Periodistas al límite: precariedad, censura y éxodo en las redacciones
Por:Ximena Serrano Gil
Foto:XSerrano, URosario
Cultura y sociedad
Por:Ximena Serrano Gil
Foto:XSerrano, URosario
El periodismo es una pasión insaciable que solo puede digerirse y humanizarse mediante la confrontación descarnada con la realidad”. Esta frase de Gabriel García Márquez hoy resuena no como una motivación romántica, sino como una advertencia de supervivencia.
Ser periodista no es simplemente “contar hechos”; es habitar el ojo del huracán, ese espacio incómodo donde la verdad forcejea con el silencio, los intereses y la ética. El periodista es un veedor de la sociedad, pregunta, contrasta, valida, arriesga su integridad física y, sin embargo, con frecuencia lo hace desde la precariedad: donde la integridad física y mental se hipoteca a cambio de contratos que apenas rozan la dignidad y que quebrantan su vocación por el ejercicio.
Para entender la magnitud del problema, no basta con las quejas de pasillo. Hacía falta análisis, datos y una mirada crítica. La investigación titulada “Condiciones laborales de los periodistas en Colombia”, publicada en la revista Doxa Comunicación, le puso cifras a un secreto a voces: el periodismo en el país atraviesa una crisis estructural de precariedad que pone en jaque no solo el bienestar de los profesionales, sino el equilibrio de la profesión.

Foto: XSerrano URosario
Liderado por los investigadores Diego García Ramírez, Paulina Morales Valencia y Óscar Parra Castellanos —del group de investigación Ética Aplicada, Trabajo y Cambio Social de la Escuela de Ciencias Humanas, de la Universidad del Rosario—, el estudio es una necesaria radiografía del ecosistema mediático nacional.
La precariedad que señala la investigación no es un accidente sino una característica instalada en el sistema mediático colombiano, agudizado con la crisis contemporánea de los medios donde, “los periodistas asumen los riesgos que antes correspondían a las empresas, esto se traduce en profesionales que además de aportar sus propios equipos (computadores, cámaras, celulares) recursos y contactos, están bajo condiciones laborales incertidumbres, inestables e inseguras” señala García Ramírez.
El estudio, basado en una encuesta de 44 preguntas a 271 periodistas de diferentes regiones del país, revela un panorama desolador: solo el 44,3% de los entrevistados tienen un contrato a término indefinido. El restante 56% realiza el oficio en la inestabilidad contractual, lo que significa vivir en el limbo de la prestación de servicios y los contratos a término fijo, y con la imposibilidad de proyectar un futuro estable. Un 16,9% o no tiene contrato o trabaja por pauta o cupo publicitario.
La investigación titulada Condiciones laborales de los periodistas en Colombia, publicada en la revista Doxa Comunicación, le puso cifras a un secreto a voces: el periodismo en el país atraviesa una crisis estructural de precariedad que pone en jaque no solo el bienestar de los profesionales, sino el equilibrio de la profesión.

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Si hay un sector donde la crisis se ensaña, es la radio, a pesar de que sigue siendo una poderosa fuente de información para los colombianos según el Digital News Report 2025 del Reuters Institute. Colombia es un país radial por excelencia, es el medio que llega a los territorios más remotos y el que marca la agenda nacional cada mañana. Sin embargo, detrás de esas voces potentes y seguras, se esconde la realidad más dura del gremio.
Según la investigación del Rosario, el 78,5% de los periodistas radiales labora más de 12 horas diarias. Es una jornada que excede cualquier estándar legal y lo más indignante es que, la gran mayoría, lo hace sin reconocimiento de horas extras ni recargos nocturnos. El periodista radial en las regiones de Colombia es, a menudo, un “todero” que debe vender pauta publicitaria para pagar su propio espacio, redactar notas, locutar y, además, gestionar las redes sociales del medio. La noticia no descansa y el periodista tampoco.
El periodismo siempre ha sido una profesión de clase media, pero el estudio revela que incluso ese estatus es hoy un privilegio de pocos. Los salarios percibidos varían según el formato de trabajo, con la radio concentrando los mayores salarios, luego la prensa y la TV.
Pero para tener una idea de la precariedad, el estudio enseña que la experiencia y los años de trabajo no aseguran el bienestar económico: a pesar de que quienes reciben salarios de más de 5 millones al mes son quienes llevan más de 21 años ejerciendo, para el 2023 un 16,4 % de este grupo ganó menos del salario mínimo (SMMLV). En total, un 45 % de los periodistas de radio asegura recibir menos del SMMLV para el 2023, seguido por el 36 % de los periodistas de medios digitales, y 9 %, de la televisión.
