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Simbología de la sanidad: vida contra la muerte

Ricardo Andrés Roa-Castellanos

Revista Nova et vetera - Logo

INTRODUCCIÓN

Carl Jung se enfrenta a su maestro Sigmund Freud cuando nota que las pretensiones de Freud son convertir su teoría sexual en un “dogma[1]”. Freud considerado por Paul Ricoeur junto con Marx y Nietzsche uno de los “maestros de la sospecha”, según se nota, tenía por proyecto la instrumentalización ideológica de la ciencia para la directa aplicación social, como hicieron los otros dos autores con sus respectivos “ismos”.

En adición, el efectista padre del psicoanálisis le pedía a Jung que hiciese de sus teorías un “bastión”, a lo que replicó el ya asustado alumno “¿Bastión contra qué?” para recibir por respuesta “contra la negra avalancha”.

Pero Jung, padre de la psicología analítica y quién identificaría el inconsciente colectivo y la función de los arquetipos como síntesis pictóricas universales, no comió entero, debió indagar más profundo tan solo con la mirada pues el psicoanalista, ya de forma vacilante, debió complementar de acuerdo con la narración del mismo Jung, evidenciando la ya clara manipulación: “…del Ocultismo”.

El austriaco Freud no contaba con que el suizo Jung provenía no sólo del muy creyente cantón de Turgovia, sino de una genealogía de religiosos de la misma Basilea, y valoraba la sabiduría sobrenatural propia del conocimiento espiritual, místico (Becker, 2001) y religioso (Dunne, 2002). Los suizos -lo he vivido- de por sí son muy estrictos y sobradamente eficientes en cuanto cumplimientos de labores refiere. Si a eso se le añade que Jung era genuinamente creyente en la ciencia tanto como en los cánones morales cristianos, la gaia (feliz) propuesta de su colega médico, desde luego que tenía incluso que indignarle.

Debe traerse el episodio a colación 1) por cuanto significa Jung dentro de los “Elementos de la Semiología” reconocida por Roland Barthes (1971), 2) por el embotamiento que han producido convincentes discursos variopintos en las ciencias biomédicas (como hoy hacen las pseudociencias intrínsecas a los movimientos anti-vacunas o dietas extremistas -veganismo, dieta alcalina, etc-) y 3) por el truco manipulativo de Freud que suponía el uso de la palabra “bastión” como arquetipo.

LA VISIÓN CLÁSICA GRECOLATINA

La quintaesencia del médico –hipocrático-, según Pedro Laín Entralgo MD, el padre español de las Humanidades Médicas, era el ser un “servidor del arte” natural; un intérprete y servidor de la Naturaleza que empuñaba con su quehacer la brújula hacia ese norte de la recuperación de la vida, es decir, ser un conocedor – para ser garante, de la Physis (la naturaleza absoluta), blandiendo un arma para tal fin que posee cuatro puntos cardinales, los fines principales de su labor, y que eran:

Figura 1. Manuscrito bizantino del siglo XI en el que está escrito el Juramento hipocrático en forma de cruz. Biblioteca Vaticana.

1) La salvación vital (pues sin ella los dominios de la muerte, o del riesgo vital,  se extienden aún más, lo cual permite entender el accionar de la muerte como un proceso desintegrador, en comparación con el proceso unitivo que implica la vida desde su formación y mantenimiento)

2) La salud como resultado del equilibrio funcional de un sistema que hace de la multiplicidad (aparatos), la unidad (completa o suficiente; aquel que no está firme está enfermo, del latín In-firmus)

3) El alivio de las dolencias, y

4) El velar, en consecuencia, con decoro, del cuerpo social, por cuanto sería la integralidad conformacional del enfermo a restablecer, es decir, la deontología médica parte de una noción que abarcaría desde el garantizar la dignidad a nivel individual, la buena compostura profesional, el decoro visible y la reconfiguración estructural del enfermo hasta alcanzar la recuperación de lo que posteriormente sería entendido por Walter Canon basado en Claude Bernard, como equilibrio homeostático del griego ὅμος homos ‘similar’, y στάσις (stásis) que significa ‘estado, estabilidad’ (Laín Entralgo, 1978/2006, p. 108-109).

Para Hipócrates, Galeno (griegos), o para Moshé ben Maimón –Maimónides  (judío hispánico, médico y rabino), el acto médico estaba imbricado de la acción divina, reuniendo las dos grandes tradiciones que erigen el Occidente civilizado: el afluente greco-latino y el judeo-cristiano, pues la salud es centro gravitacional hasta de la acción de Jesús, el hijo del Creador, cuya mayor cantidad de milagros correspondieron precisamente a sanaciones.

