Durante tres días, el Claustro de la Universidad del Rosario dejó de ser únicamente un escenario académico para convertirse en un punto de encuentro entre continentes, memorias y agendas históricamente desconectadas.
“Colombia ha ignorado a África durante demasiado tiempo y ese olvido no ha sido inocente; ha sido una forma de desconocer una parte esencial de lo que somos como pueblo”.
La frase del decano (e) de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos, Fernando Carriazo, no fue solamente una reflexión de apertura. Terminó convirtiéndose en el hilo conductor del Encuentro de Diplomacia Cultural África–Colombia, realizado entre el 20 y el 22 de mayo y organizado conjuntamente por la Facultad y el Consulado Honorario de la República del Congo en Colombia.
Más que un evento diplomático, el encuentro abrió una discusión incómoda, necesaria y profundamente actual: por qué Colombia sigue mirando poco hacia África y qué pierde el país cuando desconoce un continente que hoy ocupa un lugar central en debates globales sobre transición energética, seguridad alimentaria, cooperación Sur-Sur, cambio climático y desarrollo sostenible.
Pero la conversación fue mucho más allá de la geopolítica.
África apareció también como memoria, identidad, herencia viva y futuro compartido.
“Hoy estamos abriendo un puente vivo entre África, Colombia y los territorios afrocolombianos para construir nuevas formas de cooperación, diálogo y desarrollo sostenible”, expresó Clara Inés Chaves, cónsul honoraria de la República del Congo en Colombia y profesora de África Subsahariana.
Y eso fue precisamente lo que ocurrió en el Claustro: diplomáticos europeos, investigadores, líderes territoriales, empresarios, artistas y representantes afrodescendientes discutieron no solo relaciones internacionales, sino también racismo histórico, patrimonio cultural, liderazgo comunitario y las deudas pendientes de Colombia con sus raíces africanas.
Un continente que Colombia poco miró
Uno de los consensos más claros del encuentro fue que la relación entre Colombia y África ha estado marcada por décadas de desconocimiento político, académico y cultural.
Fernando Carriazo lo resumió de manera contundente al advertir que esa ausencia no solo ha estado en la política exterior colombiana, sino también en las universidades y en la forma en que el país entiende el mundo. “Un internacionalista o un científico social que no conozca África trabaja con un mapa incompleto del mundo”, afirmó.
Esa idea atravesó buena parte de las conversaciones pues el excanciller Julio Londoño Paredes explicó cómo América Latina observó los procesos de descolonización africana desde la distancia y bajo los lentes de la Guerra Fría, lo que terminó dejando al continente africano fuera de las prioridades estratégicas de Colombia durante décadas. Para varios de los participantes, el problema no es solamente histórico. También es geopolítico.
Hoy, África ocupa un lugar central en las discusiones sobre minerales estratégicos, transición energética, seguridad alimentaria, migración, biodiversidad y cooperación internacional. Y, sin embargo, Colombia sigue llegando tarde a esa conversación.
“La relación no puede seguir siendo de donante y receptor”
El embajador del Reino de Bélica, Koenraad Lenaerts, aportó una de las reflexiones más profundas del encuentro al señalar que cualquier relación futura con África exige primero reconocer las heridas del pasado colonial europeo; enfatizó que “Para entender las relaciones actuales con África y ampliar nuestra visión hacia el futuro, tenemos que entender mejor el pasado”.
También Lenaerts habló de explotación, paternalismo y racismo como elementos estructurales de esa historia, pero insistió en que el desafío contemporáneo consiste en construir relaciones basadas en reciprocidad y no en dependencia. “La relación humana no puede seguir siendo una relación de donante y receptor. La reciprocidad en la relación es esencial”, sostuvo.
La idea de cooperación horizontal también apareció en la intervención del embajador de Italia, Giancarlo Maria Curcio, quien presentó el Plan Mattei, la nueva estrategia italiana de cooperación con África, como un modelo de asociación centrado en desarrollo sostenible, infraestructura, transición energética y movilidad humana.
Recordó además que Colombia es hoy uno de los países prioritarios para la cooperación italiana en América Latina, lo que abre posibilidades concretas de cooperación triangular con países africanos.
África también es memoria, territorio e identidad
A lo largo de las tres jornadas, Clara Inés Chaves insistió en una idea fundamental: la relación entre Colombia y África no puede reducirse a acuerdos diplomáticos o comerciales porque existe una conexión histórica y cultural mucho más profunda que atraviesa a las comunidades afrodescendientes del país.
Los saberes de las parteras, las tradiciones orales, la memoria de San Basilio de Palenque y los conocimientos ancestrales del Pacífico fueron planteados como formas vivas de construcción comunitaria y resistencia histórica.
El profesor Maguemati Wabgou, de la Universidad Nacional de Colombia, reforzó esa discusión desde la historia intelectual africana y afrodescendiente. Cuestionó la idea de que África es un continente sin historia y calificó esa visión como “una falacia epistemológica”.
Fue enfático en defender la oralidad como una forma legítima de transmisión del conocimiento indicando que la “La literatura no es solamente lo que uno escribe, sino también lo que uno habla”.
Del discurso a la estrategia
Uno de los momentos más concretos del encuentro llegó con la discusión sobre relaciones económicas y cooperación productiva entre Colombia y África. Ana Milena Cortázar, directora de Relaciones Internacionales de la ANDI, presentó una radiografía clara: el 53 % de las exportaciones no minero-energéticas colombianas hacia África se concentran únicamente en el norte del continente, especialmente en Egipto y Marruecos.
El sector ambiental también apareció como un eje clave de cooperación futura. Sandra Bessudo, directora ejecutiva de la Fundación Malpelo, explicó cómo las mingas de limpieza costera lideradas por comunidades del Pacífico colombiano tienen similitudes con experiencias africanas de conservación comunitaria.
La última jornada del encuentro propuso pensar una “diplomacia de los pueblos”, donde comunidades raizales, afrodescendientes y caribeñas participen directamente en escenarios internacionales.
Y Cleisser Johanna Cuero Villegas, del Ministerio de la Igualdad, recordó que la deuda con las comunidades afrodescendientes no es únicamente internacional, sino también interna.
Al final de las tres jornadas quedó instalada una pregunta que atravesó buena parte de las conversaciones: ¿cuándo va a decidir Colombia construir una política africana real? Por ahora, el Encuentro de Diplomacia Cultural África–Colombia dejó algo claro: la conversación ya comenzó y el Claustro de la Universidad del Rosario se convirtió en uno de los lugares desde donde esa nueva agenda empezó a tomar forma.



