Pablo A. Calderón, el cura colombiano
Tal vez menos conocida que la reforma educativa del general Santander, la reforma Ospina es parte de la historia del Colegio del Rosario en el siglo XIX.
Era 1841 y por iniciativa del presidente Herrán –nos cuenta Fernando Mayorga–, Mariano Ospina Rodríguez, ministro del Interior, se puso en la obra de reorganizar la educación primaria y secundaria. El problema por resolver era el liberalismo y la indisciplina(1), invocando de nuevo los principios de familia, Iglesia y progreso, con la probada colaboración de la Compañía de Jesús. En el plano legislativo, la Ley de 21 mayo de 1842 creó la Universidad del Primer Distrito y Colegio de San Bartolomé, poniendo bajo la dirección de un superior (con título de rector) la Universidad Central, el Colegio de San Bartolomé, el Museo y la Biblioteca Nacional. El Rosario no quedó incorporado a la naciente institución, pero sí sus cátedras de Jurisprudencia y Medicina.
Por Decreto de 20 de junio de 1842, Herrán nombró rector a Pablo A. Calderón, exrector de San Bartolomé(2). Calderón asume en la última época de la Universidad Central(3), que luego será del Primer Distrito(4). Es decir, estuvo al mando de la educación superior desde mediados de 1842 hasta fines de 1846.

Diploma de la Universidad Central de Bogotá, 1842, firmado por el Dr. Calderón. AHUR caja 38 f. 337.
Antes de seguir, veamos cuánto sabemos del agraciado personaje. Pablo Agustín María Calderón y Martínez, hijo de Manuel Nepomuceno Calderón Leal y de María Rosalía Martínez Rincón, bautizado el dieciocho de enero de 1798 en Santafé. Presentó informaciones de ingreso a San Bartolomé el diecisiete de febrero de 1813(5). Sostuvo conclusiones el alumno Calderón, sobre Posesión y propiedad, el 7 de julio de 1819, en la capilla Castrense del seminario de San Bartolomé.
En once de febrero, se notificó una licencia concedida a Calderón “de doce á quince dias para ir á su curato de Guayatá á negocios propios” [Caja 33 ff. 149r-v].
José María Samper hizo una interesante memoria del personaje(6):
Entre los empleados de la Universidad llamaban particularmente la atencion el Rector y el primer Pasante. El doctor Ospina quiso resucitar la tradicion de mantener sacerdotes en el rectorado: nuestro rector era el doctor Pablo Agustin Calderon, presbítero entónces y despues canónigo, que en paz descanse. Era muy rígido en todo, y tenia cierto aire aterrador, voz estridente y caracter franco y minucioso. Por lo demas, creo que ignoraba casi todo lo que no fuese teología, y decia con mucha seriedad dotor, medecina, y otras liviandades contra la gramática.
Yo imitaba perfectamente muchas voces distintas, y entre otras la del Rector. En cierta ocasion, fingiéndola, oculto detras de un pilar, desde uno de los claustros dí órden al primer Pasante de conceder asueto á los estudiantes; colegialada que costó una reconvencion y no pocos disgustos con sus subordinados, al pobre subalterno.
El mismo Samper comenta, de pasada, los efectos del plan Ospina:
Me es grato reconocer que si en la época universitaria que finalizó á mediados de 1843, abundaban mucho los patanes en San Bartolomé, vinieron á ser rarísimos de 1843 en adelante, época en que la juventud de la Universidad se distinguió por su cultura, aplicacion, espíritu de progreso y buena conducta, mostrándose siempre desinteresada y patriota, y sin asomo de ambicion, ni ménos de impiedad ni petulancia(7).
Recordemos que Calderón, al frente de la Universidad, debía encargarse de otras entidades adscritas:
En 1846, bajo la administracion del Rector de la Universidad señor doctor Pablo A. Calderon, el Museo se conservó bien y aumentó sus colecciones; pero se hacia notar, sinembargo, la falta de inventarios completos, que sirvieran para tomar justa cuenta de todo su contenido(8).
Sobre su vida política, la Gaceta de la Nueva Granada informó del juramento que, en la sesión de primero de marzo de 1844, prestó Pablo Calderón, conforme al reglamento de los senadores de nuevo nombramiento(9), por la provincia de Bogotá. Como este es un boceto biográfico, aprovechamos para copiar el obituario de nuestro personaje:
Al tiempo de entrar en prensa el presente número, las campanas de la Catedral anuncian que acaba de espirar el Canónigo honorario, Rector del Seminario Conciliar i cura de Guayatá, Dr. Pablo Agustin Calderon!!! Era este eclesiástico Prelado doméstico del Sumo Pontífice, i sobre su cabeza pudo brillar mas de una mitra. Grandes eran su humildad, su ortodojia(10) i su patriotismo. Su edad apénas era contemporánea con la del siglo. La educacion pública le debió muchos servicios i deja un gran vacío en la Iglesia, en el Estado i en el corazon de sus amigos. Reciba su apreciable familia consternada, la cordial compañía que le hacemos en esta pena comun con que la divina Providencia quiere atribularnos(11).
Un dato adicional sobre sus exequias:
FUNERALES. El Illmo. Sr. Arzobispo i los Superiores del Seminario Conciliar han hecho ayer unas solemnes exequias en la Iglesia de San Carlos por el alma de su último i benemérito Rector Dr. Pablo Agustin Calderon. El Prelado ha nombrado para desempeñar temporalmente este destino al Dr. Bernardino Salazar, Cura de Guasca i actual Canónigo honorario del Coro metropolitano(12).
Finalmente, los dieciséis alumnos de la tercera clase de Gramática latina del Seminario Conciliar presentaron un acto de Sintaxis latina, dedicado a la memoria del finado rector, el veintitrés de octubre.
Iconografía de Calderón.
Este boceto biográfico debe complementarse con una pesquisa de su imagen. Existe un óleo de Ramón Torres Méndez, hacia 1845, de 82 x 70 cm, de la colección Fondo Cultural Cafetero. Es decir, se le retrata en el apogeo de su carrera educativa.

