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Un colegial de la Provincia de Antioquia: el rebelde cura Botero

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Una corriente nota de donación de libros y su polémica respuesta marcan el inicio de una historia político-religiosa

Un ejemplar de Quinto Curcio, obra De rebus Alexandri Magni1 [Hechos de Alejandro Magno], edición madrileña de 1776, presenta dos llamativas notas en el folio reverso de la portada: la primera omite el nombre del donante bajo la genérica frase “Un colegial de la Provincia de Antioquia”; la segunda responde con virulencia a quien apenas califica de “indibiduo”. Serendípicamente, sin embargo, vamos identificando al anónimo hijo del Rosario.  

Procedamos, pues, a las notas: 

 

Un colegial de la Provincia de Antio- 

quia viviendo reconocido de los grandes 

beneficios q[u]e N[uestro] S[eñor] concede en este co- 

legio à los hijos y alumnos de èl (bien  

q[u]e algunos no lo quieren conocer; ò con- 

fesar) hace esta muy corta donacion 

añadiendole otros libritos, à saber Q[uinto] 

Curcio con notas p[o]r Minelio, Horacio 

ad usum Delphini2, selectas sagradas 

y profanas3 y un Menezes p[ar]a reco- 

bro4 de otro q[u]e se han usurpado. Y asi 

ruega no hagan otro tanto con estos. 

Año de 1812. 

 

 https://urosario.edu.co/sites/default/files/2026-05/un-colegial-antioque%C3%B1o-dona-el-ejemplar-de-de-rebus-alexandri-magni

Un colegial antioqueño dona el ejemplar de De rebus Alexandri Magni. AHUR E01 N030. 

 

Aquí finaliza la declaración del colegial antioqueño, con visible intención de echar puyas a su alma mater. A renglón seguido, aunque seguramente muchos años después, otro anónimo le contesta: 

 

¡Que lastima q[u]e este indibiduo no haya conser- 

vado h[as]ta el fin estos sentimientos fruto de su 

virtud! El há despedasado el seno de esta ma- 

dre comun olvidando ingrato los beneficios q[u]e de ella 

ha recibido, y p[o]r su propia mano se há inscripto en  

la lista de los hijos espurios del Colegio, con el oprobio 

de ser el primero q[u]e la ha comensado y la confusion 

de ver q[u]e mientras la virtud del reconocimiento sea 

la recomendacion del hombre de bien, no habria quien 

siga su exemplo. ¡Quiera Dios presentarnos en su 

arrepentimiento el triunfo de la razon sobre las vergonzosas 

pasiones, q[u]e al hombre envilesen y degradan. 

 

No por cualquier cosa se le dice a uno “hijo espurio del Colegio”. ¿De qué se trata todo esto? Una pista se nos ofrece, andando el año de 1825. Lo primero notable es la coincidencia de la letra entre la del documento [AHUR caja 40 f. 284] y la de la donación:  

 

Señores individuos del colejio del Rosario de 

Bogotá, si el amor propio no me engaña, 

yo creo haber hecho algunos servicios á 

vuestra corporacion, y en recompensa de 

ello os pido: que borreis de vuestra me- 

moria, y de los monumentos de vuestra 

casa el nombre de Botero; que entregueis 

al fuego las informaciones hechas p[ar]a 

concederme una beca, de q[u]e renuncio con 

sumo placer; que no pronuncieis un 

nombre aciago p[ar]a esa sociedad, á fin de 

q[u]e se borre p[ar]a siempre la memoria de 

 

José M[ari]a Botero 

Bogotá 7 de 9bre de 1825 

 

Solicitud de Botero al Colegio del Rosario 

Solicitud de Botero al Colegio del Rosario, 7-11-1825. AHUR caja 40 f. 284. 

