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17 de septiembre 2019

Amor y apego ¿Cómo influyen las experiencias de apego en las relaciones interpersonales?

Amor y apego  ¿Cómo influyen las experiencias de apego en las relaciones interpersonales?
¿Alguna vez has pensado que se te dificulta establecer relaciones de amistad o de noviazgo? ¿Has sentido que estás involucrado en relaciones tóxicas o superficiales? ¿Es usual que estés enfrascado en discusiones familiares y no encuentres la solución? Las relaciones interpersonales satisfactorias implican un trabajo constante de las partes involucradas, pues implican procesos de comunicación y gestión emocional, que en algunas ocasiones no sabemos manejar, más aún cuando nos apegamos a personas, cosas o situaciones que nos causan sufrimiento, y cuando hemos partido de experiencias de aprendizaje que puede predisponernos al establecer relaciones con otras personas. En este artículo, encontrarás algunas visiones que pueden ayudarte a comprender la forma en la que construimos vínculos con los otros y cómo estos pueden convertirse en relaciones sanas y significativas.
 
Para empezar, es importante conocer sobre las teorías que hablan del apego y de las relaciones interpersonales. Desde la psicología, uno de los principales aportes ha sido el del psicoanalista, John Bowlby (1969,1979,1980), quien propuso en su “teoría del apego” que los seres humanos estamos motivados a establecer vínculos afectivos desde que nacemos, pues eso nos garantiza una mejor disposición para pedir, dar y recibir apoyo de otros cuando existen momentos de necesidad. Esta postura ha sido estudiada en la actualidad, no sólo desde el conocimiento sobre las relaciones que se forman durante nuestros primeros años de vida, sino desde su aplicación a las relaciones de pareja en la adolescencia y la adultez (Guzmán, Santalices y Trabucco, 2015).
 
Autores como Mikulincer y Shaver (2003) agregan que, durante nuestra infancia, es determinante tener una figura de apego que se muestre atenta a nuestras necesidades, pues cuando esta es adecuada, es bastante probable que se desarrolle una imagen de nosotros mismos como individuos dignos de cariño y atención a lo largo de nuestra vida (Bretherton, 1992). No obstante, otros autores refieren que el individuo experimenta cambios importantes durante la adolescencia y juventud, que le ayudan a consolidar una personalidad más estructurada que facilite la integración de mejores herramientas para relacionarse con otras personas (Becerril y Álvarez, 2012).
 
Precisamente, un estudio en el que participaron 1.435 adolescentes bogotanos entre los 15 y 20 años, demostró que las principales figuras de apego (mamá, papá, pares) cambian su jerarquía durante esta etapa, haciendo que nos alejemos de las figuras parentales para tener un mayor grado de autonomía. Sin embargo, es importante que se desarrollen las bases de un apego adecuado desde los padres, para establecer relaciones sanas con los personas de nuestro entorno (Penagos, Rodríguez, Carrillo y Castro, 2005).
 
Esta investigación muestra, también, la importancia del apego en el autoconcepto, este se refiere a la percepción que tenemos de nosotros mismos a nivel físico, social y espiritual,  la cual construimos a partir de las relaciones con los demás a lo largo de nuestra vida (Shavelson, Hubner y Stanton, 1976; García y Musitu, 1999). Durante la adolescencia, el autoconcepto es muy importante para consolidar nuestra identidad y establecer relaciones románticas en las que exista intimidad y sexualidad. (Penagos, Rodríguez, Carrillo y Castro, 2005).
 
La formación de los vínculos de apego que surgen en la infancia también están relacionadas con conductas sexuales de riesgo en la adolescencia. Los resultados de algunos estudios demuestran que tendemos a exponernos más a una conducta sexual riesgosa, cuando contamos con un menor soporte afectivo de las personas significativas con las que hemos formado vínculos de apego (figuras parentales). Así mismo, luego de haber tenido una experiencia sexual de riesgo y poco soporte afectivo, las dificultades de regulación emocional y la evitación se presentan con mayor frecuencia en los hombres, mientras que en las mujeres se presenta desregulación emocional e inseguridad del apego con la madre (Gómez-Zapiain, Ortiz y Eceiza, 2016).
 