Pablo A. Calderón. Ramón Torres Méndez. Foto: María José Echeverri – Museo Nacional de Colombia
Del mismo autor, existe una miniatura en acuarela-marfil, 7 x 5,6 cm, colección particular. Obra esta que destaca el crítico Gabriel Giraldo Jaramillo, entre los retratos del artista, por su carácter y gran fuerza interior (13).
¿Indisciplina o política?
Parece ser que, bajo los conceptos de “indisciplina” y “peligros”, lo que había era una simple divergencia política:
Cuando nosotros mismos nos hallábamos en el Colejio, sucedía que la comunidad de los estudiantes profesaba opiniones políticas mui diversas de las que tenían los superiores i catedráticos, i se hallaba en su mayoría afiliada en un partido diferente del que contaba entre sus miembros al Rector i a varios de los catedráticos de los establecimientos. Siendo Rectores de la Universidad los doctores José Ignacio de Márquez i Pablo Agustín Calderón, se vio que casi todos los alumnos del instituto eran liberales, en tanto que los superiores i catedráticos pertenecían al partido conservador. Era Rector del Colejio de San Bartolomé el doctor Vicente Lombana, i, cuando él era adicto a cierta fracción del partido liberal en su tiempo, los estudiantes lo eran de la fracción contraria. Fue Rector del Colejio del Rosario el doctor Andrés María Pardo, que era conservador, i los estudiantes, casi en su totalidad, hacían ostentación del más acentuado liberalismo (14).

Pablo A. Calderón. Ramón Torres Méndez. Colcultura, 1975.
Jaramillo, W. (1996). Real Colegio Mayor y Seminario de San Bartolomé, nobleza e hidalguía. Colegiales de 1605 a 1820. Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura Hispánica.
Samper, J. (1881). Historia de una alma. Memorias íntimas y de historia contemporánea. Bogotá: Zalamea Hermanos.
Tema interesante y digno de tratarse aparte. El biógrafo de Mariano Ospina cita una carta suya: “(...) Los viejos Tomistas son los que están energúmenos porque hemos metido la mano en su Colegio; pero esto importa poco, y el interés público urgía arreglar tal Colegio, que era un perfecto bochinche”. Gómez, E. (1913). Don Mariano Ospina y su época. Tomo 1 (1805-1849). Medellín: Imprenta Editorial.
Mayorga, F. (2010). El Estado y el Colegio del Rosario en el siglo XIX: una historia de luces y sombras. Bogotá: Editorial Universidad del Rosario.
Existe un diploma de la Universidad Central de bachiller en Jurisprudencia, otorgado a José María Maldonado, con fecha 24 de agosto de 1842 y firmado por Calderón [AHUR caja 38 f. 337].
El rector Calderón invitaba a los exámenes públicos anuales, entre el quince y treinta de octubre, por mañana (desde las ocho) y tarde (desde las tres), de cuatro a seis horas de examen. Los de Jurisprudencia y Medicina tenían lugar en San Bartolomé; los de Ciencias eclesiásticas, en el Seminario, y los de Literatura y Filosofía, en el Rosario. Invitaba al público “a presenciar estos exámenes i cerciorarse del aprovechamiento de los cursantes, i de la rectitud con que serán calificados por los examinadores”. Universidad del Primer Distrito. Gaceta de la Nueva Granada, 53(706), 1.
Llama la atención lo que Samper llama enseñanzas calificadas de peligrosas por el Gobierno: “ciencia de la legislacion, ciencia constitucional y táctica de las asambleas”. Admite Samper que la moralización fue demasiado lejos: “(...) se dió á la Universidad de Bogotá un aspecto casi clerical. Clérigos eran el Rector y el Inspector, y jesuitas tres de los profesores de San Bartolomé, sin contar todos los catedráticos y empleados de la facultad de teología; y tánto rigor habia en las prácticas religiosas, que el exceso suscitaba de parte del mayor número de alumnos una reacción en contrario”.
Pombo, F. (1881). Breve guía del Museo Nacional. Bogotá: Imprenta de Colunje i Vallarino.
Congreso – Senado. Gaceta de la Nueva Granada, 5(670), 1. Juraron con él Juan María Gómez, Jorge Gutiérrez, Eusebio Borrero, Lino de Pombo, Manuel Fernández, Pedro Rodríguez, José Ángel Santos, Cenón Pombo y Bernardo María de la Motta.
*Ortodojia es la evolución fonética natural de ‘ortodoxia’. Según el portal @RAEinforma, la grafía ‘ortodojo’ está documentada en Chile.
Obituario. El Catolicismo, 3(233), 317. Bogotá, mártes 30 de setiembre de 1856.
El Catolicismo, 4(235), 340. Bogotá, mártes 14 de octubre de 1856.
Instituto Colombiano de Cultura. Ramón Torres Méndez. Bogotá, junio 1975.
Rodríguez, J. (2008). Una talanquera contra la Regeneración: antecedente de la Universidad Externado de Colombia. Boletín de Historia y Antigüedades, 95(841), 205-56.