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Pedro Figueroa en un recibo del Archivo Histórico

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Un sencillo documento de archivo aclara la autoría de una obra artística del siglo XIX y añade un dato biográfico de un conocido pintor.

Taller de los Figueroa es una atribución común en la pinacoteca de la Universidad del Rosario. Desde los estudios de Gil Tovar, el retrato del rector Juan Fernández de Sotomayor se catalogaba así. Un documento del Archivo Histórico aporta un nuevo dato biográfico del artista y establece la autoría de un retrato de la pinacoteca de la Universidad del Rosario. El documento declara lo siguiente [AHUR caja 24 f. 87]:

N. 5

S[an]ta Fé de Bog[o]ta Diciembre 22,, de 1831,,

 

Recevi del S[eñ]or Rector del Colegio de S[an]to Tomas, 

Yll[ustrisi]mo S[eñ]or D[octo]r Juan Fernandez de Sotomayor treinta y 

dos p[eso]s p[o]r el retrato q[u]e hice de d[ic]ho S[eñ]or a peticion 

del Colegio, y p[ar]a q[u]e conste doy el precente y 

firmo 

Pedro Jose Figueroa

Son 32 p[eso]s

Fotografía histórica

Recibo firmado por Pedro José Figueroa, 22-12-1831. AHUR caja 24 f. 87.

Al pintor Pedro José Figueroa lo conocíamos de una peregrina diligencia judicial. En 1817 (es decir, en plena guerra de Independencia), se presentó al despacho donde se averiguaba quién le había cambiado el color de la beca a un retrato del Dr. Cristóbal de Araque, existente en el Colegio de San Bartolomé. Figueroa admitió que efectivamente hizo la copia del Araque original del Rosario, con la beca tomista (la blanca, rosarista) y la de San Bartolomé encima de la mesa1.

Figueroa, el artista.

Antes de conocerse este recibo, el retrato de Juan Fernández de Sotomayor estaba atribuido al taller de los Figueroas, es decir, un grupo de artistas de principios del siglo XIX, principalmente Pedro José y sus hijos. En la pinacoteca del Rosario están representados José Celestino, con los retratos de Andrés Rosillo y Meruelo y de Ignacio de Herrera y Vergara; José Miguel con el arzobispo Antonio Herrán y Pedro ya estaba con el de Andrés Marcelino Pérez de Valencia o Pérez de Arroyo. En este último, la atribución depende del texto de la cartela: “Clarissimi istius viri Petrus Figueroa expressit imaginem. Bogotæ anno 1822 [Pedro Figueroa retrató a este ilustre señor. Bogotá, 1827]”.

Por la citada declaración judicial, sabemos que Figueroa tenía 39 años en 1817. Pudo ser alumno de Pablo Antonio García del Campo (autor del retrato de Mutis) y se le conoce principalmente por los retratos de Bolívar. Fue maestro de tres de sus hijos: José Miguel (1809-74), Pedro José Celestino (1811-70) y José María de los Santos (1815-81).

Aparte del tema histórico, Figueroa trabajó el tema religioso y retratos de eclesiásticos: retrato del canónigo José Domingo Duquesne (1813), arzobispos Fernando Caicedo y Flórez, Juan Bautista Sacristán y fray Fernando del Portillo y Torres; dos versiones de la Virgen de la Peña y una Santísima Trinidad. Por la época en que declaró su autoría de la copia de Araque, inicia la serie de retratos civiles compuesta de Pablo Morillo, Fernando VII, Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander y La muerte de Sucre, última obra conocida del artista, que murió en 1836.

Pintor-restaurador.

Otro recibo nos presenta a Figueroa en su faceta de restaurador de obras de caballete:

N. 4

S[an]ta Fé de Bog[o]ta Octubre 24,, de 1831,,

Recevi del Yll[ustrisi]mo S[eñ]or Obispo D[octo]r Juan Fernandez 

de Sotomayor como Rector del Colegio de S[an]to Tomas

seis p[eso]s p[o]r la compicision del retrato del Yll[ustrisi]mo S[eñ]or 

obispo de Quito D[octo]r Rafael Lazo de la Bega p[ar]a d[ic]ho 

Colegio, y p[ar]a q[u]e conste doy el precente y firmo 

Pedro Jose Figueroa

Son 6 p[eso]s

“Composición” es el término de la época para la intervención de una obra existente, la del obispo Rafael Lasso de la Vega2. El dato es interesante para la datación del retrato, aunque no dé pistas de la autoría.

