéricas no es neutralidad, es retroceso e invisibilización.

Nombrar no es un capricho gramatical. Es, según la evidencia disponible hasta el momento, una de las formas más simples de representar y visibilizar grupos que han sido típicamente excluidos. Esto es el primer paso para poder de hecho proteger y cuidar a estos grupos.