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Hacia una Expedición Filosófica del pensamiento colombiano: Nicolás Gómez Dávila

Julián David Aguiar Castro

portada

Toda vida política que desee ser legítima en su ejercicio debe por lo menos intentar pensar filosóficamente a cada paso que da.

Kant nos advierte en el suplemento segundo, artículo secreto de La paz perpetua: “las máximas de los filósofos sobre las condiciones de posibilidad de la paz pública deben ser tomadas en consideración por los Estados armados para la guerra” (Kant, 2002, p.42). En el caso colombiano uno de los proyectos políticos más esperados fue el establecimiento de una paz perpetua y, en efecto, una paz perpetua así suene utópico, porque si fuera sólo momentánea sería nada más un armisticio, como diría Kant.
 
Sin embargo, este no ha sido el único proyecto político que ha tenido nuestro país. Han sido décadas de ideas políticas que se desean llevar a cabo, pero que muchas veces fallan desde que son planteadas. Estos fallos imprevistos son causados por una ignorancia elegida y voluntaria con respecto a nuestra tradición de pensamiento filosófico es una de las causas de la pobreza crítica de nuestro país. En este ensayo desarrollaré la problemática en torno a un autor brillante y muy poco conocido, como la mayoría de nuestros filósofos: Nicolás Gómez Dávila. A través de él, demostraré cómo la filosofía gomezdaviliana nos serviría para reflexionar sobre nuestros proyectos políticos como también de las problemáticas que nos aquejan.
 
La ignorancia elegida se ha convertido en un verdadero problema en tanto que los individuos, sin discriminar si pertenecen a las altas esferas o al común, saben que existe la filosofía y particularmente la filosofía colombiana, pero desean ignorarla. Prefieren vivir en un estado de caverna platónica en donde las decisiones políticas sólo son tomadas en medio de la penumbra de una realidad que requiere de modo apremiante de reflexión y crítica; se actúa desde la dictadura de la opinión pública y desde un profundo desconocimiento ético y político.

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Rafael Gutiérrez Girardot

Esta problemática se vuelve apremiante en tanto que por esta ignorancia elegida de la mayoría todos los días se escoge las condiciones de posibilidad política de un país: vivimos en una democracia. Lamentablemente la mayoría de nuestra población toma las peores decisiones al igual que la mayoría de la población mundial. Un comentario de Rousseau nos explica la virtud que engendra el propio declive de la democracia: “s’il y avait un peuple de dieux il se gouvernerait démocratiquement.

Un gouvernment si parfait ne convient pas à des hommes”[1] (Rousseau, 1966, p.108) En una palabra, la ausencia de reflexión que acompaña a la democracia afecta directamente la vida política en tanto que somos miembros de un régimen sometido a sus normas. Es en este punto que un filósofo como Gómez Dávila es de gran ayuda para ver a través de un lente más crítico el problema fundamental de la democracia y nuestros futuros proyectos políticos.
 
Nicolás Gómez Dávila fue una de las mentes más brillantes del siglo XX en Colombia, nacido en Bogotá en 1913 y fallecido en la misma ciudad en 1994. El solitario de Dios, como lo llama Franco Volpi, fue un filósofo que se podría decir vino de la nada, sin precedentes, inclasificable, pero sobre todo inconfundible. Su vida podría ser relatada en una simple frase “nació, escribió, murió” (Volpi, 2005, p.19). Sin embargo, no nos dejemos confundir por la simpleza de una vida, generalmente en ella se esconde la belleza de lo auténtico.

Se definía a sí mismo como un reaccionario auténtico, como un escéptico, es decir, un crítico mordaz de la modernidad. Su estilo aforístico original y único es de la talla de un Nietzsche o de un Novalis, cada escolio, cada frase atrapa hasta el más mínimo suspiro estético. Como dice él mismo “la originalidad no es algo que se busque, sino algo que se encuentra” (Gómez Dávila, 2005, p.125), en el caso del solitario de Dios esta originalidad fue encontrada como un don regalado por los dioses.

