La inteligencia artificial está transformando la manera en que se investiga, se analiza información y se toman decisiones. Pero sus implicaciones van mucho más allá de la tecnología: plantean preguntas para el derecho, las ciencias sociales, la economía, la comunicación y las políticas públicas.
Las posibilidades que abren estas tecnologías, pero también sus límites, riesgos y responsabilidades, fueron el eje de IA y Fronteras del Conocimiento, una jornada académica con la que la Universidad del Rosario propició un diálogo entre distintas disciplinas frente a uno de los debates que está transformando la producción de conocimiento.
La jornada tuvo como invitado internacional a Andrés Laverde, investigador del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea —Joint Research Centre (JRC)— y de la Universidad de Konstanz. Durante la conferencia IA + ciencia: el futuro que ya estamos viviendo, Laverde presentó experiencias relacionadas con modelos de lenguaje, análisis de redes sociales y procesamiento de grandes volúmenes de información para comprender fenómenos sociales y aportar evidencia a la toma de decisiones.
Uno de los puntos centrales de su intervención fue que el reto está en aprovechar las capacidades de los sistemas existentes y utilizarlos de manera estratégica para procesar información y apoyar mejores decisiones. También planteó su potencial para acercar las políticas públicas a las necesidades de las personas, siempre que exista una discusión crítica sobre los datos, los sesgos y la forma en que estas herramientas son utilizadas.
Una conversación desde distintas disciplinas
El encuentro continuó con el conversatorio¿Quién decide el futuro? Inteligencia artificial y conocimiento científico en la era de los algoritmos, con la participación de Andrés Laverde; Erick Rincón, decano de la Facultad de Jurisprudencia; Óscar Robayo Pinzón, profesor y director del programa de Marketing y Negocios Digitales de la Escuela de Economía y Negocios; y Diego García Ramírez, profesor del programa de Comunicación y Periodismo Digital de la Escuela de Estudios Sociales, Políticos e Internacionales, quien moderó la conversación.
Desde diferentes perspectivas, los invitados coincidieron en que el avance de estas herramientas obliga a reforzar capacidades profundamente humanas. Para Laverde, el pensamiento crítico adquiere todavía más relevancia en la investigación: “La IA puede redactar, procesar y revisar enormes cantidades de información, pero formular buenas preguntas, evaluar ideas y comprender por qué vale la pena investigar es un problema que sigue siendo una responsabilidad de las personas”.
Desde el derecho, Rincón señaló la necesidad de repensar la formación y la práctica profesional frente a tareas que la inteligencia artificial puede asumir cada vez con mayor facilidad. En ese escenario adquieren mayor importancia capacidades como la argumentación, la comunicación, la asesoría y la comprensión particular de los problemas. También puso sobre la mesa la necesidad de fortalecer en Colombia la gobernanza de los datos antes de avanzar en discusiones regulatorias más amplias sobre inteligencia artificial.
Robayo, por su parte, llevó la conversación hacia el comportamiento de las personas y la tensión entre personalización y privacidad. El uso creciente de datos permite ofrecer servicios cada vez más ajustados a los usuarios, pero también exige mayor alfabetización para que las personas comprendan qué información están entregando y cómo puede ser utilizada. Además, destacó el valor de factores como la empatía, la creatividad, el propósito y la comprensión social, elementos que difícilmente pueden reducirse a una respuesta puramente automatizada.
De los datos a las decisiones públicas
La jornada cerró con la clase magistral Gobernanza de la inteligencia artificial: evidencia científica y políticas públicas para una innovación responsable, que profundizó en la relación entre tecnología, evidencia y decisiones públicas.
En este escenario también surgió la importancia de fortalecer el acceso responsable a los datos públicos. Para Laverde, contar con información abierta, cuando su naturaleza lo permita, puede aumentar la transparencia, facilitar el escrutinio ciudadano y brindar a investigadores y comunidades nuevas herramientas para desarrollar soluciones y mejores políticas públicas.
La jornada académica dejó sobre la mesa una reflexión transversal: aprovechar las capacidades de la inteligencia artificial requiere algo más que comprender la tecnología, exige pensamiento crítico, criterios éticos, una adecuada gobernanza de los datos y conversaciones entre disciplinas capaces de analizar sus efectos sobre la ciencia, las instituciones y la sociedad.

Pie de foto: La jornada tuvo como invitado internacional a Andrés Laverde, investigador del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea —Joint Research Centre (JRC)— y de la Universidad de Konstanz, quien presentó experiencias relacionadas con modelos de lenguaje, análisis de redes sociales y procesamiento de grandes volúmenes de información para comprender fenómenos sociales y aportar evidencia a la toma de decisiones.