La Encuesta Nacional de Libertad de Expresión 2025, realizada por la Fundación para la Libertad de Prensa - FLIP y Cifras & Conceptos, complementa los hallazgos del grupo de investigación: Solo el 20% de los periodistas encuestados gana más de 5 millones de pesos colombianos al mes (aproximadamente 1.350 dólares).
Otro 20% recibe entre 4 y 5 millones (1.080 dólares). La gran masa restante, el 60%, sobrevive con salarios que apenas rozan el mínimo legal. (800 dólares)
El desafío no es solo publicar, sino hacerlo con criterio y verdad, entendiendo que la integridad es el único valor real que el periodista se lleva a casa y la garantía de que su credibilidad está intacta.
Una crisis global con acento local
Desde la implementación del periodismo digital, la industria de las noticias atraviesa una crisis estructural, y la reducción de empleos y la precarización laboral se han convertido en tendencias globales. La caída en picada de los ingresos publicitarios tradicionales, la irrupción de algoritmos que dictan qué es noticia, la desconfianza del público y el cambio de roles en empresas editoriales como diagramadores, archivadores o preprensa, han creado una tormenta. Mientras en el Norte Global gigantes como NBC, Time Magazine o Los Angeles Times anuncian despidos masivos, en el contexto latinoamericano ocurre algo similar: un estudio realizado por la Federación Nacional de Periodistas de Brasil en 2023 mostró que, entre 2013 y 2021, se perdieron cerca de 13 mil empleos en el sector del periodismo.
Aunque Colombia adolece de cifras oficiales sobre el número de periodistas en los medios y de los despidos en el gremio, la situación es compleja. La investigación documenta cómo en los últimos años han cerrado medios de comunicación o se han producido despidos masivos en casas editoriales tradicionales como El Tiempo, El Espectador, las revistas Arcadia y Dinero en 2020, la salida de operaciones de la Editorial Televisa y el cierre del periódico Q’hubo en Cali. Esta espiral de recortes crea un clima de incertidumbre donde, como señala García Ramírez, “los que quedan en las redacciones asumen más trabajo por el mismo salario y bajo la amenaza constante de ser los siguientes en la lista de despidos”.
El balance al cierre de 2025, indica que en Colombia hay menos periodistas en ejercicio. De acuerdo con La Silla Vacía, la fusión de RCN Cadena Básica y La FM, la de W Radio con Caracol Radio, y los recortes de El Tiempo y de El Espectador, dejaron sin trabajo más de 80 periodistas aproximadamente. Muchos de estos periodistas iniciaron proyectos independientes alternativos que, en algunos casos, los enfrenta a las mismas dinámicas de inestabilidad.
Dignidad vs calidad
La investigación de la Universidad del Rosario, galardonada con el Premio Nacional de Periodismo 2025 del Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB) a la Mejor Investigación Académica, establece una conexión directa entre la dignidad laboral y la calidad de la información que recibe la ciudadanía. Al respecto, García Ramírez indica que “en gran medida, un periodista que está mal remunerado, con presión para producir muchos contenidos que solo se traducen en más ´clics´ y, además, agotado por las largas jornadas, hace mal periodismo. No hay investigación y eso impacta la información que consume la ciudadanía”.
No se puede hablar de desigualdades sin abordar la persistente brecha de género, pues los datos confirman que las mujeres periodistas suelen tener peores condiciones laborales. El estudio del Rosario muestra que mientras el 25% de los hombres tiene contrato indefinido, solo el 19,1% de las mujeres accede a esta garantía, aun cuando ambos realizan las mismas actividades. “Esto es realmente contradictorio, teniendo en cuenta que en las facultades de comunicación y periodismo la relación [de estudiantes] es más o menos de 60 por ciento mujeres, 40 por ciento hombres, quizás más alto incluso”, manifiestan los investigadores.
El grupo de investigación del Rosario, galardonado con el Premio Nacional de Periodismo 2025 del Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB) a la Mejor Investigación Académica, establece una conexión directa entre la dignidad laboral y la calidad de la información que recibe la ciudadanía.
A pesar del panorama, a pesar del bajo salario y el cansancio acumulado, hay una convicción profunda: contar bien la realidad es una forma de cuidar la democracia. En esa tensión entre vocación y desgaste, el periodista persiste y reafirma cada día su compromiso, no desde la comodidad, sino buscando la verdad y con su compromiso con la gente que merece conocerla.