En otras palabras, el médico es un guardián vital, icónicamente (Figura 2), pese a que esta función nuclear parece haber sido olvidada por la profesión en algunas prácticas. Pero esta idea primordial en la praxis actual se mantiene en el castellano hispánico, donde la acción médica para describir el “estar de turno”, se refiere como “estar de guardia”.

El ente que asecha a la común unidad viva es la muerte a través de la enfermedad somática o psíquica, el desequilibrio orgánico, el desorden corporal que amenaza con lanzar a la muerte al paciente en el caso individual, o a comunidades enteras cuando la óptica abarca la Salud Pública.

Figura 2. Escultura que representa simbólicamente la acción de la Medicina descrita por Laín Entralgo. Ubicada sobre la fachada del Departamento de Sanidad (99 Jesse Hill Jr. Drive SE) del Condado Fulton Atlanta, GA.

El Médico en la Figura 2, nótese que porta un caduceo, símbolo hermenéutico de eterna lucha entre fuerzas antagónicas. Sujeto a éste, el médico contrarresta la oz con la cual la muerte siega vidas. Ha sido un símbolo inspirado en la vara de Esculapio o Asclepios, médico griego hijastro de Apolo, formado por Quirón, personajes presentes en el juramento hipocrático (Figura 1). Remplazó desde la influencia anglosajona la católica Cruz de San Juan (creador de los hospicios-origen de la ética hospitalaria y los hospitales en sí) como posterior símbolo secular de la medicina.  Irónicamente (¿?), era y es el caduceo el símbolo del comercio, pero no de la salud a pesar de sus diferencias aparentemente mínimas.

De siempre, los guardianes suelen tener instrumentos para ejecutar su protección. Aunque en estas épocas los artilugios tecnológicos, el equipamiento médico externo, suele sesgar la comprensión de la palabra instrumento (Ergón base etimológica de lo orgánico), el verdadero médico cuenta con dos herramientas que no suponen la dependencia de la ayuda externa: su mente y sus manos. Pero el instrumento simbólico construido para la órbita social tiene una historia que veremos en al menos en algunos de sus puntos clave.

LOS ICONOS

El inicio del juramento recoge los caracteres propios de la medicina los cuales quedaron plasmados en el Juramento Hipocrático, pero que pertenecen a la genealogía académica de Quirón, el centauro que cura e instruye en el arte de la medicina:

“Juro por Apolo médico, por Asclepios, Higia y Panacea, por todos los dioses y todas las diosas, tomándolos como testigos, cumplir fielmente, según mi leal saber y entender, este juramento y compromiso:

Venerar como a mi padre a quien me enseñó este arte…”

Apolo supone el dios del sol que irrumpe con el don de la sanación, que otorga a Asclepio (en griego) o Esculapio (para la cultura romana) para quién Sócrates pide un gallo en su lecho de muerte, en los Diálogos de Platón.

Respectivamente, Higia preparadora de los remedios de su padre Asclepios, padre también de Panacea que con sus cataplasmas trataba los enfermos, origina dos símbolos: 1) la Copa de Higia que es el signo de la farmacia enmarcado en la Cruz Griega Verde, emitidos desde 1796 por la Sociedad Parisina de Farmacia y desde tiempos bizantinos, el uno y el otro (Figura 3). Dicho tipo de cruz en diversos colores, como la emblemática Cruz Roja, está presente en la Cofia que respectivamente es símbolo de la enfermería.

Figura 3. Copa de Higia

El equivalente en la mitología romana de Higia era Salus, de ahí que «salud» proceda del latín salus, con el sufijo -ūtis. También, de ahí, el lema de la Medicina Veterinaria para los países mediterráneos, 2) “Hygia pecoris, salus populi” (De la salud de los ganados proviene la salud pública). Por ejemplo, el escudo del Colegio de Veterinarios de España lo contiene (Figura 4).

Figura 4. Escudo del Colegio de Veterinarios de España

El par de símbolos que encabezan este artículo, son los signos más conocidos actualmente de la medicina humana y veterinaria, respectivamente, pero en el siglo XX para la medicina humana el símbolo, por influencia anglosajona, ha pasado de ser el báculo, basto o vara de Esculapio (que se conserva para la medicina veterinaria) -original símbolo de sanación tanto en la semiótica grecolatina [Figura 5] como judeocristiana[2]al caduceo de Hermes, un símbolo del comercio y emblema de instituciones en ciencias económicas y administrativas[3].

Puede decirse que ese cambio simbólico discurre con cierta pérdida en el estatus médico, la pauperización de su profesión, pero de forma más importante el extravío de su centro que era la recuperación de la salud pasando a ser una preocupación subyugada por la rentabilidad de la asistencia sanitaria con la cual los médicos no se han visto directamente beneficiados y, en cambio, si han perdido valor en su criterio y autonomía profesional de cara a la sociedad.

