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Mutis, médico humanista [1]

Leonardo Palacios Sánchez MD

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Leonardo Palacios Sánchez
Profesor Emérito de Neurología
Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud
Universidad del Rosario

La medicina es la más humana de las ciencias, y la más científica de las humanidades. 

Edmond Pellegrino (1920-2013).

José Celestino Mutis (1732-1808) mostró muy diversos intereses a lo largo de su vida, y se desempeñó en múltiples áreas: matemáticas, botánica, mineralogía, astronomía, zoología y medicina. Entre ellas, la botánica es la más conocida. Sin embargo, es muy importante tener en cuenta que, ante todo, fue un médico, con conocimientos profundos y actualizados. Llegó al Nuevo Reino de Granada como médico personal del virrey Pedro Messía de la Cerda, y durante los 47 años que permaneció allí, ejerció siempre su profesión. Además de las actividades mencionadas, se ordenó sacerdote en 1772, a los 40 años. Estas notas abordan su formación como médico, la forma como ejerció su profesión, y sus aportes.

Algunos datos sobre la formación médica de Mutis

Estudió Medicina en el Real colegio de cirugía de Cádiz, institución a la cual ingresó el 15 de noviembre de 1749. Su acta de grado de Bachiller en Medicina, está fechada 17 de mayo de 1753, de la Universidad de Sevilla. Se puede observar que realizó estudios de medicina en Cádiz, alternando con cursos de artes, filosofía y medicina en la Universidad de Sevilla. Regresó a Cádiz para realizar, junto a un médico revalidado, los dos años de medicina práctica que se requerían para presentarse ante el Real Tribunal del Protomedicato lo cual le permitía obtener la licencia necesaria para ejercer. Mutis demoró cuatro años, se presentó en 1757 ante dicha institución, recibiendo una certificación de práctica firmada por el doctor don Pedro Fernández de Castilla.

Posteriormente se trasladó a Madrid, convocado por Pedro de Virgili, médico de cámara del monarca Fernando VI. Durante su estancia en dicha ciudad fue nombrado profesor interino de la cátedra de anatomía del Hospital General de la Armada, siendo el titular don Bernardo López. Por ese entonces, el célebre ministro de Guerra y Estado, Ricardo Wall, había considerado el nombre de Mutis para ir a Londres y a otras cortes a continuar su carrera como médico, pero su viaje a América lo impidió. Todos los biógrafos coinciden al señalar que durante esa época de su vida alternaba su actividad como docente de anatomía con la asistencia al Jardín Botánico de Madrid, donde tuvo la oportunidad de conocer y trabajar con el médico catalán Miguel de Barnadés; así, aprendió la taxonomía botánica de Carlos Linneo en el Jardín del Soto de Migas Calientes. Adicionalmente, tuvo la oportunidad de adquirir conocimientos en zoología, matemáticas, física y astronomía; esta última a instancias de Jorge Juan y Santacilia. Tuvo la oportunidad de viajar a Londres para continuar su formación, pero prefirió venir al Nuevo Reino de Granada como médico personal del virrey Pedro Messía de la Cerda.

Se embarcó rumbo a América, en la cañonera La Castilla el 7 de septiembre de 1760, y llegó a Santafé de Bogotá el 24 de febrero de 1761. Meses antes, cuando se dirigía de Madrid a Cádiz, inició su Diario de Observaciones, en el cual consignó, hasta 1791, buena parte de sus impresiones, dejando entre otras, múltiples anotaciones sobre la práctica de la Medicina en España. 

Una vez en la Nueva Granada, en Cartagena, en Mompox, y en el trayecto hacia Santafé de Bogotá, ejerció con frecuencia su profesión como médico.

Mutis, y la medicina en la Nueva Granada

A su llegada a Santafé de Bogotá, el 24 de febrero de 1761, el rector del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, José Joaquín León y Herrera, le ofreció a Mutis dictar la cátedra de medicina. Sin embargo, este consideró que las condiciones no eran las más adecuadas y que era necesario preparar previamente el ambiente mediante la enseñanza de las matemáticas y de la física.