 

Identificado el colegial antioqueño con el Dr. José María Botero, hagámonos una idea de la fisonomía del personaje: 

(...) era alto, un poco grueso, bien plantado, muy blanco, barbado, de espaciosa frente, de ojos melancólicos y airados, de voz clara, llena, sonora, acompasada y un poco golpeada; estaba dotado de inteligencia despejada, memoria feliz y una voluntad de hierro, instrumentos que lo habilitaron para aprovechamiento en los estudios sin que nadie fuera capaz de distraer su atención; en el colegio vivía ordinariamente recluído en su estrecha celda, siempre grave, siempre austero, analítico, sistemático (...)5

 

Volvamos a los documentos. La solicitud tan extraordinaria solo tiene, por ahora, una explicación: la introducción del texto de Bentham en el plan de estudios6. Texto del margen: 

 

Esta carta acreditara s[iem]pre la locura de su autor. No se saben  

los servicios que hubiesse hecho. Fue sobstituto de Teología de prima con toda 

la renta y pasante de canon[e]s p[ar]a tener la racion. Era neces[ari]o consultar 

su apetito p[ar]a no sufrir maior[es] incomodes[es] con su furor p[ar]a la comida. Era 

forsoso q[u]e se sufriesse el q[u]e tuviesse un caballo p[ar]a salir tod[os] los dias á las 12 

aunq[u]e lloviesse7 y fuesse jueve[s] santo. Tenia una llave p[ar]a entrar y salir 

p[o]r el pasadiso a la hora q[u]e se le antojaba. Todo le disgustaba y debia 

conservarse 

un silencio maior 

q[u]e el de S. Diego. 

concurria a saba 

tin[a]s? p[ar]a censu- 

rar los papeles 

publicos de la se- 

mana, e increpar 

al Gobierno. 

Es verdad q[u]e todo 

dimanaba de 

su cabesa des- 

concertada. El D[octo]r 

Botero si Dios no 

lo remedia parara 

en una jaula 

como loco. 

 

¿Un colegial loco? 

José María Botero fue, efectivamente, antioqueño y colegial. Fue bautizado en Medellín, el primero de marzo de 17898. Inició su formación en Gramática, en 1806; cursó el trienio de Filosofía en el periodo 1807-9; colegial en 1808. Durante la guerra de Independencia no es clara su formación: esos años ejerce de maestro de Latinidad (Gramática) y, para 1817, figura de vicerrector, consiliario y dirigiendo conclusiones de Canónico. Hizo un trienio de Teología como catedrático sustituto (1822-24). Parece que allí finaliza su relación con el Rosario, habida cuenta de que ofrecía por su cuenta un centro de educación: un Liceo9

De nuevo intervendrá la política en su carrera académica. Ocurre la Conspiración septembrina, en 1828, con el consiguiente exilio del general Santander y la prohibición del sensualismo y el utilitarismo de Bentham y Tracy, supuestos culpables de la corrupción de la juventud. Botero, convencido reaccionario, fue nombrado rector del Colegio de Antioquia, en 1829. Alejandro Vélez, gobernador de la Provincia, suspendió al funcionario en junio de 1830. Cinco años después, se restablece el Plan General de Instrucción Pública de 1826, es decir, vuelven a las aulas de Jurisprudencia el utilitarismo y el sensualismo. Botero entra en campaña contra estas doctrinas, impugnándolas en los actos académicos públicos10

 

Clases de oratoria en el Rosario

Clases de oratoria en el Rosario. Gaceta de Colombia, 96, s. p.; 17-8-1823 

 

Botero, en pie de lucha. 

Principió todo con unos asertos de Ideología en el Colegio Académico de Medellín, en julio de 1835. El impreso que acompañaba el acto público, así como el catedrático Manuel Tiberio Gómez11, fue demandado por Botero ante el juez cantonal, por abuso de libertad de imprenta. 

