El claustro del Rosario el martes once de septiembre de dos mil uno.
Camilo Ernesto Rodríguez Gutiérrez
Camilo Ernesto Rodríguez Gutiérrez
El claustro del Rosario el martes once de septiembre de dos mil uno.
Camilo Ernesto Rodríguez Gutiérrez,
egresado Facultad de Jurisprudencia 2002.
Bogotá... Colombia... el Claustro y el mundo -en su totalidad- eran muy diferentes a lo que hoy día es nuestra realidad. Era un martes frío, muy gris y decorado con una gruesa brizna que no hacía lluvia, pero mojaba y limitaba la visión a lo lejos. De los típicos de las historias bogotanas, de esos cuando la geografía propia de la sabana cundiboyacense revela su naturaleza y se hacen sentir la altura sobre el nivel del mar y posición a los pies de la cordillera. Era un frío que un asmático podía sentir en cada respiración, por ello que fueran normales como parte de la indumentaria las mantas de dulce abrigo, crudas ruanas y gruesos abrigos en las alumnas que atendían cátedra en el Claustro. Los salones, a diferencia de los actuales, no eran alfombrados ni estaban equipados tecnológicamente, muchos teníamos la sensación de recibir clase en las mismísimas escribanías en que los mártires de la patria lo habían hecho en tiempos de la Independencia, largos mesones de cedro pintados en café oscuro con sillones del mismo color, rematados en cuero vino tinto, que hacía las veces de “acolchonado”, con tachuelas de cobre.
Juan Manuel Rodríguez Acevedo, inteligente estudiante, muy aplicado, presto al servicio de los demás, cinéfilo y detentador de un agudo sentido del humor, cruzaba velozmente el corredor del segundo piso, por enfrente del recién estrenado salón Camilo Torres, justo al lado del Archivo Histórico, intentaba llegar al actual salón 225 para el cambio de la segunda clase. En su veloz camino, al saludar efusivamente -tal como lo sigue haciendo- y preguntar qué había de nuevo a un compañero de clase víctima de la acedia típica de los estudiantes de últimos semestres, este le respondía con notorio desgano y voz pesada: “Nada: no hay nada nuevo, nada va a cambiar...”. Él siguió su paso haciendo una mueca de lamentación, pero sin perder tiempo alguno.
La elegante doctora Annita Giacomette Ferrer acaba de salir de dictar su cátedra de Probatorio dos, era la primera hora y como siempre llegaba puntual era normal que su clase no se extendiera hasta el final. La clase siguiente era Sucesiones, en la muy autorizada voz de Cesáreo Rocha Ochoa. Personas se empezaban a agolpar frente al Sony Trinitron, era el único en la universidad, de treinta pulgadas y botones metálicos que había en Bienestar Universitario -hoy día uno de los depósitos del Archivo Histórico, en el segundo piso justo en la boca de las escaleras que comunican con la Casa Rosarista-, guindado a una altura superior a los dos metros y medio, la noticia: una avioneta se había estrellado contra una de las Torres Gemelas en Nueva York, que no se tomó necesariamente con gran sorpresa ya que anteriormente había sucedido algo similar en el Empire State. María Cristina Camejo y Juana María Caycedo estaban en la cafetería mientras se daba el cambio de clase. Sergio Josué Ortiz recién empezaba el luto por la prematura y dolorosa partida de su señor padre.
Al principio, los noticieros mandaban extras sucesivamente. Al poco tiempo, empezaron a retransmitir las imágenes en vivo: a diferencia de Bogotá, era una soleada mañana en Nueva York; ninguna nube estaba en el horizonte, lo que permitió las imágenes que después conoceríamos. La radio, en boletines extraordinarios, no hablaba de otra cosa: Darío Arizmendi lo hacía en la básica de Caracol con Ernesto McCausland y Judith Sarmiento; Julio Sánchez en La FM con Alberto Casas y Gustavo Gómez describían las imágenes desgarradamente; no daban crédito a lo que estaba pasando y hacían recuerdo de los miedos derivados de la transmisión de Orson Wells. Mientras hacen comentarios y traducciones de los medios norteamericanos, las voces se rompen y dan aviso de otro avión que impacta ahora la torre faltante. El mundo ya no era el mismo.
El paso firme del doctor Cesáreo, en sus brillantes zapatos de anudar y cuero negro, hacía retumbar el pasillo decorado con los mosaicos a ambos lados que enseñaban las clases de presidentes, ministros y grandes profesores del claustro, en fotos a blanco y negro, cuyas estrictas miradas seguían a los transeúntes en el camino del pasillo. Vestía un elegante traje de seda opaca gris, ni oscuro ni claro, camisa de blanco impoluto de doble puño y corbata impecablemente anudada de azul cobalto y detalles pequeños blancos; era difícil no fijarse en el grueso anillo que llevaba en el dedo anular derecho.
No era el mismo de siempre: un profundo desasosiego lo acompañaba al inicio de esta clase, al tomar asiento ubicó su portafolios negro en el escritorio. Eran decorados con el escudo, tallados también en madera en el centro, todo del mismo color café oscuro, sobresalían porque estaban ubicados encima de un alto escalón. Los estudiantes debíamos alzar la mirada para hacer contacto visual, muy al contrario de los anfiteatros escalonados en donde es el profesor quien debe subir la mirada. Su saludo fue parco, inmediatamente se disculpó; expresó que no podía dictar la clase: la torre sur acababa de caer. Muy conmovido, aturdido, nos llamó a la reflexión por los sucesos que se estaban desarrollando; se incorporó lentamente y tomó camino a la salida con la mirada fija en el piso. Aún me impresiona lo acertado que estaba el maestro Rocha.