Las condiciones de la medicina que encontró eran muy precarias. No había casi médicos en la ciudad y las condiciones higiénicas eran muy pobres. Aunque en España la medicina se había modernizado durante el reinado de Carlos III, la disciplina en la Nueva Granada no había avanzado  desde la Conquista. Aceptó, sin embargo, dictar la cátedra de matemáticas en el Colegio Mayor; Nuestra Señora del Rosario. Esta se inauguró el 16 de marzo de 1762 en la capilla de nuestra señora de la Bordadita. A su vez, la de medicina se suspendió en ese mismo año, y se reiniciaría, bajo la orientación de Mutis, hasta 1802. Mutis señalaba también que el hecho de no aceptar la Cátedra de Medicina obedecía, entre otras cosas, a su profundo interés por la historia natural. Sin embargo, prepararía a un discípulo en privado, el hermano de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios Miguel de Isla, quien más tarde sería el profesor de Cátedra Prima en el momento de la restauración de los estudios médicos. En 1784, Mutis fue nombrado miembro de la Academia de Ciencias de Estocolmo, correspondiente del Real Jardín Botánico de Madrid y miembro de la Real Academia de Medicina. Debe señalarse que, a pesar de no aceptar dirigir la Cátedra de Medicina, sí dedicó gran parte de su vida al ejercicio de su profesión. En carta dirigida a su amigo Francisco Martínez de Sobral señalaba: “Mi principal ocupación ha sido en treinta años el ejercicio de la medicina con las alternativas de gustos y amarguras que produce la facultad en corazones tiernos y sensibles hacia el bien del prójimo”. Intentaba abarcar muchas áreas de manera simultánea: botánica, medicina, mineralogía, matemáticas, y le era muy difícil lograr mantenerse activo en todas ellas. 

Buscaba, entonces, colaboradores que lo remplazaran en algunas de ellas. Refiriéndose nuevamente a la medicina, señala: “Dudo que médico alguno pueda tener práctica más abundante, faltándome siempre el tiempo para asistir a un número infinito de enfermos, que me solicitan”. 

Restauración de los estudios médicos en el CMNSR. 

Ante una delicada situación frente a las condiciones de salud en el Nuevo Reino de Granada, el Rey Carlos IV (1748-1819) ordenó que se investigara sobre lo que estaba aconteciendo por lo cual se realizaron tres estudios por diferentes facultativos: Sebastián López Ruiz, Honorato Vila y José Celestino Mutis. El informe de Mutis señalaba que había múltiples dificultades en el área de la salud pública y que la mejor solución radicaba en la creación de una facultad de medicina. Señaló cómo las cátedras podrían ser dictadas por Sebastián López Ruiz, Honorato Vila, Miguel de Isla y el propio Mutis. Miguel de Isla, hermano de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios no estaba titulado, por lo que se generó una polémica en torno a si debía ser o no catedrático de medicina. Dicha pugna terminó cuando, el 2 de abril de 1802, llegó a Santafé de Bogotá la Real Cédula de Carlos IV, expedida el 2 de octubre de 1801, mediante la cual se autorizaba a de Isla para ejercer el cargo de catedrático interino de la cátedra, en bien de la salud pública del Reino.

El plan de estudios se basó en el de la Universidad de Sevilla, elaborado por Pablo de Olavide, en 1768. El plan provisional de 1804 es prácticamente una copia del de Olavide y en el definitivo, de 1805, ya lo cita. El de 1805 tiene algunas modificaciones. Mutis propone dedicar el cuarto y el quinto año al estudio de Hipócrates e introdujo la práctica de disecciones a cadáveres dentro de la formación médica.

El sabio Mutis estudió diferentes plantas medicinales, pero el descubrimiento de quina medicinal en Tena, en 1770, fue de la mayor importancia. Estudió con ahínco y dedicación las virtudes de dicha planta, la forma de diferenciarla de quinas no medicinales, y la técnica para preparar, a partir de su corteza, la fórmula con acción farmacológica contra diferentes condiciones, pero particularmente las fiebres palúdicas. Las virtudes de la planta eran, a juicio de Mutis, diferentes de acuerdo con el color. Así, la naranjada era superior a la amarilla, a la roja y a la blanca. Describió cuidadosamente siete especies de quina, y dejó instrucciones sobre su aplicación curativa en bebidas fermentadas. Lo anterior producto de la relación de Mutis con los indígenas quienes le suministraron toda la información sobre los métodos de preparación de la quina, que ellos usaban de manera diaria.

Contrario a lo que podría imaginarse, las publicaciones científicas del sabio Mutis fueron muy escasas. Dejó muchos apuntes sueltos, gran número de observaciones en sus diarios y un gran epistolario. Su única obra concluida fue El Arcano de la quina, publicada por entregas en el Papel Periódico de Santafé de Bogotá que dirigía Manuel del Socorro Rodríguez, en 1793. Así mismo, promovió la creación de un estanco de la quina y se involucró de manera decidida en la comercialización de este producto, por lo que alcanzó jugosas ganancias económicas.