En la adultez, se han descrito dos dimensiones importantes desde la teoría del apego. En primer lugar, la dimensión de la ansiedad, que hace referencia al grado de seguridad que experimentamos frente al posible abandono o rechazo; en segundo lugar, la dimensión de evitación, que se relaciona con la comodidad que sentimos ante la cercanía y la dependencia de los demás. Teniendo en cuenta estas dimensiones, se establecen los estilos de apego, que son patrones de expectativas que aportan a las estrategias que tenemos para la regulación emocional y para emitir conducta social (Bartholomew y Horowitz, 1991; Feeney y Noller, 2001; Brennan, Clark y Shaver, 1998).
 
Cuando se presenta baja ansiedad y baja evitación se genera un estilo de apego seguro en la relación, debido a que las personas con estas características perciben que merecen el cuidado del otro y no sienten miedo de relacionarse. Por el contrario, las personas con estilo de apego ansioso son muy sensibles al rechazo o al abandono y a sentir ira excesiva ante una situación problemática; mientras que las personas con estilos de apego evitativo, sienten desconfianza de las intenciones de los demás, por lo que tienden a darle poco valor a sus relaciones, a negar sus deseos de intimidad y a evitar la búsqueda de apoyo (Bartholomew y Horowitz, 1991; Feeney y Noller, 2001; Brennan, Clark y Shaver, 1998).
 
A partir de la reflexión de las distintas posiciones teóricas, cabe destacar que los patrones de apego instaurados a lo largo de nuestra vida, pueden llegar a influir la forma en la que establecemos nuestras relaciones interpersonales en el presente. En ese sentido, es posible pensar que muchas de las dificultades que podemos tener al relacionarnos pueden estar asociadas con estilos de apego ansioso o evitativo, por lo cual es importante identificar cuál es el estilo que prevalece y empezar a manejarlo para construir relaciones de apego seguro en el futuro.
 
Algunos aspectos sobre los cuales es importante empezar a trabajar para fortalecer un apego seguro, pueden ser favorecer el autoconocimiento y una alta autoestima con el propósito de ser más conscientes de quiénes somos y aprender a valorar cada aspecto de nosotros mismos. Además, realizar actividades que fomenten tu autonomía e independencia, llevan a hacerte sentir capaz de liderar tu vida y de marcar límites oportunamente a otro. En cuanto al estilo de apego evitativo, es importante identificar aquellas emociones que nos asustan para lograr afrontarlas y darle un manejo adecuado por medio del diálogo, lo que incidirá positivamente en la construcción de vínculos.
 
En ambos casos, un entrenamiento emocional dirigido a la identificación, facilitación, comprensión y regulación de las emociones, serán de gran ayuda. En caso de que sientas que necesitas apoyo, no dudes en contactar a algún experto. Debes tener en cuenta que más allá de las teorías, siempre puedes modificar tu realidad y mejorar tu forma de relacionarte contigo mismo y con otros.

Referencias
 
Bartholomew, K., & Horowitz, L. (1991). Attachment style among young adults: a test of four-category model. Journal of Personality and Social Psychology, 61, 226-244.
Becerril, E y Álvarez, L. (2012). La teoría del apego en las diferentes etapas de la vida. Tesis de grado. Escuela Universitaria de Enfermería. Universidad de Cantabria. Recuperado de repositorio.unican.es
Bowlby, J. (1969). El vínculo afectivo. Buenos Aires, Argentina: Paidós.
Bowlby, J. (1979). Vínculos afectivos: formación, desarrollo y pérdida. Madrid, España: Morata.
Bowlby, J. (1980). La pérdida afectiva. Buenos Aires, Argentina: Paidós.
Brennan, K. A., Clark, C. L., y Shaver, P. R. (1998). Self-report measurement of adult attachment: An integrative overview. En J. A. Simpson y W. S. Rholes (Eds.), Attachment Theory and close relationships (pp. 46-76). New York: Guilford Press.
Bretherton, I. (1992). The origins of attachment theory: Jhon Bowlby and Mary Ainsworth. Developmental Psychology, 28, 759-775.
Feeney, J., y Noller, P. (2001). Apego adulto. Bilbao: Desclée de Brouwer.
García, F. y Musitu, G. (1999). AF5: Autoconcepto Forma 5. Madrid: TEA.
Gómez-Zapiain, J., Barón, M. J. O., & Camarero, A. E. (2016). Disposición al riesgo en la actividad sexual de adolescentes: El rol de los modelos internos de apego, de las relaciones de apego con padres e iguales y de las dificultades de regulación emocional. Anales de Psicología/Annals of Psychology, 32(3), 899-906.
Guzmán, M., Santelices, M. P., & Trabucco, C. (2015). Apego y Perdón en el Contexto de las Relaciones de Pareja. Terapia psicológica, 33(1), 35-45.


 

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