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Danilo Cruz Vélez

Dentro de sus obras entre las cuales se destacan los Escolios, las Notas Textos, y otros artículos, Gómez Dávila se caracteriza por ser un crítico de la modernidad, escéptico de la democracia, el liberalismo, el marxismo y la creciente sociedad de masas. En cada escolio y en cada nota se puede evidenciar su crítica visión frente a las situaciones políticas contemporáneas de su época. Su preocupación por la manera en como se desarrolla la política en la modernidad es un claro dardo que se clava en el corazón de la política colombiana desde 1810 hasta nuestros días.

“Desde hace tantos años se hace política con tanta habilidad, tanta técnica, tanto cinismo, tanto afán de eficacia, una tan severa consideración de los medios en función de su pura capacidad para lograr un resultado determinado, y con tan escasos o tan irónicos éxitos, que no comprendo cómo a nadie seduzca la idea de ensayar ser estúpidamente honrado, imbécilmente puro y recto” (Gómez Dávila, 1954, p.367)
 
Esta nota demuestra un pensamiento típico gomezdaviliano en donde la simple fuerza del pensamiento en su estado puro puede ser el destructor de la manera como se hace política. Hagamos el ejercicio crítico de someter ciertos sucesos de la historia colombiana a tan mordaz y brillante pensamiento.

Cuando el presidente Guillermo León Valencia decidió bombardear con napalm[2] la zona de Marquetalia, su propósito era claro: eliminar de la manera más efectiva, técnica, y hábil aquel enemigo (la guerrilla) que de modo más honrado puro y recto habría sido imposible para tan vano pensamiento crítico. Otro acontecimiento aún más reciente en donde es evidente el grado máximo de la dominación a través de la técnica y la administración descarnada en donde el mismo terror estaba a la orden del día es el suceso de los falsos positivos en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez.

El objetivo del presidente y de su gabinete era claro: pintar de rojo el tapete característicamente verde del territorio colombiano. A través de dádivas ofrecidas a los militares por demostrar que habían asesinado en combate a guerrilleros, los militares encontraron el lucrativo negocio de matar a campesinos y a civiles para demostrar bajas en combate.

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Estanislao Zuleta

En esta situación jóvenes del municipio de Soacha eran llamados para realizar labores en el campo con el pretexto de que serían bien remunerados; cuando llegaban a sus puestos de trabajo el único oficio que encontraban era morir. A estos jóvenes les pasaba lo que le pasó a Josef K en El Proceso de Franz Kafka: “fue detenido una mañana, (y en el caso colombiano fueron asesinados), sin saber por qué”.

Estos sucesos y otros como las chuzadas, la yidis política, la parapolítica en el gobierno de Uribe Vélez son fácilmente vaciados de toda justificación política con una sola reflexión hecha por Gómez Dávila. Claro está, se nos escapan otros acontecimientos como el proceso 8000 de Samper, los innumerables desaciertos de Turbay, la absoluta sumisión de Pastrana al Plan Colombia liderado por EE. UU, entre otros. Lo anterior nos lleva a la siguiente reflexión de Gómez Dávila: su crítica a la democracia y su preferencia aristocrática.
 
Gómez Dávila siempre fue muy escéptico de la democracia, como bien lo eran los griegos. Este poderoso escolio nos muestra una demoledora crítica de este sistema. “La democracia es el sistema para el cual lo justo y lo injusto, lo racional y lo absurdo, lo humano y lo bestial, se determinan no por la naturaleza de las cosas, sino por un proceso electoral” (Gómez Dávila, 1954, p. 415-416). En este punto el filósofo bogotano deconstruye el pensamiento optimista de los demócratas y lo hace ver desde la pureza del pensamiento como un simple capricho de elecciones de personas iletradas.

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Cayetano Betancur

Ejemplos como el plebiscito por la paz del 2016, senadores como María Fernanda Cabal, Ernesto Macías, Aída Merlano, Gustavo Bolívar y una innumerable lista demuestra que el proceso electoral es una clara muestra de que los electores no se guían por reflexiones sino precisamente por la ausencia de ellas. También podemos encontrar a vergonzosos funcionarios públicos como el senador Antonio Zabaraín y la concejala Xinia Navarro que alicorados hacen espectáculos en sesiones del circo burgués llamado Congreso. De las pocas virtudes del sistema democrático es que en la estupidez de la mayoría de nuestros políticos podemos ver tan claro como en un espejo la ineptitud de nuestra propia condición nacional.
 
