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La fascinación por el misterio

Laura Daniela Carvajal Caballero

portada

Era un hombre de unos 50 años, de estatura y constitución fuerte; el subido color que yo imaginaba que tenía evidenciaba un temperamento sanguíneo.

Su expresión era fría y de sus facciones sobresalían unas cejas pobladas que hacían parecer más profunda su mirada. Sus brazos eran fuertes y siempre llevaba botas negras en sus pies. Era un ser inconsciente, pero también estratégico y tal vez audaz. Impetuoso, sin temores y con una actitud fascinante, capaz de enamorar a sus víctimas concediendo regalos y mostrando una falsa cortesía. Su primer asesinato fue cometido en un pueblo, lugar donde se quedaría para seguir realizando una serie de innumerables homicidios. Sus deseos violentos se hacían cada vez más notorios involucrando sadismo y tortura. El criminal combinaba su papel de hombre amable y confiable con el de un hombre macabro que asesinaba por simple deseo. De esta forma, me imaginé al asesino de “Ataúdes tallados a mano” en Música para camaleones, una obra escrita por Truman Capote.  
 
La fascinación por el misterio y la muerte forman parte de la intriga en este texto y, consecuentemente, la desaparición de sus personajes. Llama la atención que el tema de la obra genere al menos un gran misterio que, de hecho, no es resuelto explícitamente ni en el mismo desenlace de la historia. Este misterio que está desde el principio es lo que otorga una expectativa adicional, una secuencia de suspenso que permite seguir las acciones de los personajes que continuamente se están desarrollando. Jake: el detective obsesionado con encontrar al culpable es persistente en seguirle la pista a quien creyó culpable desde un principio, quien a lo largo de la obra muestra sus sentimientos por una de las víctimas, Addie. Jake es uno de los tantos personajes de la obra que mantiene el misterio, pues está seguro de quién es el culpable. Sin embargo, no tiene pruebas suficientes para condenarlo y esto crea una incógnita que persiste a lo largo del relato. ¿Quién es el verdadero responsable de los crímenes? Con esto se crea un suspenso cuyo propósito es que el lector continúe la lectura para averiguarlo. No es extraño, entonces que se cree una línea secuencial dentro de la obra. Desde el misterio de conocer la identidad del asesino, hasta el suspenso de averiguar quién será la próxima víctima.

Como ya lo mencioné, el misterio y la muerte son dos temas que no dejan de resonar en esta obra periodística. El lado oscuro ha ejercido siempre un gran atractivo en la literatura, pero en especial en los escritos de Truman Capote. Es el lado del mal, pero también el lado de la duda, de la intriga, de los homicidios, de todo aquello que, en definitiva, nos ubica en temas de muerte. El monstruo o asesino desarrolla siempre un modus operandi que va perfeccionando y repite hasta ser atrapado. En toda historia criminal esto se puede ver: hay una misma secuencia hasta que el asesino es descubierto. En este caso, el homicida no mata a todas sus víctimas de la misma forma, de hecho, utiliza ciertas técnicas “únicas” para cada una de ellas. Por ejemplo, una pareja es atacada por víboras venenosas, otra persona es decapitada y luego Addie (la amada de Jake) es ahogada. Además, otro rasgo que caracteriza esta obra es situar el espacio en un territorio extraño, con poca gente y en un lugar alejado donde no hay mucho que hacer. ¿Sera que lo siniestro se deleita como fascinación dentro de la literatura? Puede ser. En el fondo, lo que percibí del texto es que precisamente la verdadera causa del éxito en esta obra  es el misterio, claro de modo literario y narrativo mostrando el poder de lo oculto (el criminal anónimo).

La ruta textual de esta obra se puede entender a partir de la entrega de un “regalo” por parte  de Papá Noel una escena narrativa y macabra, la cual permite el desenlace del misterio. Por ejemplo:
 
Era un objeto hermoso, tallado enmadera de bálsamo. No estaba ornamentado, pero cuando se levantaba la tapa, se veía que el cajón estaba vacío. Contenía una foto, una instantánea casual y cándida de dos personas de edad mediana, un hombre y una mujer, que cruzaban la calle. No era una foto para la que hubieran posado; uno se daba cuenta de que ellos no sabían que se les había sacado una foto” (Capote, pág. 4).
 

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Es aquí donde el asesino alerta a las personas y es sin duda lo que conduce a las víctimas a un choque emocional, tal vez sobrepasando la realidad, porque el asesino envía un mensaje o una señal de “cuidado”. Mediante este acto, se destrozan simbolícamente las esperanzas de seguir viviendo de las personas. El ataúd es la característica que  representa el poder del asesino serial y el status de que se mantiene libre. Su compulsión se hace cada vez más fuerte, y a lo largo del relato con cada asesinato demuestra que es ingeniosamente diabólico. Me conduce a pensar que quería que lo atraparan pues no parecía tener límites, cada vez las acciones del asesino se hacían más salvajes y frías. Dejaba su marca en cada caso y sus actos poco a poco iban  ascendiendo. Otros asesinos tienen una historia pasada como reflejo de sus conductas sanguíneas, no logre comprender cuál era la de este homicida. Sin embargo, los asesinos en serie muchas veces no dejan claro la razón de porque matan, las condiciones del por qué pueden variar ya sea por las diferentes personalidades que existen, o simplemente porque realmente les gusta matar y sienten satisfacción al hacerlo.

Por otra parte, el asesino tomaba fotos de sus víctimas, esperando el momento oportuno para captar un plano perfecto y así mandarlas en un cajón de madera. Un mensaje directo a sus víctimas, una técnica muy siniestra de decirles a las personas que están siendo vigiladas. Si bien, el fotógrafo siempre ha sido considerado como un observador, en esta obra, el asesino en definitiva lo es pero de una forma macabra. Un hábito que toma el homicida como medio interactivo con sus víctimas antes de que estas sean atacadas.

Por último, en las páginas de esta obra, Truman Capote se filtra en su propia obra utilizando la narración y el diálogo, un rasgo muy característico de este escritor. Además, de su logro en poder contar una obra saturada de ficción desde un relato periodístico. Truman siempre sospechó, al igual que Jake, que Bob Quinn era ese asesino. Y en definitiva todas las pistas apuntaban a que él único culpable era él, pero no eran suficientes. Quinn ganó y se quedó en el borde del río con una sonrisa triunfante. Después de cometer los ataques y a pesar de saciar sus deseos con cada víctima, se creía un ser incompleto y siguió cometiendo homicidios sin ninguna culpa y sin ser encarcelado por ello. Sus fantasías violentas se hicieron realidad acechando a sus víctimas mediante engaños y regalos de “Papá Noel”.

“Fue la mano de Dios. -Levantó su propia mano, y el río, visto entre sus dedos separados, pareció entretejerse como una cinta oscura. —La obra de Dios. Su voluntad”. La fascinación por el mal y un problema mental tal vez era lo que hacía pensar a Bob Quinn que todo fue obra de Dios.

Referencias
Capote, Truman. “Ataúdes tallados a mano” en Música para camaleones.
Szichman, Mario. (7 de junio de 2014). Ataúdes tallados a mano, recuperado de http://marioszichman.blogspot.com/2014/06/ataudes-tallados-mano.html