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Divulgación Científica - URosario

Cultura y Sociedad

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Lideresas indígenas alzan su voz contra la violencia

El maltrato es un común denominador en la vida de miles de colombianas. Las mujeres indígenas no son ajenas a ello, pero su valerosa lucha y resiliencia ante la violencia sufrida se ha volcado en la manera de construir, cuidar su territorio y velar por sus conocimientos tradicionales.

  Fotos: Rafael Serrano / Leonardo Parra
Por: Inés Elvira Ospina
 

Creo que las mujeres huitoto obtenemos nuestra fortaleza de los mayores. Mi madre es muy religiosa y tradicional a la vez. En los tiempos más difíciles, como cuan-do mataron a mi padre, ella siempre estuvo calmada. Con su ejemplo de oración, encantamientos y fe, lo único que puedes hacer es seguir adelante”, Nazareth Cabrera, sobreviviente de la violencia de la guerrilla en Araracuara, en donde se quedó a construir paz como profesora desde hace más de 20 años.

A sus escasos 13 años, Leopoldina dejó los estudios para viajar a Cali a emplearse en una casa de familia. Estando allí conoció de cerca los abusos y la explotación laboral, hechos que la obligaron a regresar a su comunidad, asentada en El Charco, Nariño, un municipio asediado por la violencia. Su vida siguió allí marcada por el maltrato, pero esas circunstancias adversas no la amilanaron, por el contrario, la llevaron a trabajar de la mano de organizaciones locales e internacionales, como Naciones Unidas, en movimientos sociales que velan por la garantía de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres emperara, su etnia, y denunciar los atropellos de los que son víctimas por el conflicto armado.

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Leopoldina y Nazareth son apenas dos testimonios de los centenares de mujeres indígenas cuya fortaleza, resistencia y resilencia han dejado huella en su paso por los diplomados interculturales, organizados y convocados por la Escuela Interultural de Diplomacia Indígena (EIDI) de la Universidad del Rosario. Se trata de espacios de formación de lideresas indígenas, quienes no requieren títulos académicos para obtener capacitación jurídica, económica, política e internacional a través de jornadas de trabajo, con asignaturas especializadas, concertadas con ellas con anterioridad para brindarles ma-yores herramientas técnicas y conceptuales.

El trabajo de la EIDI se remonta diez años atrás, pero en los últimos tres se ha enfocado especialmente en capacitar y escuchar a las mujeres indígenas para entender y documentar sus experiencias y evidenciar cómo han contribuido a la construcción de paz de sus comunidades. .


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Cinco diplomados interculturales se han realizado en el Amazonas y siete en la Sierra Nevada con las mujeres indígenas que habitan estas zonas.

 

“Queremos entender y visibilizar el papel que juegan hoy en día esas historias en la sociedad. Mostrar cómo han resistido, lidiado con esos dolores y transformado todo eso en vida”, afirma Ángela Santamaría, directora de la EIDI.

“Con el apoyo de la universidad, de las di-ferentes organizaciones indígenas y con convenios como el de la agencia alemana GTZ, Oxfam, Opiac, CIT, vamos a las diferentes regiones con un grupo de profesores. Es una semana con jornadas de trabajo extensas, en las que invitamos a integrarse a los mayores de las comunidades para que aporten con sus saberes”, explica Santamaría.
Para Bastien Bosa, docente de la Escuela de Ciencias Humanas y de algunos de los diplomados interculturales, el reto del equipo está en mostrar una nueva forma de enseñanza, pues la educación en general, y en particular la educación superior, tiene el gran desafío de incorporar la dimensión multicultural.

 

La escuela intercultural de diplomacia indígena se ha enfocado especialmente en capacitar y escuchar a las mujeres indígenas para entender sus experiencias y evidenciar cómo han contribuido a la construcción de paz de sus comunidades.

 


Aprendizaje en doble vía 

‘El baño del recuerdo’ es uno de los tantos espacios que se han trabajado dentro de los diplomados. Se trata de un taller que busca construir la memoria colectiva y generar un diálogo en doble vía para aprender y reflexionar.

Fue estando allí que María Benítez, profesora de la Escuela de Liderazgo de Mujeres Amazonas y vocera de su comunidad ticuna y jagua, se animó a contar cómo, tras la muerte de sus padres, fue dejada en un internado de religiosas católicas y tras escapar encontró en sus abuelas su lugar. Sin embargo, también conoció el maltrato de la mano de su segundo esposo, que pensaba que las mujeres solo servían para el hogar o los cultivos.

Es así que en estos espacios no solo se cuentan historias, también se aprende de ellas, se generan cuestionamientos que contribuyen a la construcción de una mejor sociedad. “Quienes participan ven un espacio de confianza en el que pueden formarse, con la mejor calidad y en un diálogo de saberes, sin que haya una imposición. Se trata de un aprendizaje colectivo”, concluye Dunen Muelas, estudiante de décimo semestre de Derecho en el Rosario e hija menor de Luz Helena Izquierdo, una de las primeras mujeres arhuacas bachilleres del país. 

Es así que en estos espacios no solo se cuentan historias, también se aprende de ellas, se generan cuestionamientos que contribuyen a la construcción de una mejor sociedad. “Quienes participan ven un espacio de confianza en el que pueden formarse, con la mejor calidad y en un diálogo de saberes, sin que haya una imposición. Se trata de un aprendizaje colectivo”, concluye Dunen Muelas, estudiante de décimo semestre de Derecho en el Rosario e hija menor de Luz Helena Izquierdo, una de las primeras mujeres arhuacas bachilleres del país. 


“Cuando un indígena quiere estudiar una carrera debe hacerlo como cualquier otro estudiante y adaptarse a los lineamientos tradicionales de las mismas. Las universidades no han tomado en serio la idea de multiculturalismo, de crear programas y cambiar modelos”, afirma.

Es así como, ante las necesidades de los pueblos indígenas y el interés investigativo y participativo de la universidad en los currículos, los proyectos de investigación y cualquier acción o programa son construidos colectivamente con las organizaciones indígenas. A partir de este proceso hemos salido, literalmente, del claustro de la Universidad del Rosario, llevando a los docentes hasta las comunidades para crear nuevos espacios de construcción colectiva del conocimiento en los territorios indígenas”, concluye la directora.

 
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“Queremos entender y visibilizar el papel que juegan hoy en día esas historias en la sociedad. Mostrar cómo han resistido, lidiado con esos dolores y transformado todo eso en vida”, afirma Ángela Santamaría, directora de la Escuela Intercultural de Diplomacia Indígena
(EIDI).

 

Ya son más de 2.500 estudiantes graduadas de los diplomados interculturales. Cinco de dichos diplomados se han realizado en el Amazonas y siete en la Sierra Nevada, con las mujeres indígenas que habitan estas hermosas zonas.