En el entretanto, ya había caído la segunda torre; los mercados se desplomaban, tanto en Norteamérica como en Europa, el dólar perdía valor con fuerza. George Bush, presidente en ejercicio, es informado y da sus primeras palabras desde la escuela primaria Emma E. Booker, en Sarasota, Florida. Es un acto terrorista. Luego llegarán las otras noticias de los otros ataques, del cierre de los cielos, de la falta de sangre, la falta de ambulancias y personal médico, los teléfonos sonaban y Nora, en el consultorio jurídico, que se ubicaba por aquel entonces en un par de pisos en el edificio Suramericana, se veía sin recursos para explicar a los atemorizados usuarios que aquí no había peligro que temer.
La Rectoría del recién elegido Rafael Enrique Riveros Dueñas y la Decanatura de Jurisprudencia, a cargo en ese momento de Juan Manuel Charry, suspendieron actividades antes que llegara el mediodía. Merceditas -la por entonces secretaria de Decanatura- que siempre nos recibía con una generosa sonrisa, estaba estrenando instalaciones en lo que hoy es el laboratorio de Economía, es decir, debajo del primer piso de la Biblioteca Antonio Rocha Alvira, pero que anteriormente se ubicaba en lo que ahora es el salón Camilo Torres, en ese mismo espacio se encontraban no solo la Decanatura, sino también la Secretaría Académica.
En el edificio de El Tiempo, ofrecían el extra con imágenes que recientemente habíamos visto en la televisión; en el puesto de periódicos de la diecinueve con séptima, en el que por aquel entonces el ya célebre monitor Francisco Bernate conseguía la prensa francesa y norteamericana, ya tenían la de El Espectador.
Silvia Wills, Iván Prosperi y Luis Fernando Sánchez Huertas, así como muchos más, tomaron rumbo a las cabinas que habían dispuestas en el Murillo Toro para llamadas internacionales: querían tener noticias de sus seres queridos en Nueva York, pero las líneas estaban colapsadas y no todos obtenían prontamente las respuestas que buscaban. En el caso de Hugo Sánchez, las noticias solo llegaron hasta el final de la tarde y fue un gran alivio. Esa llamada, que se realizó después de muchos intentos desde la oficina del abuelo de Prosperi ubicada en la calle 94 arriba de la carrera 15, daba reporte de una conmoción total en la Gran Mazana.
En mi caso, logré hacerme a uno de los ejemplares de El Tiempo y tomé rumbo a casa. Al llegar encontré a mi mamá preparando un evento que tenía para esa noche. Por aquel entonces, tenía una casa de banquetes y se encontraba en pleno ajetreo. La saludé y le pedí que interrumpiera por unos momentos, la llevé frente al televisor de la casa, la senté y puse el noticiero: ¡¡¡Ay, Camilo Ernesto: no me pongas a ver esas películas horribles que ves a toda hora!!!, me increpó. Con dificultad relativa logré explicarle que no era ninguna película, que era real lo que estaba pasando; su sordera aún no era tan profunda y algo alcanzaba a entender de la propia televisión, mientras le daba a leer el periódico. Tal vez por ello tiempo después, cuando fui monitor del Dr. Hernando Sánchez Sánchez ya no en Derecho Internacional Público, sino en la exitosa clase de Derecho y Cine, cuando proyectó y magistralmente comentó la cinta colectiva 11'09''01 - September 11, que todavía se encuentra a disposición en la videoteca de la Biblioteca, en el apartado dirigido por Claude Lelouch que nos muestra la cotidianidad y tormento ese día de una mujer sorda en Manhattan, cuya pareja va a trabajar al World Trade Center y maltrecho logra regresar, no pude ser ajeno y sentí tan real esas escenas.
Más de uno pensaría que veinticinco años son tantos que ya no hay nada relevante en ello, que ya lo que pasó, pasó: los talibanes que habían sido erradicados ya volvieron; que los seguros operaron con celeridad; que el memorial terminado cumple su función pero, aún hoy, siguen dándose noticias como la del pasado lunes veinticuatro de agosto del presente año, en la que se divulga sobre la identificación de la víctima 1654 -sus alegados piden mantener su nombre en reserva-, por medio de la técnica de genealogía genética forense investigativa que permite generar esperanzas de óptimos resultados para las más de un millar de víctimas que faltan por identificar.
No es un cliché en lo absoluto cuando se sostiene que fue un día que marcó a todos los que lo vivieron: unos de una manera, otros de otra, pero es muy normal que cada uno tenga su propio relato de cómo fue ese día, el once de septiembre de dos mil uno.

Horario de la Facultad de Jurisprudencia, segundo semestre de 2001. Cortesía del autor.
Enlaces de interés:
Audio extra Caracol radio torres gemelas se estrellan 2 aviones sep. 11 2001. https://www.youtube.com/watch?v=TaxTOoUCXcQ
Así relató Julio Sánchez Cristo el ataque a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001. https://caracol.com.co/noticias/actualidad/asi-relato-julio-sanchez-cristo-el-ataque-a-las-torres-gemelas-el-11-de-septiembre-de-2001/20200911/nota/4069563.aspx
11'09''01. Septiembre 11. https://www.imdb.com/es/title/tt0328802/
Así informó LA FM el atentado a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001. https://www.lafm.com.co/internacional/el-atentado-a-las-torres-gemelas-narrado-por-julio-sanchez-cristo-en-la-fm-121897
Identifican a víctima del 11S con técnica forense. https://www.eluniverso.com/noticias/internacional/identifican-a-victima-del-11s-con-tecnica-genetica-nota/