Dio un paso adelante, acudiendo a demandas y publicando folletos. En los estrados, su causa fue rechazada y optó por dirigirse al público. Su primera pieza fue Acusación contra el gobierno de la N. G. (23-11-1835), seguida de una Invitación. Botero fue juzgado por sedición y abuso de la libertad de imprenta y condenado. Hubo asonada, conocida como Revolución del padre Botero, con la consiguiente fuga del reo. El Dr. Botero luego se presentará ante la autoridad para defenderse con un recurso llamativo: la irresponsabilidad por locura. Primero se presentó el antecedente familiar y luego se concentró en la conducta del propio acusado. El fiscal, por su parte, fue del parecer de que Botero no estaba loco para el tiempo de los delitos cometidos; antes bien, sus actos llevaban “la marca de la malicia de la mas esquisita perversidad”12.  

Condenado a muerte en primera instancia, obtuvo la absolución en segunda, nombrándole un curador para que se encargara de su persona y negocios13. Se le prohibió, en fin, el ejercicio del ministerio sacerdotal. La declaración de locura equivalía a una muerte civil14, por ello varias fuentes ponen 1837 como fecha de muerte carnal del personaje. Nuestro personaje murió realmente el diecinueve de octubre de 1848, en Copacabana, al parecer por una repentina apoplejía, afección que solía asociarse con los enajenados15

 

 Juicio del presbítero Botero

Juicio del presbítero Botero. La Crónica Semanal, 1(11), s. p. Hemeroteca Digital – Biblioteca Luis Ángel Arango

 

Escritos de un enajenado. 

La parábola vital de Botero, acabada en presunta locura, nos lleva de nuevo a revisar lo que hemos transcrito. Una nota de donación de 1812 que, por sus puyas, ya delata una personalidad atípica, por decir algo. Explica, ahora sí, la airada contestación del anónimo que lo fulmina “hijo espurio del Colegio”, confiando en que la razón triunfe en ese caso. Enajenación y militancia religiosa explican la peregrina nota de 1825, en que Botero solicita ser borrado de la historia del Rosario. Para la anónima mano que responde a esta solicitud, ofrecemos una hipótesis: Sebastián Esguerra fue el abogado que obtuvo la absolución en segunda instancia, apelando ala causal de locura. Para ello se presentaron numerosos testigos, unos condiscípulos y otro rector durante la última época de Botero en el Rosario. Fueron ellos: 

Juan María Pardo (estudió entre 1802-10), Manuel Antonio del Cantillo (entre 1807-13), José Joaquín Gómez de Hoyos (entre 1810-14) y Manuel Forero (entre 1804-8). Dos de los testigos no figuran en nuestros registros: José Nicolás Quevedo y Bernardo Pardo. Juan Fernández de Sotomayor estudió en el periodo 1793-1800 y ocupó la rectoría en los años 1823-32. El propio defensor, Sebastián Esguerra, estudió en el periodo 1802-6. 

Esguerra publicó su Defensa16, donde las pruebas de locura coinciden con las de la nota marginal ya copiada. Veamos: 

 

(...) vivia retirado sin permitir se le interrumpiese en la soledad; quejabase continuamente de la cabeza, molestandose de cualquiera pequeño ruido que se hiciese, en términos de impedir que à las inmediaciones de su cuarto estudiase algun cursante; (...) observabase en él alguna desorganizacion en su cerebro; (...) oiansele en los actos literarios largas i pesadas oraciones divagando de un asunto en otro; mui de madrugada iba à la habitacion del señor rector Domingo Tomàs de Burgos à molestarlo con la idea de que el juicio final estaba mui cerca i que se preparaba para aquel dia; (...) i como eran tantas i tan varias sus estravagancias sufria la burla de algunos colejiales que lo llamaban el loco. 

 

Vimos asimismo que la costumbre de cabalgar en “tardes malas y lluviosas” consta en el documento del Archivo y en testimonios del juicio. 

La memoria de Botero y de su peregrina solicitud de borrado histórico-archivístico han llamado la atención como objeto de estudio académico y constituyen un asunto espinoso: el Índice elaborado por Ovidio Oundjan (1959) no entra en detalles y apenas describe esta parte de la caja 40 con la frase “Correspondencia particular con el Rector”. 

