En ese escenario, dos candidatos al Senado llevaron a nuestra Universidad una pregunta de fondo: ¿el país que viene se construye desde la soberanía energética o desde la modernización digital del Estado?
El panel académico “El País que Viene: Juventud, Equidad y Energía para Transformarlo”, organizado por los consejos estudiantiles de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos y la Escuela de Ciencias e Ingeniería de nuestra Universidad, reunió a la ingeniera electrónica Sandra Fonseca y al ingeniero industrial Augusto Moreno para confrontar visiones sobre el rumbo legislativo del periodo 2026–2030.
Lo que parecía un conversatorio más terminó revelando dos apuestas claramente distintas sobre el futuro del país.
Soberanía energética: estabilidad como base de la equidad
La discusión abrió con una alerta concreta: en 2025 Colombia comenzó a importar gas natural por primera vez en 45 años, lo que hoy representa el 17,5 % del consumo nacional. Un dato que deja de ser técnico cuando se traduce en riesgo de racionamientos, aumento en tarifas y presión sobre el crecimiento económico.
Sandra Fonseca, con más de 35 años de trayectoria en el sector y exdirectora de la CREG y Asoenergía, centró su intervención en la estabilidad regulatoria y el abastecimiento a largo plazo. Advirtió que el déficit proyectado de -3,5 % en la generación de energía para 2027 podría impactar el PIB nacional, especialmente ante un eventual fenómeno de El Niño.
“No estamos hablando solo de cables y voltios; hablamos de la base de la equidad social. Sin estabilidad regulatoria y seguridad en el suministro a largo plazo, las industrias que generan empleo para los jóvenes perderán competitividad y el costo de vida en los hogares se disparará. Mi bandera es la soberanía energética como motor de desarrollo”.
Su tesis fue clara: sin energía segura y suficiente no hay industria competitiva, ni empleo sostenible, ni reducción real de desigualdades. Para Fonseca, la prioridad legislativa es blindar el sistema energético antes de pensar en nuevas expansiones.
Modernización estatal: el país no puede seguir siendo analógico
Augusto Moreno, candidato por la Alianza Verde, llevó la conversación hacia otro eje: la desconexión entre el Estado y la economía digital.
En un país donde solo el 7 % de los jóvenes confía en el Congreso, Moreno planteó que la legitimidad se recupera con marcos normativos que entiendan el trabajo remoto, el emprendimiento tecnológico y los activos digitales.
“El país que viene debe dejar de ser analógico. El Estado debe adaptarse al crecimiento de las nuevas profesiones digitales y asegurar que el marco regulatorio no sea un obstáculo para la innovación. Buscamos un país que sí funcione para los 8,9 millones de jóvenes que tienen el poder de decidir estas elecciones”.
Su enfoque no parte del riesgo energético, sino del rezago institucional. Para Moreno, el problema estructural no es solo la oferta de energía, sino la incapacidad del Estado para adaptarse a una economía que ya cambió.
Dos visiones, una decisión electoral
El contraste fue evidente: Fonseca prioriza la soberanía energética como condición básica para la equidad y el crecimiento. Moreno apuesta por una modernización digital que permita a la juventud integrarse a la economía del siglo XXI.
Una visión parte de asegurar la infraestructura estratégica del país.
La otra, de transformar las reglas del juego para la nueva economía.
Ambas coinciden en algo: sin rigor técnico en el Congreso, Colombia arriesga retrocesos.
Nuestra Universidad como escenario de voto informado
El debate también evidenció una preocupación compartida: la apatía juvenil. En las últimas elecciones presidenciales, casi la mitad de los jóvenes entre 18 y 28 años no acudió a las urnas.
En el marco de la campaña institucional “No votes por un nombre. Vota por propuestas”, el llamado fue directo: entender los datos, comparar enfoques y votar con criterio. Porque la energía no es solo un asunto técnico.
Y la digitalización no es solo una tendencia. Son decisiones legislativas que definirán el costo de vida, el empleo juvenil y la competitividad del país en los próximos cuatro años.
El 8 de marzo no se elige solo un Senado; se elige el modelo de país que viene.