El gremio periodístico necesita liderar una discusión profunda sobre sus derechos laborales que trascienda a las agendas públicas e involucre a todos los actores clave: dueños de medios, academia, sectores público y privado, y la sociedad civil.
La paradoja del periodismo actual es que quien custodia la democracia suele ser quien menos garantías económicas tiene para sostener su propia vida.
El "círculo vicioso" de la pauta y la independencia
Es este escenario de falta de garantías que convierte a los comunicadores en débiles contrapuntos ante agentes extraperiodísticos, como por ejemplo los poderes políticos o económicos, que aprovechan su vulnerabilidad para coaccionarlos o amedrentarlos, comprometiendo la objetividad de la cobertura noticiosa. En este sentido, la investigación de la Universidad del Rosario no es solo un estudio laboral; es una alerta sobre la viabilidad de la libertad de prensa en Colombia.
Uno de los argumentos más potentes del estudio, reforzado en diálogo con los investigadores, es el impacto de la crisis de financiación. Con la caída de los ingresos publicitarios tradicionales, para muchos medios —especialmente en las regiones— el único salvavidas es la pauta oficial de las alcaldías y gobernaciones, lo que termina silenciando la crítica y convirtiendo la noticia en propaganda. Esos medios corren el riesgo de convertirse en una extensión de la oficina de prensa oficial, renunciando a su papel de veedor del poder.

Foto: archivo
Esto se corrobora en el informe Cómo se vive y se sobrevive al periodismo en Colombia (2025) de la FLIP, que indica que dos periodistas de cinco “ha omitido publicar información por temor a perder pauta oficial”, y un tercio “por miedo a sanciones administrativas o presiones institucionales”. Además, el conocimiento por parte de los periodistas de que los medios han dejado de publicar historias por miedo a perder publicidad aumentó drásticamente, pasando del 44% en 2023 al 61% en 2025.
Así, la rigurosidad deja de ser una norma técnica para convertirse en un escudo moral. El desafío no es solo publicar, sino hacerlo con criterio y verdad, entendiendo que la integridad es el único valor real que el periodista se lleva a casa y la garantía de que su credibilidad está intacta.
¿Adiós a una vocación?

Diego García Ramírez, profesor de la Escuela de Ciencias Humanas de la Universidad del Rosario, indica que “en gran medida, un periodista que está mal remunerado, con presión para producir muchos contenidos que solo se traducen en más ´clics´ y, además, agotado por las largas jornadas, hace mal periodismo…”.
Quizás el hallazgo más impactante de la investigación de García, Morales y Parra es que más del 52% de los periodistas encuestados está dispuesto a abandonar la profesión. “No se trata de un simple deseo de cambiar de empresa, sino de retirarse definitivamente del periodismo para dedicarse a labores más rentables y menos estresantes como las relaciones públicas, el marketing o la docencia, y no es porque no ame el periodismo, sino porque las condiciones bajo las cuales hace periodismo no son satisfactorias”, puntualizó el docente García.
Esta postura reviste un gran impacto, pues no se trata de un grupo particular, es un fenómeno transversal que está presente en jóvenes recién egresados, profesionales con hasta 20 años de ejercicio, hombres y mujeres con diferentes niveles de ingreso. Solo los periodistas con más de 21 años de trayectoria manifestaron continuar ejerciendo. Como advierte el estudio, cada periodista que abandona el oficio es una “memoria que se pierde” y una voz menos fiscalizando al poder. “Es grave que no tengamos periodistas haciendo periodismo, porque ¿en manos de quién queda entonces la producción de información?”, cuestiona García Ramírez.
La investigación plantea que la búsqueda de soluciones debe ser colectiva. El gremio periodístico necesita liderar una discusión profunda sobre sus derechos laborales que trascienda a las agendas públicas e involucre a todos los actores clave: dueños de medios, academia, sectores público y privado, y la sociedad civil.
Urge una agremiación sólida, ya que el sindicalismo en los medios de comunicación en Colombia es actualmente débil, estigmatizado o inexistente. Esta falta de una voz gremial unificada es, precisamente, lo que ha permitido que las condiciones laborales se degraden año tras año sin encontrar una resistance real que las detenga.
La paradoja del periodismo actual es que quien custodia la democracia suele ser quien menos garantías económicas tiene para sostener su propia vida. Esta realidad configura el perfil de un profesional que debe luchar contra las precariedades laborales y aun así, decide proteger el derecho y el privilegio de informar.