La revolución del cura Botero fue, por su puesto, un acto político. Cerramos esta nota con una cita que pone el hecho precisamente ante el telón de fondo político de su época: 

Si el doctor Botero pecó, pecó por celo y por franqueza, nunca por maldad, ni porque buscara medios para medrar; ningún interés mezquino lo animaba, como se ha dicho. Es de justicia ele elemental el creer en las buenas intenciones de los hombres que anhelan servir en algo a la sociedad; no es noble ni caballeroso el estar apelando a armas tocadas de lodo para combatir al adversario que se presenta a la luz meridiana. No es aventurado suponer que tanto las ideas monarquistas de Botero como las republicanas de los jefes del gobierno, contribuyeron grandemente a hacer más acerba la contienda: apenas comenzaba a consolidarse la libertad, y el odio entre americanos y españoles era todavía inmenso; las siluetas nefandas de Morillo y Sámano no se habían borrado; los colombianos creían que también esas sombras siniestras se paseaban por los desolados campos de la patria como una amenaza para la emancipación, conseguida a fuerza de tánta sangre y de tánto sacrificio; los vencidos no habían olvidado que ellos, descendientes del Cid y vencedores de las huestes napoleónicas, habían sido derrotados por un ejército pobre e indisciplinado. Todo esto debe analizarse antes de darse el veredicto definitivo17

Fuentes

 


 

[1] Quinto Curcio Rufo, historiador romano del primer siglo cristiano, dejó una sola obra e incompleta, la biografía de Alejandro Magno. 

[2] Ad usum Delphini [Para uso del príncipe Delfín], serie de clásicos latinos anotados que empezaron a circular en el siglo XVII. Su nombre se debe a Louis, le Grand Dauphin [el gran Delfín], heredero de Luis XIV, con la forma latinizada del nombre. No tenemos esa edición de Horacio.

[3] Obras recomendadas en el plan Santander para los menores de Latín. Cuervo, en el Prólogo de su Gramática latina, las recomienda como primer ejercicio de traducción: “(...) así de las Selectas Sagradas, de Lhomond, por ejemplo, puede pasarse al De viris illustribus del mismo, y de ahí á las Selectas Profanas de Heuzet”. Estas selectas [Selectae] abundan en nuestra colección: de historias del Viejo Testamento, de poesías de los jesuitas, de Aristóteles, de autores griegos y latinos. 

[4] “Recobro. s. m. Reintegro de lo que se había perdido”. RAE, Diccionario de autoridades, s. v. No sabemos qué obra pueda ser “un Meneses”.

[5] Uribe Ángel, citado por Nazario Bernal, Divagaciones genealógicas sobre los Boteros. Revista Institucional UPB, 19(69), 70-87.

[6] “Finalmente, en noviembre de 1825, un decreto de Santander convirtió en obligatorio para todos los estudiantes de leyes del país el texto de Bentham sobre principios de legislación. Esta medida suscitó una verdadera tormenta de críticas, ya que Bentham era un materialista confeso cuyos escritos estaban llenos de afirmaciones contrarias a la ortodoxia de la Iglesia Católica y Romana. La indignación del clero era casi unánime, así como la de los seglares más conservadores. Ante tal reacción, Santander remitió el problema para un estudio más completo a la Dirección Nacional de Estudios establecida por un decreto del Congreso en 1826”. Bushnell, D. (2020). El Régimen de Santander en la Gran Colombia. Bogotá: Academia Colombiana de Historia.

[7] La costumbre de montar a caballo en “tardes malas y lluviosas” fue acreditada por varios testigos del juicio.

[8] Hay un cuasihomónimo, asimismo rosarista: José María Botero y Villegas, de Santiago de Arma de Rionegro, nacido el dieciocho de julio de 1797. Colegial en 1814.

