El diagnóstico puede generar miedo, ansiedad e incertidumbre, y transformar la relación con el cuerpo y el entorno. La atención psicológica ayuda a afrontar estos cambios durante las diferentes etapas de la enfermedad
Recibir un diagnóstico de cáncer de mama puede desencadenar una amplia variedad de emociones; miedo, angustia, tristeza, rabia, culpa, confusión y preocupación por el futuro. Estas reacciones son esperables ante una enfermedad que puede percibirse como una amenaza para la vida y que plantea preguntas sobre el tratamiento, la recuperación y los cambios que vendrán. En oncología, el distrés, entendido como un malestar emocional intenso, es tan relevante que se conoce como el sexto signo vital.
Sin embargo, la experiencia no es igual para todas las personas. El cáncer de mama puede afectar diferentes dimensiones de la vida, desde la percepción del propio cuerpo hasta las relaciones de pareja, la sexualidad, los proyectos familiares y el desempeño de los roles sociales y laborales. Reconocer estas diferencias permite comprender por qué el cuidado no debe limitarse a los aspectos físicos de la enfermedad.
Los cambios que van más allá del diagnóstico
Los tratamientos pueden producir modificaciones en la apariencia física, como cicatrices, pérdida del cabello, cambios de peso y alteraciones en las uñas. Estos efectos pueden influir en la imagen corporal y la autoestima, y generar preocupaciones sobre la intimidad y las relaciones personales.
En algunas mujeres, el diagnóstico y los procedimientos quirúrgicos también pueden afectar la percepción de su feminidad, debido al significado cultural que se atribuye a las mamas. En los hombres, el diagnóstico puede generar sorpresa, confusión y temor, en parte porque persiste la idea equivocada de que esta enfermedad afecta exclusivamente a las mujeres.
A estos desafíos se suman otras preocupaciones que pueden aparecer durante el proceso, como el temor a una recaída, los pensamientos recurrentes sobre la enfermedad y la muerte, las dificultades para dormir y la incertidumbre frente a los resultados médicos. También pueden surgir inquietudes relacionadas con la fertilidad, el embarazo, la maternidad o la paternidad, así como dificultades de comunicación con la pareja.
Por eso, como explica Ximena Palacios, profesora del programa de Psicología, cada persona reacciona de una manera única y sus emociones deben comprenderse dentro de su propia experiencia de la enfermedad. Identificar estas necesidades es un primer paso para ofrecer un acompañamiento acorde con lo que cada paciente está viviendo.
¿Cómo ayuda el acompañamiento psicológico?
La atención psicológica hace parte del tratamiento integral de las personas con cáncer. A partir de una valoración individual, el profesional identifica las dificultades y necesidades de cada paciente para orientar el acompañamiento de acuerdo con su situación particular.
Este proceso puede ayudar a desarrollar estrategias para afrontar la enfermedad, regular las emociones y manejar la incertidumbre. También permite trabajar las pérdidas asociadas al diagnóstico, adaptarse a los efectos secundarios y las secuelas del tratamiento, y abordar los cambios en la imagen corporal y la autoestima.
Otro aspecto importante es el fortalecimiento de las redes de apoyo familiar y social. Contar con personas que escuchen, comprendan y acompañen puede contribuir a que el proceso sea más llevadero. Asimismo, la atención psicológica favorece el autocuidado durante el tratamiento y después de su finalización.
Buscar este apoyo no significa que una persona no pueda afrontar la enfermedad por sí misma. Se trata de contar con herramientas profesionales para comprender lo que siente, reconocer sus necesidades y desarrollar formas de adaptación que favorezcan su bienestar emocional.
La importancia de comprender el diagnóstico y el tratamiento
La información también desempeña un papel importante en el manejo de la incertidumbre. Aunque se utilice la expresión general cáncer de mama, existen diferentes tipos de esta enfermedad y cada caso tiene características particulares. Comprender el diagnóstico específico, la etapa en la que se encuentra y las opciones de tratamiento puede ayudar a resolver dudas y a afrontar las decisiones médicas con mayor claridad.
En este sentido, mantener una comunicación efectiva con el equipo tratante y acudir a fuentes confiables permite comprender mejor el proceso. Cuando existen antecedentes familiares o se realizan estudios genéticos, también puede ser necesario abordar las reacciones emocionales que generan los resultados o la espera de estos.
La atención psicológica puede contribuir a procesar estas preocupaciones y a desarrollar estrategias para convivir con la incertidumbre, sin perder de vista las necesidades y expectativas particulares de cada persona.
Acompañar sin imponer cómo sentirse
El cáncer de mama también representa un desafío para familiares, parejas, amigos y personas cuidadoras. Quienes acompañan pueden sentir miedo o preocupación y, en ocasiones, no saber qué decir o cómo actuar. Por eso, la orientación psicooncológica puede ser útil tanto para los pacientes como para sus redes de apoyo.
Una de las claves es evitar los juicios sobre la manera en que la persona expresa sus emociones. No todas las personas necesitan lo mismo ni afrontan el diagnóstico de igual forma. Escuchar sin juzgar, preguntar qué necesita y respetar sus decisiones son acciones que permiten ofrecer apoyo sin imponer expectativas.
También es importante brindar ayuda concreta cuando se solicita, ya sea acompañando a una cita médica, colaborando con alguna tarea cotidiana o compartiendo espacios de ocio y recreación. Estas acciones deben realizarse sin limitar la autonomía de la persona ni hacerla sentir incapaz de tomar decisiones.
La enfermedad tampoco define por completo a quien la atraviesa. Sus intereses, relaciones, responsabilidades y proyectos continúan formando parte de su vida. Por eso, además de hablar del diagnóstico y el tratamiento cuando la persona lo desee, es importante preservar espacios para compartir y realizar actividades que le resulten significativas.
Los familiares y amigos pueden ofrecer compañía y apoyo, pero no deben asumir el papel de los profesionales de la psicología ni cargar con la responsabilidad de resolver todas las dificultades emocionales.
¿Cuándo buscar atención psicológica?
El acompañamiento psicológico puede comenzar desde la sospecha de cáncer, durante los exámenes diagnósticos y en el momento de recibir los resultados. También puede ser importante al tomar decisiones sobre el tratamiento, durante los procedimientos médicos y al finalizar la atención oncológica.
Después del tratamiento, algunas personas necesitan apoyo para manejar el temor a una recaída y adaptarse a los cambios físicos, emocionales y sociales que permanecen. La atención también puede ser necesaria ante una progresión de la enfermedad o cuando la persona siente que la experiencia supera su capacidad para afrontarla y afecta negativamente su vida cotidiana.
Lo ideal es contar con acompañamiento continuo durante las diferentes etapas, de acuerdo con las necesidades de cada caso. Si no es posible, es importante reconocer los momentos en los que el malestar emocional requiere atención y solicitar orientación profesional.
Cuidar la salud emocional también hace parte del tratamiento del cáncer de mama. Reconocer las emociones, comprender la enfermedad, buscar ayuda especializada y fortalecer las redes de apoyo permite atender a la persona de manera integral, respetando sus tiempos, sus decisiones y su forma particular de vivir el proceso.