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Puerto Valdivia y Bután: la felicidad que las conecta

Manuel Guzmán Hennessey

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Uno de los relatos del desastre de Puerto Valdivia me hizo pensar en la felicidad, quizá desde su más sencilla noción, que, curiosamente, puede ser también la más genuina. La felicidad que produce, por ejemplo, la mirada del paisaje.

Puerto Valdivia, como se sabe, es la población más cercana del proyecto hidroeléctrico de Hidroituango que ocasionó una emergencia recientemente. Describe Edwin Barreto en un video del periódico “El Colombiano”, lo que para la comunidad representaba el puente SimónBolívar, un hermoso logro de la ingeniería de 1932, que cruzaba el poderoso río Cauca, y conectaba la parte vieja del pueblo, adonde está la iglesia,la casa cural y el centro de salud, con los nuevos barrios, más cercanos al río, y por ende a la incertidumbre. Pues bien, lo que refiere Edwin sobreeste puente, va más allá de la tragedia que hoy vive un pueblo desplazado de su territorio de origen. Otro puente quizá reemplazará el viejo puente destruido, y con ello se volverán a conectar las dos partes del pueblo, pero jamás se recuperará la identidad del territorio de Puerto Valdivia, representado por aquel paisaje sencillo del puente Simón Bolívar.

Muchos pueblos de la Tierra han perdido, por causas ambientales o climáticas, el sencillo derecho del paisaje. Mirar lo que para ellos representaba el territorio, el arraigo a la Tierra donde nacieron, donde vivieron, donde criaron a sus hijos y fueron quizá, felices. Se pregunta Luis Alfonso Yepes Bustamante, en el blog “vivirenelpoblado” si existe un derecho ciudadano al paisaje, si puede el interés económico extractivo, transformar el paisaje, lucrándose del mismo, con perjuicio de un bien de todos. Un bien inmaterial, por supuesto, y subjetivo, pero no por ello menor. Un bien, másbien, esencial, consubstancial a la naturaleza más genuina del espíritu humano, asunto más de vida que de lucro. Yepes nos recuerda que sobre el “derecho al paisaje” se han ocupado tesis y publicaciones académicas, recientemente. Y que representa ¿Quién lo creyera? Un nuevo tema de estudio, aunque la categoría de paisaje como construcción cultural sea, aún, un concepto en construcción.

Vino a mi mente la conocida anécdota de Albert Einstein, y lo que escribión en el hotel de Tokio poco antes de ir a Oslo para recibir el premio Nobel: “Una vida tranquila y humilde traerá más felicidad que la búsqueda del éxito y la inquietud constante que viene con eso”.¿Y qué es una vida tranquila y humilde? ¿Qué importancia puede tener este concepto en una sociedad asediada por el consumismo, por el crecimiento, por los valores de uncapitalismo anacrónico y deshumanizado? ¿Por la expansión de los mercados como único regente del éxito colectivo? Tal Ben Shahar, director de la cátedra de felicidad de la Universidad de Harvard, recomienda darse permiso para ser humano. Coincide en esto con Ernesto Sábato, quien pide recuperar lo que de humanos hemos perdido.

De manera que si uno escribe que aspirar a la felicidad debería ser el fin del desarrollo colectivo y de las políticas públicas orientadas a garantizar una distribución adecuada de los bienes públicos y las rentas de los Estados, no debería causar sorpresa a nadie. No obstante, no es así. Por eso el audaz experimento del Reino de Bután de medir la felicidad para calcular lo que en otros lugares se llama ‘desarrollo’ sigue siendo considerado por muchos como un ‘experimento curioso’, pero pocos le conceden el carácter que verdaderamente tiene: una poderosa idea de innovación social que muchos países deberían considerar como una de las opciones para enfrentar, en el largo plazo, la actual crisis de humanidad que vive el mundo. La felicidad es quizá la más liberadora de las potencialidades de que disponemos los seres humanos. ¿Cómo es posible que los Estados no se esfuercen por conseguirla y apreciarla como el más preciado de los bienes públicos?

En la comunidad científica hay un consenso creciente (aunque incipiente aún en la comunidad de economistas) sobre la compleja relación existente entre renta y felicidad: (Easterlin, 1974; Sen, 2000; Heylighen y Bernheim 2000; Layard, 2005; Graham, 2008; Schimmel, 2009). Sen, por ejemplo, señala tres carencias fundamentales en el enfoque utilitarista sobre el desarrollo, que toma el bienestar subjetivo como evaluador último del mismo: 1) la indiferencia tradicional de este enfoque hacia la distribución de la felicidad, 2) el desinterés que muestra por los derechos, las libertades yotras cuestiones que no reportan utilidad y 3) La naturaleza adaptativa y sujeta a condicionamientos mentales del bienestar subjetivo (Sen, 2000). Como consecuencia de este auge ha crecido una nueva literatura que hoy da cabida a la denominada ‘economía de la felicidad’. Pero el reciente interéshacia el bienestar subjetivo no se limita al ámbito académico, ni a una parte determinada de la opinión pública, también muchos gobiernos, entre los que destacan los de N. Sarkozy en Francia y D. Cameron en el Reino Unido impulsaron proyectos orientados a conocer el bienestar subjetivo de los ciudadanos.