Fotografía históricaRecibo firmado por Pedro José Figueroa, 22-12-1831. AHUR caja 24 f. 86.

Otros retratos del rector Fernández.

El documento citado nos sirve para establecer autor y fecha: Pedro José Figueroa y 1831. El Dr. Fernández ocupaba la rectoría del Rosario desde el veintiséis de enero de 1823 y estaba a punto de abandonarla, el catorce de mayo de 1832, precisamente exaltado al obispado de Cartagena. En dicha ciudad existe un retrato del personaje, mencionado a propósito de una exposición conmemorativa de los mártires de La Heroica3. Puede ser la misma obra que se presenta en el perfil de Facebook del Santuario Cristo de la Expiración. Según el uso de la época, no es descabellado pensar que el propio Figueroa hizo la copia.

Ñapa. Tomistas y bartolos.

Los estudiantes del Rosario, tomistas, se diferenciaron de sus colegas de San Bartolomé, bartolos, toda la Colonia. No obstante esa identidad, llama la atención que en tiempos republicanos se llame al claustro del Dr. Fernández Colegio de Santo Tomás (uso también documentado en tiempos coloniales).

Como la cuestión es interesante, bien vale una generosa cita:

«Tomistas» eran tanto los filósofos, teólogos, canonistas y escolares de la Tomística como los estudiantes del Colegio Mayor del Rosario, cuyos exámenes de «estudios generales» debían ceñirse a los textos propios de la Universidad. Unos y otros «tomistas» tenían oportunidades frecuentes (públicas conclusiones, ceremonias religiosas, salidas de descanso) de encontrarse con «bartolos». Era fácil pasar de las armas dialécticas a las indirectas, y de ahí a los insultos y a los pescozones. Estos eran especialmente obligados en los días de paseo: «y hubo de establecerse —escribe el historiador Groot— que los bartolos saliesen a su paseo los domingos y los tomistas los jueves para evitar choques en la calle, como acontecía cuando se usaba que saliesen unos y otros el domingo». Por supuesto que la mayoría de «tomistas» camorreros eran del Colegio del Rosario.

Las familias eran «tomistas» o «bartolas»; los profesores, «tomistas» o «bartolos»; los canónigos, «tomistas» o «bartolos»; los abogados, «tomistas» o «bartolos». «He aquí —añade Groot— la única división de partidos que se conocía entonces en Santafé, la de bartolos y tomistas. El partido «bartolo» resultó duramente golpeado por los tomistas cuando, idos los jesuitas, la enseñanza del Colegio San Bartolomé fue encargada a profesores de la Tomística y del Rosario. Observa Groot: «Pues bien: desbaratado el fuerte de los bartolos con la bomba que sobre sus jefes disparó desde España el Conde de Aranda, los tomistas se entraron por la brecha y clavaron bandera sobre los muros de San Bartolomé; y, como quien da una prueba de adhesión al Soberano, se presentaron ofreciendo sus servicios para que se les enviase a sojuzgar a sus rivales4 .

 


 

1 El contenido del documento se menciona en un artículo de María Clara Guillén, “Memoria de un tesoro. Manuscritos en el archivo histórico”. En Villegas, B. (dir. y ed.) (2003). Tesoros del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. 350 años. Bogotá: Villegas Editores. También en Guillén, M. (2003). Rectores y rectorías del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, 1653-2003. Bogotá: Universidad del Rosario.

2 Sobre el personaje, Rafael Lasso de la Vega, entre la monarquía y la república. Blog del Archivo Histórico de la Universidad del Rosario. Existe otro retrato del obispo en la colección de la Catedral de Bogotá. Moreno, C., Gil, M. (eds.) (2024). Catedral de Bogotá. Teología, historia y arte. Bogotá: Fundación Universitaria Monserrate.

3 Saldanha, E. de (1916). En la exposición (El salón de Antigüedades Históricas). Boletín Historial, 1(11), 414-18.

4 Barrado, J. (ed.). (1995). Los Dominicos y el Nuevo Mundo, siglos XVIII-XIX. Actas del IV Congreso Internacional, Santafé de Bogotá, 6-10 septiembre 1993. Salamanca: San Esteban.