Figura 5. Esculapio con su basto

No obstante, fuera de la mercantilización de la medicina que ocurriera a lo largo del siglo XX, sobre todo a partir de sus últimas décadas, el símbolo puede traducirse con lo visto como la pugna o confrontación entre dos poderes.

Por ello, se destaca en las simbologías la astuta serpiente como elemento semiótico que significa poder astuto. En el caduceo, los dos poderes se encaran. Y esta síntesis arquetípica se entiende mejor al repasar 1º) la Torah o Pentateuco judío (Números 21:4–9) con los libros bíblicos neo-testamentarios, 2º) Juan 3:14–16 y 3º) I Pedro 2: 24, en tal orden, a saber:

1º) “Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: « ¿Por qué nos habéis subido de Egipto para morir en el desierto? Pues no tenemos ni pan ni agua, y estamos cansados de ese manjar miserable.» 6. Envió entonces Yahveh contra el pueblo serpientes abrasadoras, que mordían al pueblo; y murió mucha gente de Israel. 7. El pueblo fue a decirle a Moisés: «Hemos pecado por haber hablado contra Yahveh y contra ti. Intercede ante Yahveh para que aparte de nosotros las serpientes,» Moisés intercedió por el pueblo. 8. Y dijo Yahveh a Moisés: «Hazte un Abrasador y ponlo sobre un mástil. Todo el que haya sido mordido y lo mire, vivirá.» 9. Hizo Moisés una serpiente de bronce y la puso en un mástil. Y si una serpiente mordía a un hombre y éste miraba la serpiente de bronce, quedaba con vida.”

2º) "Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, 15. para que todo el que crea tenga por él vida eterna. 16. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

3º) “el mismo que, sobre el madero, llevó nuestros pecados en su cuerpo, a fin de que, muertos a nuestros pecados, viviéramos para la justicia; con cuyas heridas habéis sido curados."

El “abrazador” o saraf en hebreo respectivamente es el símbolo de la serpiente pero alada o dragón caracterizada en el libro de Isaías 30, 6 como parte de “Rahab la paralizada / domada” que simbolizó el cruel Egipto contenido por el Creador a través de Moisés[4]. En todo caso, un vocablo original de donde deviene la palabra serafín, un tipo de criaturas angélicas también tentadas con la rebelión por el demonio (étimo griego “daimon” que quiere decir el divisor).

El manejo zootécnico de serpientes para controlar el riesgo que implica su ponzoña, valga decir que suele hacerse con varas especiales para contenerlas[5]. En suma, la pictografía y la semiótica representan claro y conciso la guerra, de vida o muerte, que sobre los vivientes las amenazas a la salud, de las más distintas índoles (Figura 6), implican.

Figura 6. “Los Portadores de la Antorcha”, obra de Anna Hyatt-Hungtington. Escultura en la Plaza Ramón y Cajal de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. El jinete co-portador de la antorcha, a caballo, rememora el arquetipo de la medicina cuya genealogía hipocrática -común a Médicos y Veterinarios- empieza con el especial centauro Quirón (“El que trabaja con las manos”, el primero en inventar el arte de curar y maestro de Esculapio). En la imagen, el buen samaritano hípico, está socorriendo al agónico gigante que puede ser el actual espíritu medico mismo.

REFERENCIAS

Becker, K.L. (2001). Unlikely Companions: C.G. Jung on the Spiritual Exercises of Ignatius of Loyola: an Exposition and Critique Based on Jung's Lectures and Writings. Gracewing Publishing.

Dunne, C (2002). "Preludio". Carl Jung: Wounded Healer of the Soul: An Illustrated Biography. Continuum International Publishing

Laín Entralgo, P. (1978/2006). Historia de la Medicina. Madrid: Elsevier.

[1] Recuperado de URL: http://www.fundacion-jung.com.ar/forum/FreudJung.htm

[2] Se vrá luego como en el libro de la Torah judía, Números (21, 4-9) dice por ejemplo sobre este arquetipo: “Hizo Moisés una serpiente de bronce y la puso en un mástil. Y si una serpiente mordía a un hombre y éste miraba la serpiente de bronce, quedaba con vida.”. Asimismo, en el Nuevo Testamento cristiano el primer libro de Pedro (2, 24) sobre la muerte del Cristo dice: “El cual mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros siendo muertos a los pecados, vivamos a la justicia: por la herida del cual habéis sido sanados.”

[3] Recuperado el 18 de Septiembre de 2015 en:  https://es.wikipedia.org/wiki/Caduceo

[4] Recuperado de URL: http://www.victorianweb.org/art/architecture/butterfield/7.html

[5] Recuperado de URL: http://maxpest.sg/snake-control-singapore-pest-control-company/