Actualmente, cerca de 2.200 millones de personas viven sin acceso a agua potable gestionada de forma segura. En pocas décadas, la escasez dejó de ser un problema localizado para convertirse en una situación global que impacta a dos tercios de la población mundial. La ONU ha advertido, además, sobre una “bancarrota hídrica global”, en la que el agua dulce ya no se recupera al ritmo que demanda la actividad humana.
Las consecuencias tampoco son equitativas. En muchos territorios, son las mujeres y las niñas quienes asumen las mayores cargas asociadas al acceso al agua, enfrentando trayectos largos, condiciones inseguras y limitaciones que afectan su calidad de vida.
En este contexto, avanzar en soluciones también implica abordar uno de los factores que más presiona los recursos hídricos: la contaminación. Los vertimientos industriales, como los hidrocarburos, afectan directamente la calidad del agua y limitan su disponibilidad para distintos usos. Entender y anticipar estos impactos es clave para proteger los ecosistemas y garantizar el acceso al agua en el largo plazo.
Frente a este panorama, la investigación científica adquiere un papel central. Desde nuestra Universidad, diferentes estudios vienen aportando al entendimiento y la gestión de los recursos hídricos. Entre ellos, se destaca el trabajo desarrollado por la profesora Andrea Devis, del programa de Ciencias del Sistema Tierra, que analiza cómo el uso de modelos matemáticos permite anticipar y gestionar impactos ambientales asociados a actividades industriales.
Su investigación, centrada en el impacto de la industria petrolera, evidencia cómo las matemáticas pueden convertirse en una herramienta concreta para la toma de decisiones y la prevención de riesgos en los ecosistemas.
“Las matemáticas nos permiten modelar escenarios y entender cómo se comportan los sistemas naturales frente a intervenciones humanas, lo que resulta clave para prevenir impactos ambientales.”, afirma la profesora Devis.
También, añade “El agua es un recurso limitado y altamente vulnerable. Si no incorporamos el conocimiento científico en la toma de decisiones, los efectos pueden ser irreversibles.”
Este tipo de investigaciones resultan relevantes si se tiene en cuenta que el agua es un eje transversal del desarrollo sostenible. Está presente en la producción de alimentos, la generación de energía, la salud de los ecosistemas y la adaptación al cambio climático. Sin embargo, la sobreexplotación, la contaminación, las fallas en infraestructura y el cambio climático están aumentando la presión sobre este recurso.
Si quieres conocer más sobre la investigación “Las matemáticas contra el petróleo”, ingresa aquí.
Las soluciones requieren una mirada integral. Implican fortalecer la educación, promover el uso eficiente del agua, proteger ecosistemas estratégicos como páramos y humedales, y avanzar en el desarrollo de tecnologías que mejoren su gestión. A esto se suman acciones concretas como la reparación de fugas, la captación de agua lluvia y el tratamiento de aguas residuales.
Más allá de la conmemoración, el Día Mundial del Agua es una oportunidad para entender que el acceso al agua está directamente relacionado con la equidad y el bienestar, y que la ciencia tiene un papel determinante en este desafío.
Desde nuestra Universidad, la invitación es a acercarse al conocimiento y a comprender cómo, desde distintos campos, es posible aportar a la protección de este recurso.