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Un mensaje de María Isabel González en los 20 años del Programa de Psicología

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En el marco de la conmemoración de los 20 años del Programa de Psicología de la Universidad del Rosario, su fundadora, la profesora María Isabel González, compartió una emotiva reflexión sobre el origen, el propósito y el impacto de un proyecto académico que hoy se consolida como referente nacional e internacional. A través de una profunda analogía inspirada en La historia sin fin, de Michael Ende, recordó que los grandes sueños solo perduran cuando se construyen de manera colectiva y se convierten en legado para las nuevas generaciones.

Queridos todos:

Hace veinte años, cuando comenzamos el Programa de Psicología de la Universidad del Rosario, yo les hablaba a los nuevos estudiantes de una novela del escritor Alemán Michael Ende (1929-1995) que me ha encantado siempre llamada “La historia sin fin” (de ella se hizo una película, con el mismo nombre en 1984).

En la novela, la Emperatriz Infantil de Fantasía le explica a Bastián, el protagonista que su reino está siendo devorada por la Nada, una consecuencia de algo que ocurre en el mundo de los seres humanos: ellos están dejando de creer en Fantasía. Han perdido la capacidad de imaginar, de crear, de soñar y de otorgar valor a los relatos simbólicos. Cada vez que un ser humano deja morir su imaginación o deja de entrar en relación con el mundo de Fantasía, una parte de ese reino desaparece y es reemplazada por la Nada.

La Emperatriz explica que Fantasía existe porque los seres humanos la alimentan con sus sueños, deseos, esperanzas, historias e imaginación. Cuando esa relación se rompe, Fantasía comienza a desintegrarse.

Aquello que desaparece en la Nada no deja simplemente de existir, lo que cae en ella llega al mundo humano convertido en mentiras y engaños. Los hombres, al perder el contacto con la verdadera imaginación, son más vulnerables a las falsedades, la manipulación y las ilusiones vacías y la realidad humana se empobrece.

El papel de Bastián en la novela es restablecer el vínculo entre el mundo humano y Fantasía. Los seres humanos necesitan Fantasía para descubrir nuevos deseos, dar sentido a su existencia y renovar su capacidad creadora; Fantasía, a su vez, necesita de los seres humanos para seguir existiendo.

En la novela, la destrucción de Fantasía no representa solo el fin de un mundo imaginario. Simboliza la crisis espiritual del ser humano moderno: cuando se pierde la imaginación profunda, la capacidad simbólica y el contacto con el deseo auténtico, no solo se empobrece Fantasía, sino también la propia vida humana.

Michael Ende sugiere que la imaginación no es una forma de escapar de la realidad, sino una condición para comprenderla y transformarla. Por eso la salvación de Fantasía y la salvación del mundo humano son, en el fondo, una misma tarea.

Traigo a colación la novela porque cuando comenzamos con el Programa hace 20 años, en la entrevista de ingreso con uno de los aspirantes me dijo:

“Mi papá me aconsejó no entrar al Rosario porque él cree que los primeros estudiantes vamos a ser conejillos de indias”.

“Discrepo de tu papá”, le respondí, “ustedes serán los pioneros de este Programa. 

Conejillos serían en el mundo de la Nada, pioneros son en el mundo en donde se siembran sueños que con esfuerzo y dedicación se convierten en realidad.

Por otra parte, los sueños no se construyen ni se hacen realidad en soledad. Cuando hablamos de un sueño imaginamos una experiencia muy íntima. "Mi sueño", "mi vocación", "mi proyecto". La cultura contemporánea nos ha acostumbrado a pensar los sueños como propiedad privada de un individuo, como una conquista personal. Sin embargo, basta observar con atención cualquier gran realización humana para descubrir que esa imagen es incompleta.

Ningún sueño nace de la nada, ni en la nada.

Mucho antes de que una persona pueda formularlo, ya ha sido preparado silenciosamente por incontables encuentros, lecturas, afectos, heridas, maestros, fracasos y oportunidades. Lo que llamamos "mi sueño" es, en realidad, una convergencia. En él resuenan voces que muchas veces ni siquiera reconocemos: los anhelos de nuestros padres, las luchas de nuestros abuelos, las historias de una cultura, las preguntas de una época y las posibilidades abiertas por quienes caminaron antes.