>El tema en la historia económica ha estado presente en el debate público y económico desde que Jeremy Bentham y John Stuart Mill dieron forma a la ética utilitarista, que, como se sabe, entiende que toda acción humana tiene como finalidad última incrementar los niveles de placer, felicidad o satisfacción. Los defensores de la felicidad como evaluador último del devenir colectivo lo defienden a partir de dos líneas argumentales: 1) el evaluador externo reduce el desarrollo al crecimiento de una selección arbitraria de variables objetivas, y 2) las manifestaciones subjetivas de felicidad o de satisfacción constituyen una señal biológica de correcta adaptación al medio en la que las ciencias que miden podrían confiar como indicador de progreso. En apoyo de esto último se sabe que la psicología moderna distingue dos tipos de felicidad: por un lado, la asociada al placer provocado por una corriente emocional agradable, y, por otro, la que resulta de un proceso reflexivo en el cual el individuo valora el conjunto de su vida a la luz de sus planes y aspiraciones (Punset, 2005; Kahneman y Krueger, 2006). Algunos académicos se han aventurado a afirmar que han crecido los niveles de felicidad en el mundo (Heylighen y Bernheim, 2000a; Veenhoven, 2005), otros son más escépticos (Schimmel, 2009) y algunos otros son francamente contrarios a esta valoración (Punset, 2005). Schimmel, incluso, ha señalado la necesidad de que organismos como el PNUD incluyan indicadores de felicidad o bienestar subjetivo en los análisis del desarrollo en el entendido de que el examen de las distintas categorías que intervienen en la noción de felicidad puede contribuir a tener en cuenta las dimensiones más relevantes de satisfacción de los seres humanos en relación con los planes estatales del desarrollo.

El mejor ejemplo de búsqueda de la felicidad colectiva lo dio el rey Jigme Singye Wangchuck en 1972. Él pensó en la mejor manera conducir a su pueblouna vez asumió su reinado y se preguntó si la búsqueda insaciable de riqueza económica era el correcto camino para conseguir la felicidad colectiva. Muy pronto encontró que todos los modelos que se apoyaban en este criterio lograban que la riqueza tan ansiada se acumulaba en unas pocas manos y dejaba a los otros en la miseria; por otro lado, encontró que el objetivo único de obtener dinero con base en la explotación de los recursos naturales, dejaba al medio ambiente aniquilado. Pensó que tanto el gobierno como los ciudadanos debían buscar otro objetivo que no fuera simplemente el económico. Entonces, como país se propuso un reto, abrió los ojos de su pueblo hacia una manera diferente de ‘ver y hacer las cosas’ y así fue como diseñó, junto con un grupo de sabios que convocó para tal fin, el indicador que mide la felicidad de todos sus habitantes. El indicador FIB o felicidad interior bruta. Singye Wangchuck se hizo una simple pregunta: ¿qué hace a mis ciudadanos felices? Con lo cual abdicó de su propio reinado einstauró una monarquía parlamentaria en 2008, convirtiendo así a Bután en la democracia más joven del mundo, en la que hoy, la filosofía de desarrollo FIB es el orgullo de sus habitantes. El rey creyó, según escribe Yashey Zimba, su ministro de Trabajo y Desarrollo Humano, que “el futuro de un país pequeño y vulnerable no podía estar en manos de una persona escogida al nacer y no por mérito. Sintió que era el turno de los butaneses deelegir su gobierno y un sistema que guiara su futuro”. Ahora bien, para entender tanta felicidad y tan peculiar modelo de desarrollo, es necesario tener en cuenta que los butaneses son tranquilos por naturaleza, se la pasan rezando y contemplando la naturaleza pues su filosofía y su religión sonbudistas, lo cual quiere decir que ambas entidades viven tanto en el alma como en el paisaje del país.

La paz de los butaneses está íntimamente conectada con la paz del ecosistema, como sucedía en Puerto Valdivia. Allí las montañas, millones de árboles y ríos se entrelazan con banderas de rezo de colores, rocas pintadas con imágenes de santos budistas, estatuas erguidas en lugares inhóspitos y banderines blancos como homenaje a los muertos. Son nada más 700 000 habitantes y el país tiene una extensión similar a la de Suiza, pero está situado entre dos potencias mundiales: India y China. No obstante, en apenas cuatro décadas, Bután ha logrado lo que otros países consiguen en cientos de años: educación, salud y alimento para todos sus habitantes, electricidad casi totalmente subvencionada, agricultura completamente ecológica, planificación urbanística estrictamente regulada y un turismo de alto valor y poco volumen cuyos ingresos pagan la mayor parte de los impuestos que dejan de pagar sus habitantes. Durante este periodo de despegue, la esperanza de vida de los butaneses ha pasado de 44 a 66 años, y la alfabetización, que únicamente se conseguía en los monasterios o fuera del país, ha llegado al 60 %. “Hemos encontrado un modelo que nos funciona por medio de otras vías de desarrollo. Nos hemos fijado en países que han crecido mucho económicamente, pero que se han cargado su propia cultura, sus valores y su entorno natural, para no hacer lo mismo. La población de estos tiene recursos, pero no es feliz”, aclara el ministro Zimba.

En Bután actualmente se desarrollan proyectos relacionados con la transición energética hacia energías renovables (como en Puerto Valdivia) cómo la venta de energía hidráulica a su vecina India, que compra el 60 % de la producción del país. Hay un plan de expansión de energías renovables. El países altamente vulnerable al cambio climático y el gobierno ha desarrollado ambiciosos planes de adaptación de sus comunidades.

Nota: algunos apartes de este escrito forman parte del libro “Jirafa ardiendo”, Universidad del Rosario, 2015, del autor.