Otra reflexión de este pensador es la crítica cultural que lo acerca a pensadores como Adorno y Horkheimer. Un escolio como este evoca un pesimismo a las soluciones liberales del siglo XX con respecto a la educación de las masas: “La tarea, ya secular, de “democratizar la cultura” no ha conseguido que más gente admire, verbigracia, a Shakespeare o a Racine, sino que más gente crea admirarlos” (Gómez Dávila, 2001, p.66).  Su fe certera en Dios y su crítica radical a la tradición marxista no opacaba su respeto por Marx y su odio a la sociedad capitalista contemporánea del siglo XX como lo demuestra en este escolio: “Los Evangelios y el Manifiesto Comunista palidecen; el futuro del mundo está en poder de la coca-cola y la pornografía” (Gómez Dávila, 2001, p.227)
 
El título de este ensayo pretende devolver a la memoria la maravilla de la Expedición Botánica llevada a cabo por José Celestino Mutis. En esta expedición se logró conocer la asombrosa diversidad exótica de nuestro país, diversidad que por cierto se tenía conciencia de su existencia, pero era profundamente ignorada. Por su parte, este ensayo pretende ser una “Expedición Filosófica” e iluminar la conciencia de aquellos que ignoran libremente la existencia de nuestros filósofos. Aunque en este punto posiblemente estemos traicionando el pensamiento de Gómez Dávila, pues era un crítico del compromiso político, es importante que no sólo sea recordado, pero también aprovechado hoy en día.

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Fernando González Ochoa

Podemos aprovecharlo como un llamado al compromiso político, al engagement que filósofos como Sartre y Fanon tanto solían admirar, pero que sea siempre un compromiso desde la reflexión, desde la profundidad del pensamiento, aspecto que el solitario de Dios tanto solía admirar. Pónganse sus trajes de explorador y aventurense por la mágica expedición a través del rico néctar que brota de los escolios de Gómez Dávila, a través de los ríos de inteligencia de otros autores como Danilo Cruz Vélez, Rafael Gutiérrez Girardot, Estanislao Zuleta, Cayetano Betancur, Fernando González Ochoa, entre otros. Al final de este ensayo anexaré las fotos de estos autores para que al menos si ven sus caras no pasen desapercibidos, al menos tenemos la desgracia de vivir en los tiempos de la Sociedad del Espectáculo que otro gran filósofo como Guy Debord ha tenido la fortuna de criticar.
 
Bibliografía
 
Gómez Dávila, N. (1954). Notas. Bogotá: Villegas Editores.
 
Gómez Dávila, N. (2001). Escolios a un texto implícito. Bogota: Villegas editores.
 
Gómez Dávila, N. (2005). Nuevos escolios a un texto implícito Tomo II. Bogotá́: Villegas Editores.
 
Kant, I. (2002). Sobre la paz perpetua (p. 42). Madrid: Tecnos.
 
Rousseau, J-J. (1966). Du contrat social. (p.108) Paris: Editorial Garnier-Flammarion.
 
Volpi, F. (2005). Nicolás Gómez Dávila, el solitario de Dios. Bogotá: Villegas Editores.

 


[1] Si hubiera un pueblo de dioses, este se gobernaría democráticamente. Un gobierno así de perfecto no le conviene a los hombres. [Mi traducción]

[2] Vale la pena recordar que las bombas de napalm fueron utilizadas por EE. UU. en la Guerra de Vietnam causando grandes daños físicos por las quemaduras que dejaban en la piel. Este tipo de bombas fue uno de los objetivos de la crítica del Tribunal Russell, un grupo de filósofos y pensadores (entre ellos Bertrand Russell, Jean-Paul Sartre, Günther Anders, Simone de Beauvoir, etc.) que decidieron juzgar los crímenes de guerra de EE. UU. por fuera del derecho internacional.