Semanas después, el precoteo electoral narrado en vivo por Juanpis González acumularía 416.379 visualizaciones solo en YouTube. Ningún programa de la franja política de la televisión colombiana se acercó siquiera a esas cifras.
Por primera vez en décadas, la campaña presidencial no tuvo un debate entre los aspirantes punteros. En su lugar, ese espacio lo ocuparon los *lives* y *streams* organizados por creadores de contenido. Ese vacío, y lo que lo llenó, es el punto de partida del informe *¿Los influencers redefinen las campañas políticas?*, una investigación de la Escuela de Estudios Sociales, Políticos e Internacionales (EESPI) de la Universidad del Rosario, liderada por la profesora Sandra Botero, con el apoyo de la Fundación Konrad Adenauer y Luminate.

Una radiografía de 10.666 publicaciones
El equipo de investigación analizó, de manera manual, 10.666 publicaciones producidas entre el 1 de febrero y el 21 de junio de 2026 por un panel de 68 creadores de contenido en TikTok e Instagram, seleccionado a partir de una encuesta a 753 personas en 81 municipios de 17 departamentos del país. El panel quedó balanceado por género (50 %/50 %) e ideología (44 % afines a la izquierda, 44 % a la derecha y 3 % de centro), y el análisis se complementó con entrevistas a los propios creadores y a equipos digitales de las campañas.
Los hallazgos, resumidos en cuatro datos centrales, describen un ecosistema digital que no solo acompañó la contienda electoral, sino que llegó a fijar su agenda.
La campaña se tomó las redes
Más de la mitad del contenido publicado por el panel (55,3 %, equivalente a 5.901 piezas) estuvo relacionado con la contienda presidencial, y esa proporción creció de manera sostenida: de una de cada cinco publicaciones en febrero a cuatro de cada cinco en junio, en la antesala de la segunda vuelta.
La "agenda inversa" se consolidó como estrategia.
Los investigadores documentaron lo que llamaron *reverse agenda-setting*: candidatos que concedían entrevistas en vivo a creadores de contenido, y no a periodistas, obligando después a los medios tradicionales a cubrir esas conversaciones. El fenómeno, que en mayo era terreno casi exclusivo de las candidaturas de derecha, fue adoptado también en junio por el candidato de izquierda, Iván Cepeda.

La rabia fue la emoción reina.
Una de cada tres publicaciones (33 %) apeló a la rabia o la indignación como principal recurso emocional, y casi la mitad del contenido sobre la campaña (48 %) tuvo un tono negativo, frente a un 42 % positivo. El informe encontró además un patrón claro de polarización emocional: las menciones críticas u opositoras apelaron sobre todo a la rabia, mientras que las menciones a favor recurrieron a la esperanza, la alegría y la confianza. En las publicaciones sobre Abelardo de la Espriella predominó el tono positivo (48,9 %); en las que mencionaron a Iván Cepeda, predominó el negativo (54,2 %).
Dos campañas, dos estrategias digitales opuestas.
Mientras los influencers afines a la derecha concentraron el 72,5 % de su contenido en la campaña presidencial desde mayo, y la candidatura de Abelardo de la Espriella construyó una colaboración sistemática con creadores de contenido en sus recorridos territoriales, la campaña de Iván Cepeda mostró mucha menos coordinación con influencers antes de la primera vuelta y solo intensificó su presencia en *streams* tras quedar en segundo lugar.

“Los influencers llegaron para quedarse"
Para Sandra Botero, directora del informe y docente de la Universidad del Rosario, los datos confirman una transformación que la política institucional colombiana apenas empieza a asimilar:
"Los influencers llegaron para quedarse en la política colombiana. El 58% de las personas en Colombia se informan vía redes sociales, y los influencers son el puente entre lo digital y la política institucional. Adicionalmente, son actores activos de la política: con sus opiniones, con su activismo y con las relaciones que construyen con las campañas políticas. Necesitamos entender y pensar mejor qué significan estos nuevos actores para nuestro sistema político."
Esa misma pregunta atravesó el evento de presentación del informe, realizado en la Universidad del Rosario, con la participación de Kristin Wesemann, directora de la oficina en Colombia de la Fundación Konrad Adenauer Stiftung, quien situó los hallazgos en un contexto más amplio:
"El 54% de los adultos afirma obtener noticias a través de medios sociales; estas redes y los creadores de contenido se han convertido cada vez más en actores fundamentales, muy relevantes para formar opinión pública."
Wesemann añadió que ese nuevo protagonismo trae consigo una responsabilidad democrática:
"Esa habilidad de discutir la política o tomar decisiones políticas en coalición, informadas y de manera civil, fortalece a una democracia."
Un marco legal que no da abasto

Los propios creadores de contenido consultados por el equipo de investigación narraron desde adentro cómo cambiaron las reglas del juego en esta campaña: coincidieron en señalar oportunidades para democratizar la información y para llegar a la opinión pública desde las redes, pero también la necesidad de hacerlo de manera informada y responsable.
El informe concluye que el marco legal colombiano sobre propaganda política sigue diseñado para una campaña física y un ecosistema de medios tradicionales que ya no son los únicos protagonistas. Los investigadores dejan abiertas preguntas sobre qué cuenta como propaganda política en el entorno digital y hacen un llamado a los partidos, el Congreso, el Consejo Nacional Electoral y las plataformas a discutir una actualización normativa que no restrinja la libertad de expresión ni los derechos digitales de los influencers.
El informe completo, *¿Los influencers redefinen las campañas políticas?*, está disponible para consulta en EdocUR, el repositorio digital de la Universidad del Rosario.