Por eso un sueño tiene un origen personal, pero nunca una pertenencia exclusivamente individual.

Podríamos imaginar que cada ser humano recibe un hilo. Ese hilo posee un color, una textura y una dirección propios. Ningún otro es exactamente igual. Durante buena parte de la vida creemos que nuestra tarea consiste únicamente en cuidar ese hilo, fortalecerlo y hacerlo avanzar. Sin embargo, llega un momento en el que descubrimos que ese hilo comienza a cruzarse con otros: algunos lo sostienen, otros lo desvían, otros lo enriquecen con nuevos colores. Lentamente comprendemos que no estamos tejiendo una cuerda para nosotros mismos, sino participando en un inmenso telar cuyo dibujo completo ninguno de nosotros alcanza a ver.

Imaginemos por un momento ese telar visto desde muy cerca. Cada tejedor solo alcanza a ver el pequeño fragmento sobre el que trabajan sus manos. Algunos incluso creen que están haciendo un dibujo incompleto o sin sentido. Uno entrelaza un hilo azul; otro, uno rojo; otro más, una hebra dorada. Ninguno comprende por qué su trabajo requiere exactamente ese color o esa dirección.

Solo quien pudiera elevarse por encima del telar descubriría que todos esos hilos, aparentemente inconexos, forman el ala de un ave, el cauce de un río o el rostro de un ser humano.

Si el sueño fuera exclusivamente mío, su realización dependería únicamente de mis capacidades. Pero si forma parte de un tejido mayor, entonces cada encuentro, cada colaboración e incluso cada aparente interrupción puede estar contribuyendo a una obra cuya forma definitiva desconozco. Algunas personas no llegan a contemplar el dibujo terminado. Sin embargo, eso no significa que su hilo haya sido inútil. Muchas veces quien inicia un sueño no es quien lo culmina. Otras personas continúan el tejido.

Desde una perspectiva psicológica, podríamos decir que el sueño personal representa la búsqueda de una forma única de ser uno mismo, que alcanza su madurez cuando deja de entenderse como una empresa solitaria y se descubre que la singularidad encuentra su pleno sentido al ponerse al servicio de una totalidad más amplia. Nos volvemos verdaderamente nosotros mismos cuando aquello que somos comienza también a fecundar la vida de otros.

Tal vez por eso los grandes sueños nunca terminan con quien los soñó primero. Se convierten en inspiración, en legado, en tradición o en comunidad. Cambian de manos, se transforman, encuentran nuevos intérpretes y continúan creciendo. Como una melodía que pasa de un instrumento a otro sin perder su esencia, el sueño deja de pertenecer a un individuo para convertirse en patrimonio de muchos.

Este es el caso del Programa de Psicología de la Universidad del Rosario. Todos ustedes lo aquí presentes, profesores y egresados del Programa y de la Maestría en Mediación Familiar y Comunitaria, a quienes honro y respeto, son la materialización de ese sueño que tuvo hace más de veinte años, el Rector de entonces Hans Peter Knudsen, que unió sus hilos con el de el decano Leonardo Palacios Sánchez, con los de mis compañeros Gustavo Lara, Diana Murillo, Guillermo Rincón, Nestor Castro, con los de Bruna Zani de Bolonia, Vittorio Cigoli de Milán, los míos y los de tantos otros que no alcanzo a mencionar ahora, para tejer este maravilloso tapiz. Con el propósito de formar más tejedores conscientes.

Es así como en el momento hay 21 mediadores familiares y comunitarios realizando un maravilloso trabajo en distintas zonas del país, alrededor de 862 psicólogos egresados, 52 italianos con el doble título de Psicólogos de la Universidad de Bolonia y de la Universidad del Rosario y 123 colombianos, también con el doble título.

La formación de profesionales con consciencia y deseo de servicio que trabajan con honestidad y dan todo de sí, el reconocimiento en los resultados de las pruebas saber pro y como primer lugar en SCImago Institutions Rankings, la plataforma de evaluación internacional, durante 2 años consecutivos, dan fe del hermoso tapiz que sigue tejiéndose a lo largo y ancho del país y en el exterior por todos los maravillosos tapiceros formados durante estos veinte años.

Un abrazo enorme para todos y mi eterno agradecimiento, me siento muy orgullosa de hacer parte de esta maravillosa comunidad.

María Isabel González