La obra fue publicada de manera póstuma en Madrid en 1828 y en 2008, dentro de las diferentes actividades para conmemorar 200 años de su partida, se publicó una edición en Bogotá y otra en Cádiz.

Mutis, la vacunación contra la viruela y la salud pública

En Santafé de Bogotá se presentaron varias epidemias de viruela que ocasionaron mucho daño a la población gobernantes, médicos e intelectuales se preguntaban permanentemente cómo se podría mitigar el grave daño que ocasionaba esta enfermedad. Mutis fue un enérgico defensor de la inoculación como medida preventiva. Aconsejaba, además, limpiar la ciudad, quemar las basuras, purificar el aire y aislar a los enfermos infectados.

El sabio realizó ingentes esfuerzos por inocular a todos cuantos pudo, pero las epidemias ocasionaron muchas muertes. Se calcula que en la de 1782, fallecieron 3.000 de las 15.000 personas que habitaban la capital. Una vez hubo pasado, el esfuerzo de la inoculación continuó, y cuando llegó la epidemia de 1802, el número de personas fallecidas fue mucho menor, pues no llegó a más de 300.

Un año muy importante en esta historia es 1804, pues la vacuna contra la viruela llegó al Nuevo Reino de Granada, a bordo de la corbeta María de Pita. Al mando de la expedición estaba el médico Francisco Javier de Balmis, y el subdirector era el cirujano catalán José Salvani Lleopart. En Venezuela, la expedición se abrió en dos; Balmis siguió en la corbeta y Salvani partió hacia la Nueva Granada en el bergantín San Luis. Su barco se hundió al intentar entrar por el río Magdalena y, después de muchas dificultades, logró encontrarse con el sabio Mutis, no sin antes vacunar a muchas personas en su trayecto hacia Santafé de Bogotá. Finalmente, la vacunación contra la viruela se declaró obligatoria, hecho que sería definitivo desde el punto de vista de salud pública.

Promovió una serie de medidas de la mayor importancia para mejorar las condiciones de salubridad en la Nueva Granada. Entre ellas, la fundación de ciudades lejos de lagunas con aguas estancadas, por el peligro que esto puede conllevar para la salud de sus habitantes, construcción de cementerios en las afueras de las ciudades con espacios suficientes y amplios, donde pueda circular el aire libre. El diseño de fosas con una profundidad de seis pies, hacer hogueras dentro del cementerio cuando el viento se encuentra en calma y procurar que tenga desagües adecuados, colocar cal en las sepulturas y, finalmente, sembrar una arboleda dentro del cementerio.

Un gran humanista

Su enfoque multidisciplinario y su dedicación al conocimiento como motor del progreso, personificando el ideal del hombre ilustrado. Como científico, botánico, médico, matemático y sacerdote, promovió la razón, la investigación y la educación moderna, dejando un legado científico y cultural en Colombia y Hispanoamérica.

Fue, además, un exponente de la Ilustración, la cual consideraba la razón la herramienta principal para alcanzar la verdad. Sus actividades intelectuales y políticas sirvieron como multiplicador y orientador para las futuras generaciones

Corolario 

Mutis fue un científico ilustrado que llegó a una sociedad que estaba, en muchos temas, lejos de un mundo de conocimientos que él poseía. Quiso entrañablemente las tierras y la naturaleza del Nuevo Reino de Granada, llegando a describirlo y conocerlo como pocos. Aunque su faceta más conocida fue la de botánico, también fue un gran médico que ejerció su profesión durante muchos años, contribuyendo al bienestar del pueblo neogranadino, al atender pacientes en las más diversas circunstancias. Además, ejerció como asesor en materia de salud pública de los virreyes, y como artífice de la restauración de los estudios de medicina en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. El muy merecido apelativo de “Padre de la Medicina en Colombia” es testimonio de admiración y respeto de un pueblo al que le dejó mucho, en varios campos. Mutis es un personaje sobre el que se sigue investigando y admirando; del que estamos seguros, como señalaba el sabio sueco Carlos Linneo: “Su nombre el tiempo no lo borrará jamás”.


[1] Palabras pronunciadas durante el conversatorio “José Celestino Mutis: la obra y el legado de un pensamiento vivo” llevado a cabo el 27 de noviembre de 2025 en el Aula Mutis de la Universidad del Rosario.