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Roncar podría ser una señal de alerta para el corazón y el cerebro

Roncar podría ser una señal de alerta para el corazón y el cerebro
Roncar de manera habitual no siempre es una característica inofensiva del sueño. Cuando el ronquido aparece acompañado de pausas al respirar, sensación de ahogo, somnolencia durante el día o dolor de cabeza al despertar, puede ser una señal de apnea del sueño, un trastorno que afecta la calidad del descanso y puede tener consecuencias cardiovasculares y cerebrales.

“El ronquido no es tan benigno como siempre lo hemos pensado”, advierte la doctora Shirley Ramírez, otorrinolaringóloga de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad del Rosario, con entrenamiento en medicina y cirugía del sueño y directora del capítulo de trastornos respiratorios del sueño de la Sociedad Colombiana de Otorrinolaringología.

Aunque un ronquido ocasional puede aparecer durante una gripa, una rinitis o después del consumo de alcohol, la situación cambia cuando se convierte en algo frecuente. Se considera ronquido habitual cuando ocurre al menos tres veces por semana durante tres meses. Según los datos recogidos por la especialista, entre el 10 % y el 20 % de la población podría presentar este tipo de ronquido y, aproximadamente, uno de cada tres roncadores habituales podría tener apnea del sueño.

¿Qué ocurre cuando una persona ronca?

El ronquido aparece cuando el aire encuentra una obstrucción en la vía aérea superior y hace vibrar los tejidos blandos de estructuras como la nariz, el paladar, la orofaringe, las amígdalas o la lengua.

El problema adquiere mayor relevancia cuando esa obstrucción llega a interrumpir temporalmente la respiración. En la apnea del sueño, la vía aérea puede cerrarse durante algunos momentos de la noche, dificultando el paso del aire hacia los pulmones.

El organismo responde entonces con pequeños despertares o microalertamientos que permiten recuperar la respiración. Aunque la persona puede no ser consciente de estos episodios, el sueño se fragmenta repetidamente y el cuerpo permanece en un estado de activación que debería estar ausente durante el descanso.

El corazón y el cerebro también están involucrados

La falta de oxígeno y los despertares repetidos durante la noche activan el sistema nervioso simpático y pueden aumentar la presión arterial. De acuerdo con la doctora Ramírez, este proceso puede favorecer problemas como arritmias, falla cardíaca y accidentes cerebrovasculares.

Pero las consecuencias no se limitan al sistema cardiovascular. La fragmentación del sueño dificulta alcanzar adecuadamente las fases profundas del descanso, fundamentales para procesos como la consolidación de la memoria y el aprendizaje.

Durante el sueño profundo también tienen lugar procesos relacionados con la eliminación de sustancias de desecho del cerebro. Por eso, un descanso interrumpido de manera constante puede tener efectos que van mucho más allá de levantarse cansado al día siguiente.

En Colombia, la dimensión del problema también llama la atención. Estudios disponibles estiman que entre el 19 % y el 27 % de la población podría presentar apnea del sueño moderada o severa. A nivel mundial, se estima que alrededor de 1.000 millones de personas viven con este trastorno.

¿Cómo saber si el ronquido requiere atención?

Una de las dificultades para identificar la apnea del sueño es que quien la presenta puede no darse cuenta de lo que ocurre mientras duerme. En estos casos, la persona que comparte la habitación puede convertirse en quien detecte las primeras señales.

Un patrón especialmente importante es el de una persona que ronca, deja de respirar durante unos segundos, vuelve a tomar aire y continúa roncando. También pueden aparecer despertares frecuentes, sensación de ahogo, palpitaciones, dolor de cabeza al despertar, irritabilidad, dificultad para concentrarse y la sensación de no haber descansado pese a haber dormido varias horas.

Quienes duermen solos también pueden identificar algunas señales. Despertarse sin energía después de dormir alrededor de ocho horas, experimentar somnolencia durante el día, presentar microsueños, levantarse con dolor de cabeza, despertarse repetidamente durante la noche o sentir ahogo son motivos para consultar a un profesional de la salud.

Los microsueños merecen especial atención. La somnolencia asociada a la apnea puede provocar que una persona se quede dormida durante actividades que requieren concentración, como conducir. Un antecedente de microsueño durante un viaje largo, particularmente si llegó a producir un accidente, debe considerarse una señal para evaluar la posibilidad de apnea del sueño.

En los niños, las señales pueden ser diferentes

La apnea del sueño no necesariamente se manifiesta de la misma manera en adultos y niños. Mientras en los adultos puede aparecer como somnolencia durante el día, en los menores puede expresarse mediante hiperactividad, irritabilidad, cambios de comportamiento, bajo rendimiento escolar o conductas desafiantes.

La respiración predominantemente oral y el aumento del tamaño de las amígdalas o del tejido adenoideo pueden favorecer la obstrucción de la vía aérea. La especialista señala que existe un pico de crecimiento de este tejido entre los 3 y 5 años, por lo que los cambios en el comportamiento o en el rendimiento escolar, los movimientos excesivos durante la noche o la respiración oral pueden ser motivos de consulta.

Esto resulta especialmente relevante durante la infancia porque el sueño profundo participa en procesos asociados con el crecimiento y el neurodesarrollo.

¿Qué hacer si una persona ronca habitualmente?

El primer paso es consultar a un profesional de la salud. Los trastornos del sueño pueden ser evaluados por especialistas como otorrinolaringólogos, neumólogos, neurólogos o psiquiatras y, en el caso de los niños, por pediatras con formación en sueño.

Mientras se realiza la valoración, algunas medidas generales pueden contribuir al cuidado del sueño, como evitar el consumo de alcohol y cigarrillo, procurar dormir de lado y mantener una adecuada higiene del sueño.

La doctora Ramírez también recomienda evitar comer durante las horas previas a dormir. Según explica, dejar varias horas entre la última comida y la hora de acostarse puede ayudar a reducir problemas de reflujo que podrían favorecer la inflamación y el cierre de la vía aérea.

El mensaje, sin embargo, es sencillo: no hay que acostumbrarse al ronquido como si fuera una característica normal del sueño.

Cuando es habitual o está acompañado de pausas respiratorias, somnolencia, microsueños, sensación de ahogo o un sueño que no resulta reparador, puede ser momento de consultar.

 

“Lo más importante es consultar a tiempo”, concluye la especialista.