[9] Botero, J. (1824). Liceo. Bogotá: Imprenta de Espinosa, por Valentín Molano. Biblioteca Nacional: FPD 207 PZA_99. Su proyecto era formar jóvenes cultos, como los de Atenas y Roma; también “como se ven ahora en la cultisima Paris”. Así pues, en su pénsum ofrecía: “el conocimiento de la religion, del idioma del pais, de la retórica, de la dialéctica, de la lengua francesa, de la geografía, de la historia, de los primeros rudimentos de la política, del derecho patrio, de la civilidad que hace al hombre agradableá sí mismo y delicioso para la sociedad”. En fin, algo opuesto al modelo colonial: “Y ¿seremos nosotros los únicos que amaremos la grosera educacion que se nos daba hasta el año decimo de este siglo? Permitiremos que los europeos comparen nuestra educacion con la de los araucanos y congos?”.

[10] García, R. López, A. Egresados de la Universidad de Antioquia. La reacción al plan de estudios había iniciado en Bogotá con el Dr. Margallo, Joaquín Mosquera y José Eusebio Caro, mas Botero “se dejó llevar de la vehemencia y la pasión, usó de expresiones tales, al modo de proclamas revolucionarias, que debieron parecer subversivas e incendiarias a los funcionarios públicos y aun dirigidas a producir un trastorno del orden general”, según Nazario Bernal, arriba citado.

[11] Colegial del Rosario en 1829: estudió Derecho público (1826), Teología, Fundamentos y apología de la religión católica (1828 y 29), Derecho canónico (1830 y 31), Economía política (1832); consiliario en 1832. Rector del Colegio de Medellín (Gaceta de la Nueva Granada, 226: 24-1-1836. El ocho de julio fue nombrado Mariano Ospina). Murió en Medellín, el veintiocho de marzo de 1837, con apenas veintiséis años. Estudió Gramática y Filosofía en Antioquia; pasó a la capital en 1819 al “colegio de Santo Tomás” (Necrología. Gaceta de la Nueva Granada, 293: 23-4-1837).

[12] El estudio minucioso del caso está en la tesis doctoral de Diana Paola Herrera Arroyave, La revolución del cura Botero: una disputa por las fuentes del derecho. Antioquia, 1835-1848. Universidad del Rosario, 2014.

[13] La sentencia, fecha en 19-11-1837, se publicó en La Crónica Semanal, 1(11), s. p.

[14] En febrero de 1836, fue suspendido del ejercicio sacerdotal; en septiembre de 1837, le suspenden la administración de los sacramentos, por su calidad de enajenado; en abril de 1840, se le restituyen los sacramentos; en diciembre de 1840, Botero solicita nuevo reconocimiento legal; en enero de 1841, se declara en uso de sus facultades mentales y se le restituyen derechos civiles; en agosto de 1842, Botero solicita al obispo la revocatoria de su suspensión; el obispo confirma la suspensión, en junio siguiente; en julio de 1843, el Capítulo metropolitano confirma la actuación del obispo. En julio de 1846, el Dr. Mariano Ospina ordena un nuevo reconocimiento médico-legal; en agosto, cinco facultativos dictaminan polimanía razonante intermitente; en octubre, el gobernador Ospina decreta la enajenación mental de Botero.

[15] Herrera Arroyave, tesis citada.

[16] Esguerra, S. (1837). Alegato presentado por el defensor que nombro el tribunal de apelaciones del Distrito de Cundinamarca en la causa criminal seguida contra el presbitero Dr. Jose Maria Botero por el delito de conspiracion. Impreso por J. A. Cualla. Archivo J. León Helguera - Universidad de Vanderbilt.inmenso; las siluetas nefandas de Morillo y Sámano no se habían borrado; los colombianos creían que también esas sombras siniestras se paseaban por los desolados campos de la patria como una amenaza para la emancipación, conseguida a fuerza de tánta sangre y de tánto sacrificio; los vencidos no habían olvidado que ellos, descendientes del Cid y vencedores de las huestes napoleónicas, habían sido derrotados por un ejército pobre e indisciplinado. Todo esto debe analizarse antes de darse el veredicto definitivo17.

[17]Concepto de Tomás Cadavid Restrepo, citado por Nazario Bernal.